Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor - Capítulo 18

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor
  4. Capítulo 18 - 18 Lo que vuelve sin permiso
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

18: Lo que vuelve sin permiso 18: Lo que vuelve sin permiso El sábado llegó sin avisar.

Como si el tiempo hubiera decidido avanzar sin preguntarme si estaba lista.

Me miré al espejo más de lo necesario.

No buscaba verme bien.

Buscaba reconocerme.

Elegí ropa simple.

Nada que llamara la atención.

Nada que pareciera una versión de mí que no estaba segura de poder sostener durante toda una tarde.

Iba a verla.

A Carla.

Aunque era la madre de Chris, siempre me trató como a una hija desde que mis padres murieron.

Mis abuelos seguían vivos, pero nunca fueron un hogar.

Con ellos aprendí que sentirse sola podía volverse costumbre.

Pensar en eso me apretó el pecho de una forma extraña.

No era miedo.

Era vergüenza.

Esa sensación incómoda de no saber si aún tienes derecho a aparecer en la vida de alguien.

Mientras me arreglaba, el teléfono vibró sobre la mesa.

Lucas.

No lo tomé de inmediato.

Había pasado la semana evitando responder como antes.

No por castigo.

Sino porque necesitaba silencio.

Y el silencio, descubrí, también puede doler.

Le había dicho que necesitaba espacio.

Que no quería que me buscara todos los días.

Que no estaba bien.

No fue una conversación larga.

Fue un límite.

Desde entonces, los mensajes cambiaron.

Más largos.

Más cargados.

Más llenos de frases que parecían cuidado… pero pesaban como reproche.

Guardé el teléfono en el bolso sin responder.

No hoy.

Mientras cerraba la puerta, algo se movió dentro de mí.

Una imagen.

O un recuerdo.

O un sueño que todavía no se iba.

Manos entrelazadas.

Una risa cerca del oído.

El olor a café.

Una voz diciendo mi nombre como si fuera hogar.

Parpadeé fuerte.

No sabía si eso había pasado.

No sabía si lo estaba inventando.

Pero el cuerpo lo recordaba.

La noche anterior había soñado fragmentos así.

No escenas completas.

Sensaciones.

El frío de una discusión sin palabras.

El peso de un silencio demasiado largo.

Un “no te vayas” que no sabía si había dicho… o escuchado.

Desperté con el corazón acelerado y una certeza incómoda: algo estaba intentando volver.

La casa de Carla tenía el mismo olor de siempre.

Comida casera y tiempo detenido.

Dudé antes de tocar el timbre.

Una duda pequeña.

Como si aún no estuviera segura de si me recibirían.

La puerta se abrió casi de inmediato.

—María… hija.

No hubo sorpresa en su voz.

Solo alivio.

Carla me miró como se mira a alguien que llevas esperando sin saber si vendrá.

Me tomó las manos.

Después el rostro.

Como si necesitara asegurarse de que yo era real.

—Has cambiado, mi niña —dijo en voz baja.

No sonó a reproche.

Sonó a preocupación.

—Yo… —empecé, pero no terminé la frase.

No hizo falta.

Me abrazó.

Un abrazo distinto a todos los demás.

Sin preguntas.

Sin urgencia.

Sin miedo a romperme.

Sentí algo aflojarse por dentro.

—No tienes que explicarme nada hoy —dijo—.

Solo quería verte.

Y por primera vez en mucho tiempo, no sentí que debía defender a nadie.

Ni justificar.

Ni elegir un bando.

Solo estar.

Más tarde, mientras tomábamos té, me observó en silencio.

—¿Duermes bien?

—preguntó de pronto.

Negué.

—Hay cosas que no recuerdo… pero aparecen igual —admití—.

Como si no supieran que ya no tienen permiso.

Carla asintió despacio.

—La memoria es terca —dijo—.

Y el cuerpo aún más.

Miré mi taza vacía.

—Siento que mi mente y mi corazón juegan conmigo —confesé—.

Como si uno supiera algo que el otro no se atreve a decir.

Carla tomó mi mano.

—No puedo sentir lo que tú sientes —dijo—, pero te conozco.

Recuerdo cómo te guardaste el dolor cuando perdiste a tus padres.

No llorabas delante de nadie.

Sonreías.

Seguías.

Siempre fuiste buena para aguantar en silencio.

Tragué saliva.

—¿En qué momento me perdí?

—pregunté—.

¿Cuándo dejé de ser yo?

Carla no respondió de inmediato.

—María —dijo al fin—, puedo estar equivocada… pero una persona no se pierde sola.

El silencio cayó pesado.

—Mamá Carla… —susurré— ¿puedo preguntarte algo?

—No tienes que pedir permiso —respondió, limpiándose una lágrima—.

Nunca conmigo.

—¿Chris se casó conmigo por lástima?

Me apresuré a añadir: —Lo pregunto porque no recuerdo nuestra boda.

Porque no sé qué es verdad.

Carla negó despacio.

—No —dijo firme—.

Y no te lo digo porque sea mi hijo.

Ese día ustedes dos eran felices.

De verdad.

Se levantó sin decir más y fue al antiguo cuarto de Chris.

Volvió con una caja.

—No voy a justificar nada de lo que él hizo —dijo—.

Pero tampoco quiero que te obligues a creer mentiras.

Esa palabra me heló.

—¿Mentiras?

—Eres mi hija —dijo—.

Y una madre no debería mentirle a sus hijos.

Abrió la caja y sacó un manojo de hojas.

—Son los votos que escribió para la boda —explicó—.

Pasó noches enteras escribiéndolos.

Quería hacerlo bien.

Tomé una de las cartas con manos temblorosas.

No pude hablar.

Leí.

Y lloré.

—Perdóname por no buscarte antes —dijo Carla—.

Te veía de lejos.

Tenía miedo de que me culparas… y quizás habría sido justo.

Cuando me despedí, sentí algo nuevo.

No alivio.

No paz.

Verdad.

Esa noche, de vuelta en casa, el teléfono volvió a vibrar.

Lucas otra vez.

No lo abrí.

Me senté en la cama.

Cerré los ojos.

Y los fragmentos regresaron.

Un anillo en mis dedos.

Una discusión rota por un portazo.

Un “lo siento” que no llegó a tiempo.

Una promesa dicha con miedo.

Lloré en silencio.

No sabía qué era recuerdo.

No sabía qué era sueño.

Pero algo estaba claro: había partes de mí que no se habían ido.

Solo estaban esperando que dejara de huir.

Y por primera vez desde que desperté en el hospital, no quise volver a dormir para escapar.

Quise quedarme despierta.

Aunque doliera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo