Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor - Capítulo 14
- Inicio
- Todas las novelas
- Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor
- Capítulo 14 - 14 Lo que no viste
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
14: Lo que no viste.
14: Lo que no viste.
(Chris) Nadie te avisa cuando empiezas a desaparecer.
No hay una fecha exacta, ni un momento claro.
Solo un día te das cuenta de que ya no te llaman, que dejaste de importar, que el mundo sigue funcionando sin preguntarte si estás bien.
Lucas sí preguntaba.
O eso parecía.
—Solo tómate una —me dijo la primera vez—.
No para olvidar… para dormir.
Yo no bebía así.
Nunca lo había hecho.
Pero esa noche no podía cerrar los ojos sin verla.
Sin imaginarla sonriendo en una vida donde yo ya no existía.
—Te lo mereces —añadió—.
Después de todo lo que hiciste… cargar con esto solo sería injusto.
No supe en qué momento confundí castigo con descanso.
Las semanas pasaron así.
Lucas aparecía cuando el silencio se volvía insoportable.
Siempre con una botella.
Siempre con palabras que parecían cuidado.
—Ella está mejor —me decía—.
Mucho mejor.
—¿Con quién?
—preguntaba yo, sin querer saber la respuesta.
—Con ella misma —sonreía—.
Eso es lo importante.
Mentía sin mentir del todo.
Y eso era lo más peligroso.
Cada vez que intentaba levantarme, él me recordaba lo que había sido.
—Chris, no puedes volver así —decía—.
¿Te imaginas lo que sentiría si te viera ahora?
—Entonces dime qué hacer.
—Déjala en paz.
Lo decía como consejo.
Como amigo.
Como hermano.
Empecé a beber más.
No porque quisiera.
Porque no había nada más que hacer con el tiempo.
—Es normal —me aseguró una noche—.
Estás de duelo.
—Estoy perdiéndola.
—Ya la perdiste —respondió, sin crueldad—.
Solo te cuesta aceptarlo.
Yo quería discutir.
Pero estaba cansado.
Y borracho.
Perdí el trabajo poco después.
No por incompetente.
Por ausencias.
Por errores.
Por llegar tarde.
Lucas fue el único que apareció ese día.
—Tal vez esto sea lo mejor —dijo—.
Necesitas tocar fondo para no volver a ser quien fuiste.
Yo asentí.
Porque ya no tenía fuerzas para pensar.
Fue mi madre quien lo notó primero.
No el alcohol.
No el desempleo.
Sino la manera en que hablaba de mí mismo.
—No te reconozco —me dijo una tarde, sentándose frente a mí—.
Hablas como si ya te hubieras rendido.
—Quizá debería —respondí—.
Le hice daño a María.
—Eso no te convierte en basura —dijo firme—.
Te convierte en alguien que necesita hacerse responsable.
Lucas estaba ahí.
Callado.
Observando.
—Con respeto, señora —intervino—, creo que Chris necesita espacio.
No presión.
Mi madre lo miró como se mira a alguien que no termina de convencerte.
—¿Y tú quién eres?
—Un amigo —respondió—.
Alguien que estuvo cuando nadie más estuvo.
—¿Y desde cuándo ayudar es empujar a alguien a beber?
—preguntó ella.
El silencio cayó pesado.
—No lo empujé —dijo Lucas—.
Él decidió.
—Los hombres rotos no deciden —replicó—.
Se dejan caer.
Me miró entonces.
—Hijo, mírame —dijo—.
Tú no eras así.
No lloré.
No supe cómo.
Esa noche, cuando Lucas se fue, mi madre se quedó.
—María no te necesita destruido —me dijo—.
Te necesita responsable.
Incluso si nunca vuelve.
Fue la primera vez en meses que alguien no me habló desde la culpa.
Lucas dejó de aparecer tan seguido después de eso.
Pero cada vez que lo hacía, algo había cambiado.
Ya no me hablaba como hermano.
Me hablaba como juez.
Y por primera vez, entendí algo que me heló la sangre: Lucas no quería que yo mejorara.
Quería que desapareciera.
Volví a buscar a maría, necesitaba hablar con ella.
El divorcio un tema que lucas había mencionado hace meses me llevo a una oscuridad, pero al mismo tiempo me dio la fuerza de querer volver a luchar por ella.
Llame a su celular y me contesto otra persona.
Había dejado ese número atrás, decidí ir a buscarla, pero me encontré con lucas y me invito a pasar a su casa.
—Chris, mira… María ya no está aquí.
Me quedé quieto en la entrada.
La casa olía distinta.
Vacía.
Limpia.
Ajena.
—¿Dónde está?
—pregunté.
Lucas cerró la puerta detrás de mí con calma excesiva.
—Vive sola ahora.
Sentí un golpe seco en el pecho.
—¿Sola?
—Sí —respondió—.
Fue decisión de ella.
Y recomendación de la psicóloga.
Necesitaba espacio… paz.
—Dime dónde —di un paso hacia él—.
Solo quiero hablar.
Lucas negó lentamente.
—No voy a decirte dónde vive.
—No tienes derecho… —Lo tengo —me interrumpió—.
Porque ella está mejor sin ti.
Porque no quiere verte.
Porque cada vez que tu nombre aparece, su ansiedad vuelve.
Apreté los puños.
—Eso no lo decides tú.
—No —admitió—.
Lo decidió ella.
Silencio.
—Y hay algo más —añadió, como quien suelta una bomba con cuidado—.
María odia saber que sigue casada contigo.
El mundo se inclinó.
—¿Qué?
—Va a empezar los trámites de divorcio —dijo—.
No quiere seguir atada legalmente a alguien que la destruyó.
—Eso no lo dijo ella —escupí—.
Estás mintiendo.
Lucas me miró con una mezcla de lástima y superioridad.
—¿De verdad crees que una mujer que apenas empieza a respirar quiere seguir unida a su monstruo?
La palabra me atravesó.
—Cierra la boca.
—Mírate, Chris —continuó—.
Sin trabajo.
Bebiendo.
Perdiéndote.
¿Qué crees que ella vería si te tuviera enfrente?
Di otro paso.
Estábamos demasiado cerca.
—Eres un manipulador.
Lucas no retrocedió.
—Y tú eres una decepción —respondió—.
Para ella.
Para mí.
Para ti mismo.
—Eras mi amigo.
—Lo fui —dijo—.
Hasta que entendí que había que protegerla de ti.
—¿Protección es aislarla?
¿Llenarla de mentiras?
Lucas bajó la voz.
—Protección es no dejar que vuelvas a romperla.
Nos quedamos frente a frente.
Dos hombres midiendo cuánto daño podían hacerse solo con palabras.
—Si intentas buscarla —añadió—, si vuelves a aparecer… voy a contarle todo.
Cada grito.
Cada miedo.
Cada noche que ella aún no recuerda.
Mi voz salió rota.
—Te odio.
Lucas no se inmutó.
—Eso está bien —respondió—.
Mientras ella esté a salvo.
Salí de ahí sin mirar atrás.
Y por primera vez entendí algo que me heló la sangre: No solo había perdido a María.
Había dejado que otro hombre decidiera cómo perderla.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com