NOSFERATU - Capítulo 48
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48: capitulo 48- Tradiciones en la sombras 48: capitulo 48- Tradiciones en la sombras El resplandor del Cristal aún vibraba en la cámara, cegando a todos.
El suelo temblaba, las runas chisporroteaban como brasas, y un silencio espeso cubría el lugar, roto solo por el eco de la risa contenida de Kael.
El guerrero oscuro levantó una mano, y de ella brotó un torbellino de sombras retorcidas que se arremolinaban como serpientes vivientes.
—¿Lo sienten?
—dijo, su voz cargada de arrogancia—.
Este poder no les pertenece.
Ni siquiera lo entienden.
De pronto, Midas dio un paso al frente.
Su cuerpo comenzó a brillar con un resplandor dorado, como si cada fibra de su ser ardiera con fuego celestial.
Una energía cálida, pura, llenó la cámara, contrarrestando el miasma oscuro de Kael.
—Mientras yo viva, no permitiré que ese poder caiga en tus manos —rugió Midas, su voz resonando como un trueno.
Con un gesto, levantó su martillo, y una ola de energía dorada barrió el suelo, obligando a Kael a retroceder.
Por un momento, el equilibrio cambió: la oscuridad fue desplazada por la luz, y Kael frunció el ceño, irritado.
—Interesante… —murmuró el invasor, rehaciéndose—.
Pero inútil.
Entonces, el destino quebró la esperanza.
Un destello metálico cruzó la sala.
El cuerpo de Midas se estremeció; un golpe mortal lo atravesó por la espalda.
Su luz titiló como una llama a punto de extinguirse.
Todos giraron incrédulos.
Detrás de él, con la espada aún clavada, estaba Gideon, el hermano de Nyra.
—¡No…!
—gritó Nyra, sus ojos desbordando lágrimas, incapaz de creerlo.
Midas cayó de rodillas, su martillo resonando contra el suelo, mientras Gideon retiraba la hoja con frialdad.
Kael aplaudió lentamente, con una sonrisa venenosa.
—¿No lo sabían?
Gideon siempre fue mío.
Mi sombra en su círculo.
Por eso siempre supe sus movimientos, sus planes, sus debilidades.
¿De verdad pensaban que resistirían tanto tiempo sin ser observados?
El silencio de la traición se volvió insoportable.
Darius apretó Umbra Noctis con tanta fuerza que la espada vibró en sus manos.
—¿Por qué?
—preguntó con voz grave, cargada de furia contenida—.
¿Por qué traicionar a tu gente?
¿A tu hermana?
Gideon sonrió con frialdad, sin un rastro de remordimiento.
—El Rey Ancestral me prometió lo que ustedes jamás podrían darme: poder verdadero.
No vivir a la sombra de Midas, ni como un simple seguidor.
Cuando él regrese, yo gobernaré a su lado.
La sangre, la gloria, el futuro… serán míos.
—¡Eres un maldito traidor!
—rugió Velkan, abalanzándose sobre él, pero Kael interfirió, lanzando una ráfaga de sombras que lo estrelló contra la pared.
Nyra cayó de rodillas, destrozada, mientras sus lágrimas se mezclaban con su rabia.
—Hermano… ¿cómo pudiste?
¡Éramos tu familia!
Gideon no contestó.
Solo bajó la mirada un instante, como si su humanidad titilara, para luego endurecerse aún más.
Fue entonces que un aullido gutural retumbó en la cámara.
De las sombras emergió un hombre lobo de pelaje oscuro, uno de los más leales aliados de Kael.
Sus fauces brillaban con saliva y sus garras rasgaron la piedra al caminar.
Kael levantó la mano, señalando el pedestal.
—El tiempo de las máscaras terminó.
El Cristal viene con nosotros.
La batalla estalló de nuevo.
Darius y Branrik intentaron frenar el avance, desatando ataques desesperados.
Umbra Noctis brilló con furia, chocando contra la espada de Gideon, mientras Velkan se lanzaba contra el hombre lobo en un enfrentamiento brutal.
Nyra, entre llanto y rabia, conjuró magia para detener a Kael, pero él se desplazaba con una facilidad aterradora, sus movimientos guiados por la oscuridad misma.
Finalmente, tras un choque devastador que lanzó a los héroes contra los muros, Kael y Gideon lograron apoderarse del Cristal.
El hombre lobo aulló, invocando un portal sombrío que se abrió como una herida en la realidad.
Kael miró a Darius por última vez, con una sonrisa cruel.
—Sigue luchando, Darius.
Sigue creyendo que eres dueño de tu destino… mientras sirves exactamente al plan que nunca entenderás.
Con esas palabras, Kael, Gideon y el hombre lobo desaparecieron en la oscuridad, llevándose el Cristal.
El silencio que quedó fue peor que cualquier rugido de batalla.
Midas yacía en el suelo, su luz extinguiéndose, mientras Nyra sollozaba arrodillada a su lado.
La traición había desgarrado el corazón de la resistencia, y la oscuridad había tomado la ventaja.
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