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NOSFERATU - Capítulo 51

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  4. Capítulo 51 - 51 capitulo 51- La cuatro puertas del silencio
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51: capitulo 51- La cuatro puertas del silencio 51: capitulo 51- La cuatro puertas del silencio A lo lejos, entre la neblina, se vislumbraba un resplandor: la silueta del Templo Blanco emergía como un faro de destino y misterio.

Sus contornos eran claros, pero su interior estaba envuelto en secretos que solo Darius podría desentrañar.

Después de días caminando entre la neblina, los cuatro viajeros al fin divisaron la estructura majestuosa.

—Velka… será por fin —murmuró Darius, con voz cansada pero firme.

Branrik asintió, contemplando la estructura—.

El templo está completo… como si el tiempo nunca lo hubiera tocado.

Mientras se acercaban, los rayos del sol atravesaban la neblina y revelaban jardines inmensos y árboles blancos como el mármol.

La paz que se respiraba era casi inquietante.

En la entrada, un grupo de monjes vestidos de blanco aguardaba, serenos, pero con miradas que parecían penetrar hasta el alma.

Nyra los observó con atención.

—No son de estas tierras… son japoneses —susurró.

Uno de ellos se adelantó, caminando con calma.

—Forasteros del ocaso… ¿qué buscan en la casa del silencio?

—preguntó.

Darius dio un paso al frente.

—Busco respuesta.

Busco la verdad.

El monje inclinó la cabeza.

—Si buscas la verdad… las Cuatro Puertas tendrás que cruzar.

Solo así la oscuridad se revelará ante ti y decidirá si eres digno de conocerla.

Los héroes fueron guiados por los monjes a través de pasillos adornados con pinturas japonesas y armaduras samurái, cada detalle narrando guerras divinas y hombres enfrentando a dioses.

El eco de sus pasos se mezclaba con cantos lejanos, y la atmósfera estaba cargada de misterio.

Al llegar al corazón del templo, un monje se adelantó: era el Dalái Lama, ciego, con cicatrices en los ojos que indicaban que alguna vez vio la luz.

—No necesito mis ojos para ver —dijo—.

Estoy en un plano más allá de la carne.

La verdadera visión nace del sacrificio.

Percibiendo la energía de cada héroe, su respiración cambió al llegar frente a Darius.

—Tú… —susurró—.

Tu espíritu lleva una maldición terrible, un eco antiguo que aún no ha sido silenciado.

Darius, calmado, respondió: —Mi ancestro estuvo aquí también buscando iluminación.

El Dalái Lama sonrió con tristeza.

—Porque la verdad no ilumina a todos, cazador… a veces devora.

Guiándolos hacia un gran salón, continuó: —Este templo ha sido el guía espiritual de tu linaje por generaciones.

Tu sangre posee la capacidad de manipular el fuego espiritual.

El maestro ciego miró a Darius y preguntó: —¿Por qué crees que la maldición no te ha consumido?

Darius respondió con firmeza: —El fuego de mi espíritu lo mantiene a raya.

—Entonces no eres un ser trascendido —dijo el monje—, pero tu poder fue heredado de la luz.

Todos los héroes quedaron atónitos ante la revelación.

—Yo te puedo ayudar —dijo el maestro—.

Te puedo dar las armas para que cese tu tormento.

Darius se arrodilló, decidido.

—Maestro… guíeme en esta gran travesía.

Para tener las armas y combatir a las fuerzas del mal.

El Dalái Lama le puso la mano en el hombro.

—Yo seré tu maestro y te guiaré en la senda de la iluminación espiritual.

El grupo asintió, más unido que nunca, y juntos se prepararon para enfrentar las Cuatro Puertas.

El Templo Blanco parecía respirar con ellos, y en ese instante, Darius sintió que su destino comenzaba a desvelarse entre misterio, poder y sacrificio.

—Allí es donde encontraremos las respuestas —dijo Darius con voz firme, mientras miraba a sus compañeros—.

Y allí, finalmente, despertaré todo lo que Midas creyó que podía lograr.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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