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NOSFERATU - Capítulo 42

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  4. Capítulo 42 - 42 capitulo 42- El guardian de la mazamorra
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42: capitulo 42- El guardian de la mazamorra 42: capitulo 42- El guardian de la mazamorra El aire en el templo se volvió pesado, casi sólido.

Las antorchas en las paredes chisporrotearon y se apagaron de golpe, dejando que la luz etérea del Cristal Espiritual fuese la única fuente de claridad.

De entre las sombras que se arrastraban por los muros, una figura emergió con pasos lentos y resonantes.

El guardián se reveló: un caballero espectral cubierto con una armadura corroída por el tiempo, con grietas de donde escapaban hilos de neblina oscura.

En su mano sostenía una espada que parecía respirar, con runas carmesí grabadas en la hoja.

Cada latido de aquellas runas se sincronizaba con los corazones de los intrusos.

—Un guardián… —murmuró Branrik, levantando su hacha.

—No… —corrigió Darius con voz baja, sus ojos fijos en la espada—.

Es una sentencia.

El caballero levantó la hoja lentamente, y el eco de un gemido metálico resonó como un lamento antiguo.

Entonces avanzó.

El choque fue brutal desde el primer instante.

Velkan se lanzó con rapidez, pero la espada demoníaca interceptó su movimiento con facilidad.

El acero oscuro golpeó contra su lanza y un destello carmesí recorrió el arma, drenando parte de su fuerza vital.

Velkan retrocedió con un jadeo, sintiendo sus músculos pesados como plomo.

—¡Esa espada roba la energía!

—gruñó Branrik mientras embestía con furia.

Su hacha impactó contra la armadura del caballero, pero la figura no se movió un centímetro.

El contragolpe casi le dislocó el hombro.

Darius entró en acción.

Sus sombras se extendieron como serpientes, intentando atrapar al espectro, pero el caballero blandió la espada con un giro amplio.

La oscuridad fue partida como humo, y la energía sombría de Darius se estremeció al sentir la presión de aquel poder.

—No es un enemigo cualquiera… —pensó mientras esquivaba una estocada que cortó el aire frente a su rostro.

El caballero se movía con precisión, cada golpe cargado de siglos de experiencia bélica.

No emitía palabra alguna, pero sus acciones transmitían un mensaje claro: “Solo el digno sobrevivirá.” Velkan volvió a levantarse, debilitado, pero se colocó a la izquierda de Darius.

Branrik, jadeando, ocupó el otro flanco.

Entre los tres lograron formar un triángulo de ataque.

Golpes veloces, embestidas calculadas y sombras que ocultaban movimientos.

El caballero resistía con una defensa implacable, pero poco a poco la estrategia comenzaba a fracturar su ritmo.

Finalmente, Darius encontró la abertura.

Al desviar una estocada descendente, invocó a sus sombras para sujetar la hoja apenas un instante.

Fue suficiente: Branrik golpeó con su hacha en el lateral de la armadura y Velkan lo atravesó con la lanza desde el otro lado.

El caballero tambaleó, pero no cayó.

Con un rugido gutural, Darius concentró toda su energía en un solo tajo de sus sombras, golpeando al unísono con su espada.

El impacto fue devastador: el caballero retrocedió y se arrodilló, su armadura crujiendo como huesos quebrados.

La espada demoníaca cayó al suelo, clavándose en el mármol.

El silencio regresó, pesado y solemne.

El caballero levantó la cabeza, y por un instante sus ojos llamearon con un brillo humano, casi reverente.

Una voz profunda, como un eco desde otra era, resonó en la mente de Darius: —Umbra Noctis… la Sombra de la Noche… reclama a su dueño.

El espectro se deshizo en cenizas, desapareciendo como si el tiempo finalmente lo hubiera reclamado.

Solo quedó la espada, palpitando con un poder vivo.

Darius avanzó despacio.

Extendió la mano y la empuñadura fría vibró al contacto, como si la espada se resistiera.

Una oleada de oscuridad intentó penetrar en su mente, susurrándole tentaciones, mostrándole poder sin límite a cambio de su voluntad.

Darius cerró los ojos, resistiendo la tormenta interior.

Sus sombras se agitaron alrededor de su cuerpo, luchando contra la corrupción.

Finalmente, la oscuridad de la espada cedió, inclinándose ante la fuerza de su dueño.

El pulso carmesí se calmó.

Umbra Noctis se mantuvo firme en su mano, como si siempre le hubiese pertenecido.

Velkan lo miraba con recelo, mientras Branrik, aún jadeando, murmuró: —Esa espada… es un poder que pocos podrían controlar.

Darius sostuvo la hoja en silencio.

Sintió el peso, no solo físico, sino espiritual.

Sabía que esa arma no era un trofeo… era un pacto.

Y que su destino, desde ese momento, había cambiado para siempre.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES José_salas dejen su reseñas de que les pareció el capítulo

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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