NOSFERATU - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - 58 Capitulo 58- El choque de sombras
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58: Capitulo 58- El choque de sombras 58: Capitulo 58- El choque de sombras La conciencia de Darius temblaba bajo la tensión del combate.
Su sombra, un reflejo oscuro y retorcido de sí mismo, se movía con velocidad y precisión.
Cada golpe, cada movimiento, era anticipado por el otro.
El fuego espiritual de Darius iluminaba tenuemente la escena, creando un contraste entre luz y oscuridad, entre lo que él era y lo que podía convertirse.
Darius atacó con todo su poder, cada golpe calculado, cada patada y movimiento ejecutado con precisión.
La sombra respondió igual, bloqueando, esquivando y contraatacando con la fuerza de los recuerdos y la maldad acumulada de la maldición.
Era un enfrentamiento donde no solo se medían fuerzas, sino voluntades y espíritus.
De repente, la sombra tomó ventaja.
Con una serie de golpes rápidos y brutales, derribó a Darius al suelo.
—¡Tú no puedes deshacerte de mí!
—gritó la sombra, cada palabra cargada de desprecio—.
Además, no tienes el poder para sacarme.
Darius cayó, sintiendo cómo cada golpe abría heridas de recuerdos y miedo.
Su cuerpo temblaba, pero su mente buscaba concentración.
Aún así, la sombra no cedía.
Con un movimiento rápido, lo levantó por el cuello, sus ojos llenos de odio y maldad.
—¡No puedes luchar contra mí!
—vociferó—.
¡Eres débil!
¡Eres el que debe ser borrado!
Esta oscuridad es una bendición.
Yo soy lo mejor que te ha pasado, maldito egoísta!!
El golpe final lo lanzó contra una pared de su propia mente, haciendo que todo temblara, que el village y el templo maldito se resquebrajaran.
El fuego espiritual de Darius parpadeaba, debilitado por la fuerza de su sombra.
Mientras tanto, en el mundo real, Dalái Lama observaba con preocupación.
Sus ojos, aunque ciegos, percibían la energía que emanaba de Darius.
—Cada golpe que recibe en su mente… se manifiesta en su cuerpo —susurró, su voz cargada de tensión—.
Darius… respira… confía en tu fuego espiritual.
Puedes superar esto.
No te rindas.
Dentro de su conciencia, Darius yacía entre los escombros, agotado, sus ojos cerrados, su fuego casi apagado.
La sombra se alzaba sobre él, triunfante, segura de su victoria.
Pero en ese instante, una voz resonó en su mente: —¡Hey!
¡Esto aún no termina!
¡Levántate, Darius!
Una chispa de determinación iluminó su espíritu.
Su cuerpo temblaba bajo la presión, pero algo dentro de él se negaba a ceder.
La batalla estaba lejos de terminar.
La luz y la oscuridad estaban a punto de chocar nuevamente, y Darius debía levantarse para enfrentar lo inevitable: su propia sombra.
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