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Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Un despertar incompleto
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4: Un despertar incompleto 4: Un despertar incompleto El mundo volvió como un suspiro.

Lento.

Lejano.

Como si despertara dentro de un sueño que no sabía que estaba soñando.

La luz blanca del hospital me quemó los ojos.

El techo borroso.

El olor a desinfectante.

La voz de alguien llamándome desde muy lejos.

—… ¿María?

Intenté moverme, pero mi cuerpo pesaba como si estuviera hecho de piedra.

Mis manos temblaron.

Mi respiración se volvió rápida, cortada.

¿Dónde estaba?

¿Dónde…?

Un rostro se inclinó sobre mí, y el tiempo se detuvo.

Chris.

Su cabello oscuro caía sobre su frente.

Sus ojos… esos ojos que yo conocía tan bien… me miraban con una mezcla de miedo, sorpresa y algo más profundo.

Algo roto.

—¿María?

—repitió, su voz temblando.

Lo miré.

Y todo se acomodó como si fuera un recuerdo antiguo pero cálido.

—Chris… Dije su nombre en un susurro.

Un susurro que le devolvió la vida al instante.

Le sonreí.

Pequeña, débil… pero sincera.

Los ojos de Chris se llenaron de lágrimas al momento.

Como si ese gesto hubiese golpeado directamente sus cimientos.

—Dios… —murmuró—.

Pensé que… Se quedó sin palabras.

Parecía incapaz de decidir si acercarse o mantenerse lejos.

Yo solo lo observaba.

Su rostro.

Su expresión.

Ese hombre que amé… cuando éramos felices.

Porque en mi cabeza… solo estaban nuestros días felices.

Las salidas.

Los abrazos.

Las risas.

Las noches tranquilas antes de que la vida se volviera gris.

Todo lo demás… estaba borrado.

—Chris… ¿Qué pasó?

—pregunté, sin entender por qué estaba en un hospital.

Y ahí, el silencio se hizo pesado.

Chris abrió la boca para hablar.

Pero antes de que pudiera decir una sola palabra… Lucas entró.

La puerta se abrió con un ligero chirrido, y su figura alta llenó la habitación como si hubiera estado esperando ese momento exacto.

Cabello castaño impecable, mirada suave… Ese tipo de presencia que hace que todo parezca más tranquilo de lo que realmente es.

—María… —exhaló con alivio—.

Estás despierta.

Chris se tensó al verlo.

Lucas notó el movimiento.

Lucas nota todo.

Sonrió.

Calmo.

Perfecto.

—No deberías hablar demasiado —dijo acercándose al costado de la cama—.

Tu cuerpo pasó por mucho.

Me rozó la frente con los dedos, suave, cuidadoso.

Ese toque que parecía cariño… pero que tenía algo más.

Algo que aún no sabía ver.

Chris dio un paso adelante.

—Déjala… —susurró, tratando de sonar firme, pero quebrándose—.

Lucas, déjala hablar conmigo.

Lucas lo observó.

Y su sonrisa no cambió, pero algo en sus ojos sí.

Algo como lástima.

O superioridad.

O una verdad que él conocía y Chris no.

—Chris —dijo suavemente—.

Ella acaba de despertar de un shock.

Su mente no está lista para… todos los detalles.

Lo miró directo, sin apartar la vista.

—Podrías empeorar las cosas.

Chris tragó saliva.

Retrocedió un centímetro.

No porque Lucas lo intimidara… sino porque tenía miedo.

Miedo de mí.

Miedo de lo que me había hecho.

Miedo de arruinarlo todo otra vez.

Yo miré a los dos, confundida.

—¿Por qué…?

—intenté preguntar.

Lucas se inclinó un poco más hacia mí, su sombra cubriéndome suavemente.

—María, escúchame —dijo con esa voz que parecía una manta tibia—.

Tuviste un episodio muy fuerte.

Tu mente… bloqueó algunas cosas para protegerte.

Chris cerró los ojos.

Le dolía escucharlo.

Le dolía porque era verdad.

Y porque no era él quien me lo decía.

—¿Qué… de qué hablas?

—pregunté, apretando las sábanas.

Lucas intercambió una mirada con Chris.

Una silenciosa.

Una en la que Lucas decía “no lo arruines” sin decirlo.

—No te preocupes por eso ahora —respondió Lucas, acariciando mi mano, lento—.

Lo importante es que estás despierta.

Y que voy a cuidarte.

La palabra “voy” cayó como un ancla.

Chris la escuchó.

Y el dolor en su rostro se hizo más profundo.

—Lucas… —dijo él, con la voz rota.

Lucas sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Demasiado tranquila.

—Déjame ayudar, hermano —susurró—.

Esta vez… déjame hacer yo las cosas bien.

“Esta vez.” “Déjame hacer yo.” Palabras que parecían cariño.

Pero que en realidad se clavaron como agujas en la dinámica.

Chris se sintió pequeño.

Lucas grande.

Y yo… yo solo podía recordar el amor.

No el miedo.

No los gritos.

No los golpes.

Solo el amor de cuando empezamos.

Cuando Chris era todo lo bueno.

Y Lucas, solo el amigo leal.

Lucas se acomodó en la silla junto a mi cama.

Se quedó ahí, estable, presente, seguro.

Chris, en cambio, dio un paso atrás.

Después otro.

Y cuando salió de la habitación… fue como si una puerta invisible se cerrara con él.

Lucas tomó mi mano.

Su pulgar la acarició una sola vez.

—Estoy contigo, María —murmuró, suave, cálido… demasiado cálido—.

Pase lo que pase.

Y yo le creí.

Porque en ese momento, con mi memoria rota… no tenía forma de ver la sombra escondida detrás de su luz.

Los doctores dijeron palabras que sonaron muy lejos: Shock traumático.

Bloqueo de memoria.

Inconsciencia por protección psicológica.

Escuche en silencio sin entender que pasaba.

Fruncí el ceño.

Algo no encajaba.

Mi corazón recordaba un amor dulce.

Mi mente recordaba un noviazgo feliz.

Pero mi cuerpo… temblaba sin saber por qué.

Después de ese diagnósticos estaban hablando entre ellos en voz baja, casi susurrando.

Mi mirada recorrió la habitación y Chris no estaba.

—¿Y Chris?

¿Dónde está Chris?

Lucas respiró hondo.

—Está fuera.

No quiere alterarte… te quiere demasiado como para arriesgarse a hacerte daño otra vez.

Me quedé helada.

—¿Hacerme daño?

¿De qué hablan?

Los doctores se apresuraron a intervenir.

—No fuerces recuerdos —dijo uno—.

Pueden volver de golpe y causar más shock.

Pero sus palabras solo me confundían más.

Mi respiración se aceleró.

—¿Qué están diciendo?

¡No tiene sentido!

Los doctores trataron de calmarme.

Lucas se apartó, dejando espacio.

Pero cuando volví la cabeza hacia la puerta… Ahí estaba él.

Chris.

De pie.

A lo lejos.

Mirándome como si me estuviera viendo por última vez.

Y mi corazón reaccionó antes que mi mente.

—¡Chris!

—grité.

Los médicos me sujetaron al instante.

Mi cuerpo temblaba.

El monitor pitaba alarmado.

—¡Suéltenme!

¡Déjenme ir con él!

Chris intentó correr hacia mí, desesperado.

—¡María!

¡Estoy aquí!

¡No te voy a dejar!

¡Estoy acá!

Pero Lucas lo agarró del brazo con fuerza.

—¡No!

¡No la alteres más!

—¡Ella me necesita!

—¡NO!

¡No es el momento, Chris!

La habitación era caos puro.

Mis gritos.

Las órdenes de los doctores.

La pelea silenciosa entre los dos hombres.

Hasta que alguien ordenó un sedante.

Sentí la aguja.

—Chris… —susurré mientras mis ojos se cerraban—.

Ayúdame… Él rompió el agarre de Lucas y llegó a mi lado justo antes de que me apagara.

Tomó mi mano con desesperación.

—Estoy acá, mi amor —dijo entre lágrimas—.

Perdóname… Perdóname por todo… Y mi mano respondió apenas antes de caer inerte otra vez.

Los doctores hablaron con ambos.

—Ella recuerda a Chris porque esos recuerdos son más antiguos.

Más seguros.

Más… felices.

Lucas bajó la mirada.

La culpa le cruzó los ojos… o tal vez era algo más.

—Sería recomendable que algún familiar este con ella en este proceso —dijo el médico—.

Ella necesita sentir estabilidad.

Lucas asintió.

Chris.

—Ella, no tiene mas familia que a mi… — su voz era entre cortada.

— Soy su esposo, lo único que le queda, no puedo sepárame de ella… El doctor suspiró.

—Ahora no se trata de amor… Se trata de no volver a romperla.

Lucas miró a Chris, suave pero firme.

—Vas a estar aquí… pero esta vez no para poseerla.

Sino para dejarla sanar.

Chris apretó los dientes, conteniendo lágrimas.

Y así quedó decidido: Chris sería la memoria.

Lucas sería el refugio.

Y yo… estaría atrapada entre lo que recordaba y lo que me ocultaban.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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