Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor - Capítulo 6
- Inicio
- Todas las novelas
- Nos rompimos, pero seguíamos llamándolo amor
- Capítulo 6 - 6 Entre la verdad y el consuelo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
6: Entre la verdad y el consuelo.
6: Entre la verdad y el consuelo.
(María) El hospital olía a desinfectante, silencio y preguntas sin respuesta.
Esa mañana, después de que me revisaran por última vez, el doctor se acercó con una carpeta entre las manos y una expresión tan seria que supe que algo estaba a punto de cambiar.
—María —dijo con voz calmada— hoy comenzaremos las sesiones con la psicóloga del área.
No podemos forzarte a recordar nada, pero necesitamos ayudarte a reconstruir lo que puedas… a tu ritmo.
Yo asentí, aunque mi pecho se apretó sin saber por qué.
Lucas estaba sentado frente a la ventana, brazos cruzados, atento a cada palabra.
Chris no estaba.
Era mejor así, decían todos.
Pero aun así… dolía.
—¿Lucas puede acompañarme?
—pregunté, casi como una niña buscando una mano que sostener.
Lucas levantó la vista, sorprendido.
El doctor lo miró y luego me miró a mí.
—Sí.
Por ahora, su presencia te estabiliza.
Es seguro.
Lucas sonrió suave, con esa mezcla de ternura y prudencia perfecta.
Nada exagerado.
Nada que despertara sospechas.
Solo el hombre que “me cuidaba”.
La terapia La psicóloga, una mujer de voz suave y ojos cansados, me recibió en una sala pequeña.
Había dos sillones, una ventana, y un aroma a té de manzanilla que llenaba el aire.
Lucas se quedó a un costado, sentado en una silla más lejos, como un guardián silencioso.
—María —dijo la terapeuta mientras me ofrecía agua—, vamos a empezar con algo sencillo.
Quiero que me cuentes… ¿qué recuerdas de tu relación con Chris?
Mi corazón latió fuerte.
Miré mis manos, luego un punto indefinido en la pared.
—Lo amo —respondí sin pensar—.
Sé que lo amo.
Pero… estoy confundida, el se aleja de mi y todos dicen que es lo mejor.
También dicen que perdí la memoria.
La terapeuta asintió.
—¿Recuerdas discusiones?
¿Momentos de tensión?
Negué lentamente.
—Solo recuerdo cosas lindas.
Las primeras citas.
Cómo me miraba.
Cómo me hacía sentir segura.
Lucas desvió la mirada.
No dijo nada.
No necesitaba hacerlo.
La terapeuta anotaba cosas en silencio.
—Está bien —dijo—.
A veces la mente guarda lo bueno para protegernos de lo malo.
No vamos a forzar nada hoy.
Suspiré aliviada.
Pero entonces, sin que lo buscara, una imagen fugaz atravesó mi mente como un rayo: un vaso cayendo al suelo.
el sonido del vidrio estallando.
mi respiración temblando.
una voz… gritando mi nombre.
Me tensé.
La terapeuta se dio cuenta.
—¿Viste algo?
—preguntó con delicadeza.
Tragué saliva.
—No… no sé.
Algo pequeño.
No sé si es real.
Lucas no se movió.
Pero sus manos se cerraron en puños lentos, discretos.
—No te fuerces —murmuró la terapeuta—.
Tu memoria volverá poco a poco.
Cerré los ojos un segundo, y cuando los abrí, Lucas me observaba.
No con preocupación… sino con una mezcla de alivio y algo más difícil de leer.
Como si estuviera tomando nota de qué recordaba y qué no.
Después de la sesión Lucas me llevó al jardín del hospital para que respirara aire fresco.
El sol tibio caía sobre mis manos y el viento movía mi cabello con suavidad.
—Lo hiciste bien —dijo él, caminando a mi lado.
—Estoy cansada —murmuré—.
No sé qué está pasando conmigo.
Lucas se detuvo frente a mí.
—Estás sanando —dijo con firmeza, suave pero convincente—.
Y eso duele.
Pero estoy acá.
No te voy a dejar sola.
Sentí que mi pecho se aflojaba un poco.
Como si sus palabras llenaran un hueco que no sabía que tenía.
—Lucas… —susurré— ¿fui mala con Chris?
—¿Por qué habría doler tanto recordar?
Él suspiró, como alguien que carga una historia que no le pertenece.
—No eres mala, María.
Tu diste todo.
Absolutamente todo.
El problema es que… —me miró directo a los ojos— tuviste que amar por los dos.
Me estremecí.
Una frase tan simple… pero tan punzante.
—Chris te quiso —continuó—, pero también se perdió.
Y tú lo acompañaste incluso cuando él dejó de acompañarte a ti.
Mis ojos se llenaron de lágrimas sin que pudiera evitarlo.
Lucas, con un gesto perfecto, me ofreció un pañuelo.
Ni muy cerca, ni muy lejos.
Justo lo suficiente para sentirse seguro.
—Yo no voy a dejarte caer —susurró.
Y por un instante, creí en él.
Creí tanto… que no escuché el sonido de un corazón rompiéndose a pocos metros.
Chris, escondido detrás de la entrada del jardín, había escuchado todo.
No debía estar ahí.
No debía acercarse.
Pero lo hizo.
Y ahora, sus ojos estaban llenos de un dolor silencioso, observando cómo Lucas llenaba un espacio que solía ser suyo.
Un espacio que él había destruido.
Y que otro estaba aprendiendo a ocupar con precisión quirúrgica.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com