NOSFERATU - Capítulo 26
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26: capitulo 26- Las ruinas 26: capitulo 26- Las ruinas “A veces, seguir un rastro lleva más lejos de lo que uno imagina, hacia lugares donde la oscuridad guarda secretos antiguos.” El grupo había seguido cuidadosamente los hilos dejados por el encapuchado.
Cada símbolo, cada sombra sospechosa, cada susurro de los mercaderes y ladrones, los había llevado paso a paso fuera de la ciudad.
Las calles abarrotadas y los callejones oscuros dieron lugar a caminos solitarios, donde el viento arrastraba hojas secas y el eco de sus pasos parecía más fuerte que sus voces.
—Estamos cerca —dijo Darius, con los ojos fijos en un camino de tierra que se abría ante ellos—.
Lo puedo sentir.
Velkan ajustó su capa, observando los alrededores con cautela.
—Que nadie se confíe.
Esto ya no es la ciudad.
Aquí no hay testigos, ni reglas.
Branrik sonrió, pero su sonrisa no era de alegría.
—Perfecto.
Nada mejor que un lugar desolado para enfrentar secretos.
El camino los llevó hasta las afueras de la ciudad, donde unas ruinas olvidadas se alzaban entre la niebla.
Columnas caídas, muros derruidos y escombros cubiertos de musgo formaban un laberinto de sombras, silencioso y lleno de ecos antiguos.
Cada paso que daban hacía crujir la madera rota y el suelo desigual, como si las ruinas mismas los pusieran a prueba.
—Esto… no me gusta —susurró Velkan—.
Cada sombra parece un ojo, y cada viento un susurro.
—Exacto —respondió Darius—.
Pero es aquí donde debemos enfrentar la verdad.
Si el encapuchado quería que lo siguiéramos, no hay mejor lugar que este.
Branrik avanzó primero, analizando cada esquina.
—Miren esas marcas —dijo, señalando símbolos grabados en piedras y escombros—.
Son iguales a los que vimos en la ciudad.
Nos está guiando… pero ¿hacia dónde?
Los tres continuaron avanzando, esquivando escombros y entrando en pasillos estrechos formados por paredes derruidas.
Cada paso era una mezcla de cautela y expectativa.
Y entonces, entre columnas derruidas, finalmente lo vieron: el encapuchado estaba de pie al final de un pasillo cubierto de sombras, inmóvil.
La niebla de la noche lo envolvía, pero su postura era calmada, segura.
Darius apretó los puños, cada músculo tenso.
—Ahí está… —murmuró—.
No podemos permitir que se nos escape esta vez.
El encapuchado giró ligeramente la cabeza, y su voz resonó entre las ruinas con calma y autoridad: —Bienvenidos.
Veo que siguieron los hilos correctamente.
Poco a poco… se acercan a la verdad.
—¿Quién eres?
—preguntó Darius, dando un paso adelante—.
¿Por qué nos sigues?
¿Qué sabes de la Orden y de mi maldición?
El encapuchado sonrió bajo la capucha, sin revelar demasiado.
—Soy alguien que conoce tu camino mejor de lo que tú crees.
Alguien que ha estado observando, esperando, guiando.
Pero mi identidad… no importa todavía.
Lo que importa es lo que buscan, y lo que descubrirán al final.
Velkan frunció el ceño y dio un paso adelante, su voz cargada de desconfianza: —Esto es un juego para ti, ¿verdad?
Nos haces correr tras pistas y símbolos… ¿para qué?
—Para probarlos —respondió el encapuchado con calma—.
Para prepararles lo que está por venir.
Y quizás… para recordarte algo que creías olvidado.
Darius entrecerró los ojos, intentando descifrar la intención del hombre.
—¿Recordar?
¿Qué podría tener que recordarme alguien de la Orden?
—Oh, Darius… —susurró el encapuchado, caminando lentamente hacia el centro del callejón—.
Te conozco, más de lo que imaginas.
Tu pasado, tus decisiones, los momentos que ni tú mismo recuerdas… todos forman parte del tablero.
Y tú eres una pieza clave.
Branrik avanzó un paso, martillo al hombro, con la voz más relajada de lo que sentía: —¡Vamos, deja de jugar con nosotros!
Habla claro o te vas a arrepentir.
El encapuchado rió suavemente, su voz reverberando entre las ruinas.
—Ah, la impaciencia es un rasgo humano fascinante.
Pero la verdad… la verdad nunca se entrega completa.
Solo se revela a quienes saben mirar entre las sombras.
Darius dio otro paso, acercándose.
—Entonces muéstranos una pista, algo tangible.
Si quieres que sigamos jugando… que sea justo.
El encapuchado levantó una mano y señaló hacia unas ruinas más al fondo, donde un símbolo antiguo estaba tallado en la pared: —Ahí encontrarán lo que buscan… o al menos, lo que los acercará a la siguiente verdad.
Pero cuidado: no todo lo que ven puede ser confiable.
Darius respiró hondo, consciente de que cada movimiento contaba.
—No nos esconderemos de la verdad —dijo finalmente, firme—.
Si quieres jugar, jugaremos.
Pero esta vez, seremos nosotros los que marquemos el próximo movimiento.
El encapuchado sonrió apenas, desapareciendo entre las sombras de las ruinas, dejando al grupo con más preguntas que respuestas.
La calma nunca había sido segura, y la verdadera prueba apenas comenzaba.
“Y a veces, los secretos más oscuros se guardan en ruinas olvidadas… esperando al valiente que se atreva a encontrarlos.”
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