NOSFERATU - Capítulo 60
- Inicio
- Todas las novelas
- NOSFERATU
- Capítulo 60 - 60 Capitulo 60- Las llamas de la liberación
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
60: Capitulo 60- Las llamas de la liberación 60: Capitulo 60- Las llamas de la liberación El templo maldito estaba en un silencio que pesaba como el mundo entero.
Sus paredes de piedra ennegrecida vibraban con un eco tenue, como si el mismo lugar contuviera la respiración.
En medio del salón, Darius permanecía erguido, envuelto en llamas azules que danzaban y serpenteaban sobre su piel, iluminando cada grieta, cada sombra.
Frente a él, su sombra se materializaba con energía oscura, palpando la realidad con su presencia corrupta y burlona.
El aire se tensó, cargado de poder.
Cada latido del corazón de Darius resonaba como un tambor de guerra, cada inhalación traía consigo determinación pura.
Su voz, firme y solemne, atravesó el silencio: —Esto termina aquí.
Este es el camino que un guerrero debe afrontar para alcanzar la grandeza.
La sombra soltó una carcajada que retumbó en las paredes, resonando en la mente de Darius como cuchillos afilados: —¿Crees que tienes todo bajo control?
¡Ja!
No eres más que un insecto.
—Estás equivocado —replicó Darius, adoptando la postura de combate que había perfeccionado tras años de dolor y entrenamiento—.
Si crees que aún tienes la ventaja, te demostraré lo contrario.
El primer contacto fue brutal.
La sombra lanzó una onda de oscuridad que cortó el aire como cuchillas, mientras Darius respondía con un estallido de fuego azul que lo recibió de frente.
Chocaron ambos poderes, creando una explosión que sacudió el suelo del templo y levantó polvo y escombros a su alrededor.
En el mundo real, el Dalai Lama observaba con ojos serenos pero penetrantes, como si pudiera ver no solo el combate físico, sino el viaje espiritual que Darius había atravesado.
—Nunca deja de sorprenderme —susurró—.
Como te dije una vez, incluso en la oscuridad más densa, siempre se esconde un rayo de luz.
De vuelta en el templo mental, los golpes se sucedían con velocidad sobrenatural.
La sombra atacaba con embestidas rápidas y filosas de energía oscura que buscaban desgarrar el cuerpo y el alma de Darius.
Él esquivaba, giraba y contraatacaba con puños y patadas envueltos en fuego azul, dejando quemaduras y cicatrices efímeras en la forma espectral de su adversario.
Cada impacto creaba ondas de energía que distorsionaban el espacio, levantando escombros que flotaban en el aire, suspendidos entre luz y sombra.
—¿Qué pasa?
—dijo Darius con burla mientras sus puños ardían—.
¿Te acabo de quemar?
La sombra, visiblemente frustrada, concentró toda su energía en un ataque masivo, una ráfaga de oscuridad que cubrió a Darius como una ola de tinta líquida.
—No puedes detenerme.
Yo soy la oscuridad.
Soy superior.
Tú no eres más que un insecto.
Pero Darius, con la calma de quien ha enfrentado su propio abismo, dejó que su fuego azul estallara.
La luz que emanaba no solo iluminó el templo, sino que pareció atravesar la oscuridad misma, dibujando siluetas de dragones y serpientes de fuego que se retorcían alrededor de él.
—Antes te odiaba, porque eras el resultado de una maldición —gritó Darius, con voz resonante—.
Pero ahora siento lástima.
Tus intentos de manipularme ya no tendrán efecto.
Desde hoy, yo controlo mi maldición.
Ya no tiene poder sobre mí.
La sombra, indignada, comprimió toda su fuerza en una esfera de energía oscura gigante.
La bola avanzaba destruyendo todo a su paso, derribando pilares y agrietando el suelo como si el templo entero fuese a colapsar.
Darius inhaló profundamente, concentrando todo lo que había aprendido, todas las pérdidas y victorias, y liberó un rugido que resonó en la piedra y en su alma.
De su cuerpo emergió un dragón de fuego azul, gigantesco y majestuoso, con alas que expandían el cielo del templo, con ojos que brillaban con determinación y furia contenida.
El choque fue cataclísmico.
La esfera oscura y el dragón de fuego colisionaron, creando ondas de energía que arrancaban fragmentos de paredes, levantaban columnas de polvo y escombros, y hacían vibrar el aire con un sonido atronador.
Cada movimiento de Darius era calculado; esquivaba, atacaba y se desplazaba con la precisión de un maestro, mientras el dragón respondía como extensión de su voluntad, mordiéndose y atravesando la oscuridad.
—No… —susurró la sombra, incrédula—.
No podía perder… Este insolente.
—El ciclo termina aquí —dijo Darius, su voz resonando con autoridad absoluta, mientras la llama azul del dragón lo envolvía por completo.
El dragón consumió la sombra en llamas purificadoras.
La oscuridad gritó y se retorció antes de disiparse, dejando solo un rastro de humo y ceniza.
Darius cayó de rodillas, agotado, con la respiración entrecortada, pero con el corazón liviano y alegre.
El templo, antes sombrío y opresivo, se iluminó con una calidez dorada y azul, revelando la puerta que conducía al mundo real.
Al caminar hacia la salida, escuchó una voz familiar: —Lo lograste.
Se giró y vio a un niño, su reflejo más joven, sonriendo con orgullo y ternura.
—Sabía que lo lograrías —dijo el niño.
—Lo hice por nosotros —respondió Darius, con una sonrisa cargada de emociones, y el niño desapareció, dejando solo la sensación de paz y liberación.
Darius cruzó el umbral, no solo como un guerrero victorioso, sino como un hombre libre, consciente de que había conquistado no solo a su sombra, sino la oscuridad que había vivido dentro de él durante tanto tiempo.
El mundo real lo esperaba, y con él, la promesa de un nuevo camino, iluminado por el fuego que ahora brillaba en su interior.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES José_salas dejen sus reseñas y comentarios
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com