Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor - Capítulo 5

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor
  4. Capítulo 5 - 5 Misma historia distinta versión
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

5: Misma historia, distinta versión 5: Misma historia, distinta versión (Chris) Nunca pensé que terminaría convirtiéndome en la sombra de aquello que juré proteger.

Todo empezó el día en que llegué a casa con el alma hecha trizas.

No era un mal día.

Era una acumulación.

Un peso constante en el pecho que no sabía cómo soltar.

Y ahí estabas tú.

Como siempre.

Con esa voz suave que parecía pedir permiso para existir.

Con esa preocupación honesta que intentabas disimular para no incomodarme.

Me hablaste despacio.

Como si yo fuera frágil.

Y yo reaccioné como alguien que ya no sabía sentir sin hacer daño.

Grité.

Escupí frustración, cansancio, humillación.

Todo lo que el trabajo me quitaba durante el día, lo dejaba caer en casa.

Sobre ti.

Tú escuchaste.

No huiste.

No te defendiste.

Te repetías que mis gritos no eran para ti.

Y yo dejé que lo creyeras.

Los días siguientes se volvieron una rutina enferma: tú intentando sostenerme, yo desmoronándome encima de ti.

Recuerdo haber pedido perdón la primera vez.

Y lo sentí.

De verdad lo sentí.

Creí que eso bastaba.

Qué ingenuo.

Qué cómodo.

Qué cruel.

Porque después ya no eran desahogos.

Después solo era yo entrando a la casa como una tormenta que necesitaba demostrar que todavía tenía poder sobre algo.

Tiraba cosas.

Movía muebles.

Encendía luces para apagarlas después.

Cualquier gesto que me hiciera sentir que controlaba algo… aunque fuera el miedo en tus ojos.

Y tú seguías ahí.

Recogiendo mis ruinas en silencio.

Lo peor no fue gritarte.

Lo peor fue dejar de verte.

No vi tus manos temblando mientras levantabas lo que yo rompía.

No vi tus ojos hinchados de llorar a escondidas.

No vi cómo el miedo se instalaba en tu cuerpo como un huésped permanente.

Cuando reclamabas, yo te decía que exagerabas.

Que tenías que entender.

Que yo tenía problemas más grandes.

Como si el dolor fuera una competencia.

Como si el mío me diera derecho a destruirte.

Un año.

Así de rápido.

Un año de tu alma reduciéndose a cenizas mientras yo defendía un trabajo que no me salvó de nada.

Un trabajo que me quitó todo lo que alguna vez amé… incluyéndome.

Y lo más difícil de admitir es esto: yo sabía que te estaba lastimando.

Sabía que mi voz podía doler más que cualquier golpe.

Que mis silencios te asfixiaban.

Que cada vez que dejaba la casa hecha pedazos, tú barrías algo más que vidrios.

Barrías pedazos de mí.

Y aun así… seguí.

A veces me pregunto en qué momento exacto me perdí.

En qué segundo dejé de ser el hombre que te llamaba “hogar” para convertirme en la tormenta de la que querías esconderte.

Y sin embargo, cuando pienso en ti, no pienso primero en el caos.

Pienso en la cafetería.

En ese vestido floreado, colores pasteles que parecían hechos para traer calma.

En tu sonrisa iluminando un lugar que no tenía derecho a verte ahí.

En tu cabello castaño ondulado brillando como si el sol te hubiera elegido.

Me miraste con esos ojos tuyos.

Profundos.

Dulces.

Fuertes.

Y en ese instante supe que estaba perdido.

Sigo enamorándome de ese recuerdo una y otra vez.

De la versión de ti que aún me miraba con amor.

De la versión de mí que todavía sabía cuidarte.

Por eso duele tanto.

Porque sé exactamente cuándo dejé de ser digno de ti… pero no supe detenerme.

No justifico en lo que me convertí.

No hay excusa.

No la habrá jamás.

La verdad es esta: el hombre que te juró protegerte fue el mismo que te rompió.

Y esa culpa me va a seguir siempre.

Aunque el mundo me perdone.

Aunque tú no recuerdes.

La parte más egoísta de mí no soporta la idea de perderte.

No sé quién soy sin ti.

No sé cómo seguir adelante si ya no estás a mi lado.

Daría mi vida porque nunca volvieras a recordar en qué me convertí.

Daría todo por empezar de nuevo… aunque eso también sea una forma de mentirte.

Lo sé.

Es egoísta.

Es cruel.

Pero la verdad más dura es esta: sin ti, no sé vivir.

Y quizá… esa sea la razón más clara por la que no debería volver a tocarte nunca más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo