Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor - Capítulo 1
- Inicio
- Todas las novelas
- Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor
- Capítulo 1 - 1 Vidrios en la piel
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
1: Vidrios en la piel.
1: Vidrios en la piel.
Aquel día la cocina olía a detergente, a platos acumulados y aun silencio lleno de dolor y rabia contenida.
Él—Chris—había sido el hombre más dulce que conocí.
Siempre atento, siempre el primero en hacerme reír, lo consideraba el amor de mi vida.
Pero el trabajo empezó a consumirlo… y conmigo se fue su calma.
Al principio eran solo silencios largos, pequeñas discusiones.
Después, gritos.
Y luego, golpes contenidos que amenazan con alcanzar mi rostro.
Esa tarde, me olvidé de sacar la basura.
Un error mínimo.
Suficiente para que explotara.
—¡¿Cuántas veces te lo tengo que decir?!
—gritó, su voz retumbando en la cocina.
Lo vi acercarse y sentí el aire volverse pesado.
Su mano me apretó el brazo con tanta fuerza que el dolor me arrancó un gemido; sentí la piel arder bajo sus dedos.
Me miró con los ojos desbordados de furia… o tal vez de algo peor: miedo.
Me solté de su agarre, el corazón golpeando en el pecho.
—Ya basta.
No lo soporto más.
— las palabras salieron; era la primera vez que me llenaba de valentía —¿Y tú crees que yo quiero ser así?!
—su voz era una mezcla de rabia y desesperación.
—¿Y crees que yo debería seguir soportándolo?
Fui a la habitación.
Saqué una maleta vacía.
Empecé a meter ropa sin mirar atrás.
Chris se paró frente a la puerta, respirando agitado.
—No.
No puedes irte.
¡Esta es tu casa!
—dijo, temblando—.
Yo… yo no soy nada sin ti, María.
¿Quién te va a cuidar como yo?
Nadie te ama como yo.
De repente, aquel hombre que solo me causaba dolor y miedo parecía preocupado por perderme.
¿Irónico?
Sí.
¿Tardío?
También.
Me tomó de la muñeca, pero esta vez con suavidad.
No era fuerza: era miedo.
—Por favor… no me dejes.
Prometo cambiar.
Solo dame otra oportunidad.
Yo no soy malo… solo me perdí un poco… —¿Te perdiste un poco?
—le mostré los moretones que me había dejado—.
¿Y preguntas quién me cuidará?
Tú eras quien prometió cuidarme… y mira en lo que te has convertido.
El silencio se estiró entre nosotros.
Su mirada cayó sobre mis heridas.
Por primera vez, vi algo parecido a culpa.
—Lo siento, María —murmuró—.
Me perdí en el estrés, en los problemas.
Me sentí desquiciado, sin saber qué hacer.
Y te usé… para desahogarme.
Te lastimé.
A ti, la persona que más quiero.
—Quiero el divorcio.
—aquella palabra salió tan fría y dolorosa, pero entre el caos del miedo una parte de mi seguía amándolo.
Solo que ese hombre del que me enamore ahora me daba miedo.
Sus ojos se abrieron, como si hubiera pronunciado una sentencia.
—No… no, por favor.
Eso no.
No lo digas, María.
Por favor, no.
Se sentó en la cama, con la cara entre las manos.
Su cuerpo temblaba.
En la oscuridad, parecía más pequeño.
—Te amo… —susurró apenas.
Lo miré.
Una parte de mí todavía quería creerle.
Pero el miedo ya era más grande que el amor.
—Es muy tarde —le dije—.
Aguanté todo, esperando que cambiaras.
Pero ya no puedo.
Solo verte me da miedo.
Él lloró, sin ruido.
Y por un instante, sentí lástima.
Pero no amor.
No más.
—Por favor… no te vayas.
Te necesito… —sus palabras flotaron entre nosotros, rotas.
Di un paso atrás.
Y entonces supe que, aunque su voz temblara, no era por mí.
Era por el vacío que iba a dejarle.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com