NOSFERATU - Capítulo 67
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67: capitulo 67- cazadores del mismo destino- persecución en Yakarta 67: capitulo 67- cazadores del mismo destino- persecución en Yakarta La noche colgaba pesada sobre Yakarta.
Calles húmedas, neón parpadeante y un eco de caos que se filtraba entre los callejones.
Darius y su equipo salieron del Bar de la Serpiente, cada uno con la tensión pintada en el rostro.
Arriba, sobre un techo viejo, dos ojos rojos los observaban.
La silueta de un hombre lobo, musculoso y silencioso, se movía entre sombras.
Darius frunció el ceño al reconocerlo: > “Eso… eso fue lo que nos atacó en el castillo…” Nyra lo miró confusa.
> “¿Qué pasa, Darius?” > “La criatura… la que nos atacó en el castillo.
Está aquí.” El aire se volvió más denso.
La rabia y el miedo se mezclaban en el pecho de Darius.
No podía dejar que aquella presencia escapara de nuevo.
Nyra fue la primera en divisar algo entre la multitud: el informante que estaban buscando, tratando de mezclarse entre la gente.
Sin dudarlo, todo el equipo se lanzó a la persecución, esquivando transeúntes, saltando barreras y siguiendo el rastro de la figura huidiza.
Calles estrechas, luces parpadeantes, charcos reflejando la poca iluminación: cada paso aumentaba la tensión.
La criatura que los había atacado los seguía a distancia, silenciosa, observando cada movimiento.
Darius sentía el peso de lo que ocurrió en el castillo; cada golpe, cada salto, cada maniobra era un recordatorio de aquel encuentro.
Finalmente, lograron arrinconar al informante en un callejón oscuro, sin salida.
Darius se acercó, espada en mano, mientras Velkan y Nyra cerraban la vía de escape.
> “Ahora… habla.” Darius respiró con dureza.
El informante, atrapado y sudoroso, reveló la información crucial sobre la última pieza del ritual de la Reina Central.
El equipo intercambió miradas: la misión ahora estaba más clara, pero también más peligrosa.
Desde las sombras, en lo alto de un edificio, la criatura observaba.
Sus ojos rojos brillaban, calculando.
Sion estaba allí, evaluando los movimientos del equipo de Darius, listo para intervenir en el momento preciso.
El peligro estaba lejos de terminar.
La ciudad misma parecía contener la respiración, mientras los caminos de cazador y presa se entrelazaban de manera inevitable.
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