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NOSFERATU - Capítulo 49

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  4. Capítulo 49 - 49 capitulo 49- Renacer en la oscuridad
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49: capitulo 49- Renacer en la oscuridad 49: capitulo 49- Renacer en la oscuridad “Cuando la noche parece eterna, la chispa de la esperanza puede surgir incluso de las cenizas de los caídos.” Darius se arrodilló junto al cuerpo de Midas, su respiración entrecortada, cada latido golpeando con fuerza en su pecho.

La culpa era un peso insoportable: cada decisión, cada paso errado, parecía haberlos llevado hasta aquel desastre.

La traición de Gideon, la pérdida del Cristal, y ahora… la vida de Midas pendiendo de un hilo que se apagaba lentamente.

—Midas… —susurró Darius, con la voz quebrada y el cuerpo temblando—… lo siento.

Midas abrió los ojos con dificultad, una débil luz aún brillando en ellos.

Con un esfuerzo sobrehumano, levantó una mano temblorosa y la posó sobre el hombro de Darius.

—Darius… no… no es tu culpa —dijo, su voz un murmullo firme—.

He visto tu corazón… tu fuerza… tu determinación.

Confío en ti.

Confío en los cuatro.

Darius levantó la mirada, incrédulo.

La imagen de Midas, siempre firme, siempre valiente, lo invadió de recuerdos: sus enseñanzas, las veces que lo levantó cuando caía, los consejos silenciosos que se guardaba en el alma.

Cada recuerdo ardía como brasas, mezclando dolor y gratitud.

—Ahora más que nunca… deben permanecer unidos… tú, Velkan, Nyra y Branrik.

Mientras ustedes vivan, todavía queda esperanza… todavía queda luz —continuó Midas—.

Recuerden lo que les enseñé, y confíen unos en otros.

No importa cuán profunda sea la oscuridad.

Una cálida energía comenzó a emanar del cuerpo de Midas, envolviendo la cámara en un resplandor dorado.

Darius sintió un calor recorrer sus venas, un poder que no era solo suyo sino heredado de la luz y la fuerza de Midas.

Cada músculo, cada fibra de su ser vibraba con nueva energía, un fuego que prometía resistencia y fuerza.

Velkan cerró los puños, sintiendo cómo su cuerpo se llenaba de vigor.

Nyra, con lágrimas rodando por sus mejillas, percibió un fuego interior que la conectaba con Midas de manera casi espiritual.

Branrik, respirando hondo, sintió la fuerza de la espada de su mentor recorrerlo como un río de luz.

—Esto… es para ustedes —murmuró Midas, su voz débil pero llena de poder—.

Que mi fuerza los acompañe, que mis enseñanzas los guíen… y que nunca olviden que la unidad es su mayor arma.

El grupo, antes abatido y derrotado, ahora se sentía más fuerte que nunca.

La desesperanza comenzaba a ceder ante un renovado coraje.

Cada uno sentía cómo la luz de Midas no solo fortalecía sus cuerpos, sino que despertaba algo dormido en sus espíritus, recordándoles por qué luchaban y qué debían proteger.

—Pero recuerden —dijo Midas, inclinándose con dificultad—… su camino no termina aquí.

Deben buscar el Templo Blanco.

Allí… Darius… encontrarás las respuestas… y despertarás el poder que yace dormido dentro de ti.

Darius entrecerró los ojos, intentando comprender.

Una imagen fugaz cruzó su mente: un templo envuelto en luz pura, antiguas runas que hablaban de un poder que solo él podía desatar.

Sintió un llamado profundo, casi visceral, como si el Templo Blanco lo aguardara desde hace siglos, esperando su llegada.

Midas sonrió, débil pero orgulloso, y luego sus ojos se cerraron.

La luz dorada se extinguió lentamente, dejando un silencio pesado, pero cargado de promesa.

Darius apretó Umbra Noctis con determinación, mirando a sus compañeros: Velkan, Nyra y Branrik.

Cada uno reflejaba dolor, rabia, y la nueva fuerza que Midas les había legado.

La batalla había cobrado un precio terrible, pero la esperanza permanecía.

—No podemos fallar —dijo Darius, con voz firme—.

Por Midas… por nosotros… y por todos los que aún creen.

Velkan asintió, ajustando su arma, mientras Nyra secaba sus lágrimas y Branrik ponía su mano sobre el hombro de Darius.

Cada gesto era un juramento silencioso: juntos, no dejarían que la oscuridad triunfase.

Mientras se preparaban para abandonar la cámara, Darius volvió a mirar el lugar donde Midas yacía, imaginando su figura entre las sombras, guiándolos, vigilándolos, inspirándolos.

La noche aún era profunda, la oscuridad persistía, pero ahora una chispa ardía en ellos: un renacer en la oscuridad, más fuerte y decidido que nunca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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