NOSFERATU - Capítulo 47
- Inicio
- Todas las novelas
- NOSFERATU
- Capítulo 47 - 47 capitulo 47- Ecos en la cámara del cristal
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
47: capitulo 47- Ecos en la cámara del cristal 47: capitulo 47- Ecos en la cámara del cristal Las antorchas iluminaban tenuemente la cámara subterránea donde reposaba el Cristal Espiritual.
El aire era pesado, vibraba con un pulso constante que parecía emanar del artefacto, como si latiera en sincronía con un corazón antiguo.
Las paredes estaban grabadas con runas de contención que apenas lograban sofocar su poder.
Darius avanzó primero, aún con Umbra Noctis envainada a su costado.
La armadura de sombras había desaparecido, pero la energía de la espada seguía latiendo en su piel como brasas bajo la carne.
A su lado, Velkan y Branrik se mantenían firmes.
Midas los esperaba junto a Nyra y su hermano, los tres con semblantes graves.
El líder de la resistencia fue directo al grano: —Ozz ha caído, pero el precio ha sido alto.
Muchos de los nuestros han muerto en la defensa.
El refugio sigue en pie… pero apenas.
Nyra clavó la mirada en el Cristal, su voz quebrada por la duda: —¿Y todo esto fue para proteger un artefacto que ni siquiera comprendemos del todo?
¿Qué pasará si no podemos controlarlo?
Darius dio un paso al frente, su voz grave: —Entonces pereceremos intentando.
El Cristal es la clave para impedir la resurrección del Rey Ancestral.
No podemos permitir que caiga en manos enemigas.
Un silencio incómodo llenó la cámara.
Fue entonces que un eco extraño rompió la quietud: pasos suaves, seguros, resonando entre las sombras.
De la penumbra surgió Kael.
No traía sigilo esta vez; caminaba con calma, como un invitado esperado.
Sus labios se curvaron en una sonrisa mientras sus ojos brillaban con un resplandor antinatural.
—Qué conmovedora reunión —dijo con voz grave y burlona—.
Héroes, líderes, mártires… y un arma que ninguno de ustedes entiende.
Los guardias tensaron sus armas, y Velkan levantó su hacha, pero Darius extendió un brazo para detenerlo.
—Kael… —susurró—.
¿Cómo llegaste hasta aquí?
Kael rió suavemente, como si la pregunta fuera absurda.
—Siempre estuve aquí, Darius.
En las sombras del mismo lugar que juraron proteger.
¿De verdad creen que tener al Cristal encerrado bajo piedra y runas lo mantiene a salvo?
No… el Cristal quiere ser encontrado.
Midas dio un paso al frente, su mirada de acero fija en él: —Hablas como si lo conocieras.
Kael ladeó la cabeza, sin apartar la vista del Cristal.
—No solo lo conozco… lo escucho.
El Cristal no es un sello, sino una llave.
Una puerta que aguarda abrirse para el retorno del único rey legítimo.
Todo lo que han hecho hasta ahora no ha sido para impedirlo, sino para prepararlo.
Las palabras cayeron como un martillazo.
Nyra miró a Darius con los ojos abiertos de par en par.
—¿Prepararlo…?
Kael sonrió más amplio.
—Darius, incluso tú.
La espada que portas, Umbra Noctis, fue forjada para aquel propósito.
Cada sombra que invocas, cada enemigo que derrotas… es un eco del plan del Rey Ancestral.
Tú eres la herramienta más fiel de su voluntad.
La rabia atravesó a Darius como un rayo.
Sus ojos se encendieron con un destello carmesí mientras desenvainaba la espada.
—¡Basta!
—rugió—.
No soy esclavo de ningún rey muerto.
El Cristal respondió al clamor: su luz etérea palpitó con fuerza, proyectando ondas que sacudieron las runas en el suelo.
Kael extendió la mano hacia él, y las sombras de la cámara se alargaron como si quisieran abrazarlo.
Midas levantó su arma y gritó: —¡Deténganlo!
La cámara se convirtió en un torbellino de poder.
Kael desató su fuerza, moviéndose entre ellos como un espectro, su espada negra brillando con un filo imposible de seguir.
Velkan y Branrik bloquearon sus embestidas, mientras Nyra conjuraba rayos de energía que chocaban contra la oscuridad que lo rodeaba.
Darius embistió directo contra él, Umbra Noctis desatando destellos de sombra carmesí que iluminaban la sala como relámpagos infernales.
El choque de sus armas resonaba como truenos, y cada golpe hacía temblar las runas del suelo.
El combate era feroz, pero Kael no parecía luchar por vencerlos, sino por ganar tiempo, acercándose cada vez más al pedestal del Cristal.
Con un movimiento súbito, desvió a Darius y extendió la mano.
Sus dedos rozaron la superficie del artefacto.
El Cristal brilló con un estallido cegador, y un pulso violento recorrió toda la cámara, derribando a todos contra el suelo.
El corazón de la tierra pareció latir más rápido, y en ese instante, todos comprendieron que algo antiguo había despertado.
La risa de Kael resonó en la penumbra, mientras el eco del Cristal llenaba la cámara como un trueno interminable REFLEXIONES DE LOS CREADORES José_salas dejen sus reseñas y opiniones
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com