Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor
  4. Capítulo 22 - 22 Lucas ¿Por que
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

22: Lucas, ¿Por que?

22: Lucas, ¿Por que?

(Chris) Me quedé unos segundos dentro del auto, mirando la puerta por la que María acababa de desaparecer.

No supe si lo que sentía era alivio… o terror de haberla dejado sola otra vez.

El golpe en la ventana me hizo sobresaltar.

Lucas.

Estaba parado ahí, demasiado cerca.

Su expresión era distinta.

No era la sonrisa amable que usaba con ella.

Era algo más plano.

Más firme.

Más peligroso.

—Baja del auto —dijo cuando bajé apenas el vidrio—.

Tenemos que hablar.

No fue una invitación.

Fue una orden.

Bajé.

—¿De qué quieres hablar?

—pregunté, apoyándome en el auto, cruzando los brazos para no mostrar lo tenso que estaba.

Lucas respiró hondo, como si yo fuera el problema que tenía que manejar con cuidado.

—Te dije que la dejaras en paz —dijo—.

Hemos hablado de esto demasiadas veces.

—Eso no lo decides tú —respondí—.

Ella decidió verme.

Y sigue siendo mi esposa.

La palabra esposa le tensó la mandíbula.

—Esa “decisión” —replicó— fue producto de la manipulación tuya y de tu madre.

Ahí estuvo.

La línea que ya no se puede cruzar de vuelta.

—Ella está mejor conmigo —añadió—.

A mi lado tiene estabilidad.

Paz.

Sentí el estómago hundirse.

—Nadie la manipuló —dije—.

El único que lo hace eres tú.

Y me arrepiento todos los días de haberte dejado solo con ella.

Lucas empezó a caminar de un lado a otro, pasándose la mano por el cabello.

No parecía nervioso.

Parecía conteniéndose.

—Yo no fui quien la mandó al hospital —dijo, deteniéndose frente a mí—.

Pero sí soy el que la recogió cuando tú la rompiste.

Se acercó un paso más.

—Yo soy el que la mantiene a flote.

El que está cuando se despierta con miedo.

El que la calma.

El que la cuida.

Cada palabra era una apropiación.

Mi sangre ardía.

De rabia.

De culpa.

De haber llegado demasiado tarde.

—Eso no te da derecho a poseerla —dije en voz baja—.

No es un objeto que se intercambia cuando alguien falla.

Lucas me miró entonces.

Y por primera vez, no intentó parecer bueno.

—No la toques —dijo—.

No la confundas.

No la arrastres de nuevo a tu desastre.

—¿O qué?

—pregunté—.

¿Qué vas a hacer?

Sonrió apenas.

—Nada —respondió—.

Ella sola va a elegir quedarse conmigo.

Y en ese momento lo entendí.

Lucas no quería salvarla.

Quería reemplazarme.

—¿Por qué estás tan seguro de que ella te va a escoger?

—pregunté, alejándome del auto.

La rabia ya no me cabía en el cuerpo.

Lucas inclinó apenas la cabeza, como si la pregunta le pareciera ingenua.

—Porque ella ya sabe que su matrimonio fue por lástima —dijo—.

Me aseguré de que lo supiera.

El mundo se detuvo.

—¿Qué mierda acabas de decir?

—lo empujé—.

Eso es mentira.

La voz me salió rota—.

La amé.

La amo.

Siempre la voy a amar.

¿Cómo te atreves a mentirle así?

Lucas ni siquiera pestañeó.

—Para ella no lo es —respondió—.

Y no sabes cuánto disfruté estar ahí cuando empezaste a desaparecer.

Se acercó un paso más.

—¿Sabes qué es lo peor?

—continuó—.

Nunca tuve que tocarla.

Nunca tuve que empujarla.

Solo tuve que escucharte.

Mis manos temblaban.

—¿Escuchar qué?

—escupí.

Lucas sonrió.

No fue una sonrisa grande.

Fue precisa.

—Tus quejas.

Tu frustración.

Tu miedo a fracasar.

Mi estómago se cerró.

—Yo solo hacía preguntas —dijo—.

“¿Por qué trabajas tanto?” “¿Por qué nunca descansas?” “¿No te cansa ser siempre el fuerte?” Caminó alrededor de mí, despacio.

—Y luego volvías a casa —siguió—.

Cargado.

Tenso.

Incapaz de soltarlo conmigo.

Y ella estaba ahí.

Sentí náuseas.

—No la toqué —repitió—.

No tuve que hacerlo.

Tú hiciste el resto.

Levanté el puño.

—Cállate.

—¿O qué?

—me desafió—.

¿Me vas a golpear como gritabas?

¿Como rompías cosas?

¿Como la hacías encogerse mientras tú creías que solo estabas “estresado”?

—Yo nunca quise hacerle daño —dije, con la voz quebrada—.

Nunca.

Lucas se detuvo frente a mí.

—Pero lo hiciste —dijo—.

Y yo estuve ahí para recogerla.

Mis ojos ardían.

—La usaste —escupí—.

Me usaste.

La separaste de mí porque la querías.

Lucas no lo negó.

—La quise —corrigió—.

La quise cuando tú no supiste cuidarla.

La quise cuando se rompía y tú solo pedías tiempo.

La quise cuando empezó a olvidarte… y yo me aseguré de ocupar cada espacio vacío.

Di un paso hacia él.

—La amas enfermo.

—La amo real —respondió—.

No como tú.

No con promesas.

—Yo la amo —dije, temblando—.

Incluso ahora.

Incluso rota.

Incluso si nunca vuelve conmigo.

Y entonces— —¿Qué carajos acabas de decir?

La voz cayó como un disparo.

María estaba a unos pasos.

Quietísima.

Había escuchado todo.

Lucas giró lento.

Yo no pude moverme.

Porque en su rostro ya no había confusión.

Había reconocimiento.

Y en sus ojos… el mismo miedo que alguna vez vi cuando todo empezó a romperse.

Esta vez, ya no había mentira que la protegiera.

Y cuando la verdad llega así, no hay huida posible.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo