NOSFERATU - Capítulo 7
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7: capitulo 7- la llegada al pueblo maldito 7: capitulo 7- la llegada al pueblo maldito “El conocimiento es un filo más cortante que la espada; quien lo busca debe estar dispuesto a sangrar por él.” La niebla envolvía el pueblo como un sudario gris y pegajoso, ocultando casas en ruinas y calles desiertas.
Darius avanzaba con pasos medidos, cada uno resonando sobre piedras rotas, consciente de su objetivo.
No era un viajero perdido; había venido por respuestas.
Veyra era su destino, y nada ni nadie se interpondría en su camino.
Sombras se movían entre los edificios, alertas y peligrosas.
De repente, varios subordinados surgieron de la niebla: hombres deformes, con ojos incandescentes y garras listas para desgarrar.
Sin titubear, Darius atacó.
Cada golpe de su espada era preciso, calculado para sobrevivir y avanzar.
No buscaba la gloria, solo información.
—¡Por aquí!
—gritó una voz, cortando el eco de la batalla.
De un callejón emergió Velkan, un joven de 26 años con mirada intensa y determinación en su gesto.
Su carisma era inmediato, y su conocimiento del pueblo evidente.
—Si quieres llegar a Veyra con vida, necesitarás más que fuerza —dijo—.
Este lugar está lleno de trampas y enemigos que no mueren como los hombres comunes.
Darius asintió, sin palabras.
Había aprendido que la prisa no era enemiga de la prudencia.
La primera mazmorra estaba al final de una calle oscura, su entrada cubierta por enredaderas negras que parecían moverse con vida propia.
Dentro, sombras surgían de las paredes, atacando con látigos de oscuridad que buscaban envolver y estrangular.
Velkan señalaba y guiaba: —No de frente.
Mueve la luz, obliga a las sombras a retroceder.
Darius lo hizo, combinando fuerza y astucia.
Cada enemigo derrotado revelaba otro más fuerte, con habilidades sobrenaturales más aterradoras: hombres con veneno corrosivo que se filtraba por la piel, espectros que atravesaban muros y trataban de cercarlos, criaturas con fuerza descomunal.
Cada victoria se sentía agridulce: sobrevivían, pero el peligro crecía con cada paso.
—Ese… no es un simple guardia —advirtió Velkan, señalando a una criatura cubierta de sombras—.
Si te toca, roba tu voluntad.
En el momento crítico, Velkan sostuvo a Darius del brazo mientras el espectro lo atravesaba, salvándole la vida.
—No es el momento de morir —dijo Velkan—.
Te necesito… y este pueblo aún más.
La alianza entre ambos se forjó en la lucha, una relación basada en respeto, confianza y necesidad mutua.
Cada mazmorra superada los acercaba más a su objetivo: los dominios de Veyra.
Finalmente, emergieron de la última mazmorra, cubiertos de sudor, sangre y polvo.
La niebla se levantaba, revelando la silueta espectral de Veyra en la colina.
Marchita, pero poderosa, lo observaba con interés.
Sus ojos brillaban con un conocimiento oscuro, como si midiera la determinación de Darius.
—Esto… apenas comienza —susurró Darius, apretando el puño—.
Vamos, Velkan.
El viento cargado de niebla trajo un mensaje silencioso: el verdadero horror aguardaba dentro de los dominios de Veyra.
Y esta vez, la información que Darius buscaba sería tan peligrosa como el precio para obtenerla.
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