Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Nosotros en las estrellas - Capítulo 109

  1. Inicio
  2. Nosotros en las estrellas
  3. Capítulo 109 - Capítulo 109: 108 - Angels like you
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 109: 108 – Angels like you

Canción sugerida: Angels like you – Miley Cyrus

La luz del escáner se apagó.

El panel holográfico permaneció suspendido frente a mí unos segundos antes de activarse, como si incluso la máquina necesitara tiempo para organizar lo que iba a mostrar.

Y justo segundos después, las letras azules que mostraban el diagnóstico final por fin aparecieron en la pantalla.

Niveles de cortisol: Elevados.

Hidratación: Baja.

Hierro: Deficiente.

Leí cada línea con la atención requerida, presté cuidado a cada detalle, porque necesitaba saber si había algo mal en mí, si ese era mi fin. Pero no había nada fuera de lo esperado. Nada que no pudiera explicarse con turnos largos, noches sin dormir, estrés acumulado. Todo indicaba que el estrés había llegado demasiado lejos: un cuadro de burnout.

Seguí deslizando a través de la pantalla; debía saber si había algo más, porque sentía dentro de mí que no era solo estrés.

Fue cuando llegué al final del reporte.

Advertencia:

Detección de doble actividad cardíaca confirmada.

Estado: Gestación en curso.

Tiempo estimado: 8 semanas.

Leí el reporte de la máquina al menos cinco veces, esperando que esas palabras simplemente desaparecieran, porque creí haberlo imaginado en medio del estrés.

Pero luego de leerlo varias veces, me di cuenta de que era real; el aire se escapó de mis pulmones. Me llevé una mano a la boca para ahogar un sollozo, para no alertar a las personas que iban pasando fuera de esa habitación.

—No podía ser —solté, pero sabía que sí podía ser posible. La última noche con Zeke, esa en donde pensé que todo estaba bien, antes de que el mundo se rompiera, antes de que él decidiera irse y dejarme atrás.

Era suyo. Era nuestro, lo único que me había dejado, la única prueba de que había sido real.

Mi mano fue rápidamente hacia mi estómago, como si se requiriera sentirlo para creerlo, y aunque pensé que todo había pasado, que Zeke era un tema que empezaba a quedar en el olvido, la vida que estaba gestándose dentro de mí era un recordatorio del dolor y del abandono, pero también era un recordatorio del amor que aún seguía en mí, de todo aquello que hubiera dado porque él no se fuera.

Mis ojos se llenaron de lágrimas; quería dejarme caer al piso y que simplemente el tiempo se detuviera hasta que Zeke volviera, pero sabía que no iba a pasar, él no volvería.

Me incorporé, acomodé mi ropa y mantuve mi mano en el vientre. —No. No puedo llorar ahora —me ordené a mí misma, limpiando las lágrimas que aún no salían.

No estaba lista para que todos me recordaran que todo había sido producto del caos con Zeke, así que simplemente decidí que iba a guardar la noticia solamente para mí, al menos por un tiempo.

Mis dedos volaron sobre el panel de control. Debía borrar el registro, porque si alguien intentaba ver mi historial y leía lo que acababa de analizar, podría saber mi secreto.

Y como si nunca hubiera pasado, la pantalla volvió a estar en blanco.

Era hora de salir de la sala. Me obligué a moverme, a fingir normalidad; salí del consultorio y caminé por el pasillo mirando al piso. ¿Ahora qué iba a hacer? Iba en mi mundo, distraída, tanto así que estuve a punto de chocar con Chris en el pasillo.

—¡Annie! —abrió los ojos como si acabara de ver un fantasma—. Matt me dijo que te desmayaste. Te estaba buscando, ¿dónde estabas?

—En el baño —mentí, con una naturalidad que me asustó—. Tenía náuseas.

—Annie, sabes que eso ya no es normal —se hizo a mi lado, guiándome hasta su consultorio. Cuando por fin llegamos allí, me miró abriendo la puerta para mí. —Entra, por favor.

La consulta con Chris fue rápida. Me senté en la camilla, fingiendo ser la paciente dócil que nunca había sido; no di mis comentarios y tampoco decidí excusarme como siempre lo hacía, simplemente lo observaba, intentando hacerme la fuerte. Él revisó mis ojos, mi presión arterial (que seguía baja) y escuchó mi corazón.

Mientras tanto, yo contenía la respiración, rogando para que no pidiera un análisis de sangre o un escáner completo.

—Bueno, Annie —dijo Chris, quitándose el estetoscopio y mirándome con seriedad—. Físicamente, no hay nada roto. Pero tus niveles de estrés deben estar por las nubes. Tienes todos los síntomas de un burnout por el trabajo y por… bueno… el abandono de Zeke. Lo cual te ha generado insomnio, y la sobrecarga de trabajo ha derivado en una fatiga crónica acompañada de mareos, hipotensión… y bueno, todos los síntomas recurrentes que has venido desarrollando.

—¿Ves? No estaba tan mal todo este tiempo —dije, encogiéndome de hombros, rezando para que no indagara más. —Ya les había dicho que era puro estrés físico.

—Por Dios, Annie Baldwin, esto no es simplemente estrés —bufó—. Estoy harto de oírte decir eso.

Sentí su mirada recorrer mi cuerpo entero como si este fuera una evidencia irrefutable. De lo que decía.

—Pero… —Intenté defenderme, pero yo misma sabía que no era solo estrés, aunque también sabía que no era burnout como él había diagnosticado.

—No, no hay pero; sé que que se haya ido mi hermano te afectó mucho, pero es que no puedes sobrecargarte de cosas y simplemente llamarlo estrés, Annie. —Bajó la voz, intentando calmarse a sí mismo—. Esto es burnout… y tú sigues fingiendo que puedes salvar a todos mientras te rompes por dentro.

—Vale, tú ganas, ¿ahora qué? ¿Me vas a medicar o qué sigue? —pregunté.

Él escribió algo en su tableta y me lo envió a mi dispositivo; este se alumbró mostrándome las indicaciones de cuidado para su diagnóstico. No lo alcancé a leer sin que él lo dijera primero.

—Descanso absoluto. Nada de hospital, nada de consejo, nada de remodelaciones a las tres de la mañana. Tienes licencia médica por un mes.

—Un mes —intervino Matthew, entrando en la consulta; me sorprendió su sincronía—. Y me encargaré personalmente de que lo cumplas.

Me miró con esa determinación inquebrantable que lo caracterizaba, cruzándose de brazos frente a la puerta para bloquear cualquier intento de fuga.

—Y se acabaron las discusiones sobre dónde vas a vivir. No vas a volver a esa casa llena de polvo de construcción, no hasta que esté remodelada completamente —dijo buscando aprobación en Chris.

—Yo puedo seguir viviendo allí, es mi casa, no me voy a morir si me quedo —dije enfrentándolo porque sabía cuánto deseaba mi espacio, y más ahora que éramos dos compartiendo un mismo cuerpo.

—Por favor, Annie, no te voy a dejar sola, y menos cuando sé que no puedes quedarte quieta. Vi pasar sus manos por su cabello; era una muestra de que estaba perdiendo la paciencia. —Y nosotros no nos vamos a seguir quedando en tu casa cuando tú sabes que no le hace bien a Emilia respirar polvo y el ruido la pone irritable y, francamente, no confío en dejarte sola para que te desmayes y te golpees la cabeza contra un ladrillo. Te vienes a casa.

—¿A tu casa? —bufé, bajándome de la camilla con cuidado—. Matt, por favor. ¿Todavía tienes la calefacción dañada o ya lograste que funcione sin convertir la sala en un sauna? Sabes que odio el calor. Si voy a tener un mes de “descanso”, prefiero no derretirme.

Matthew rodó los ojos, pero una media sonrisa tiró de la comisura de sus labios. Sabía que era mentira, había quedado al descubierto, pero que ya no era necesaria para continuar viviendo conmigo.

—Muy graciosa. La calefacción está perfecta, para tu información. Y Abby instaló un control de clima en la habitación de huéspedes que te va a encantar. Así que deja el drama —estiró su mano para que me levantara—. Vamos a ir a tu casa, vas a empacar lo necesario y te voy a llevar a mi casa.

Sabía que no tenía caso discutir, y menos cuando Matthew usaba ese tono; alegar o negarme era una guerra perdida; al final se iba a terminar haciendo lo que él dijera.

—Está bien —suspiré, levantando las manos en señal de rendición—. Pero si sudo una sola gota, me mudo.

—Trato hecho —dijo él, pasándome mi chaqueta.

Nos despedimos de Chris, quien solo se reía de nuestra dinámica de hermanos, que juraba ya había visto miles de veces. Cuando salimos del hospital, la luz dorada del atardecer de Aurora Bay nos recibió antes de subir al auto.

Matt iba hablando con Abby por el comunicador, organizando mi “secuestro” oficial a su casa, asegurándose de pedir mi cena favorita como soborno. Mientras tanto, yo caminaba un paso atrás, con la mano discretamente sobre mi vientre aún plano.

Me subí al auto, me acomodé en el asiento y cerré los ojos un momento, intentando callar el silencio del exterior, pero antes de que el sueño me venciera, sentí el comunicador vibrar en mi muñeca.

Abrí los ojos desorientada y revisé el dispositivo; era una llamada. No era del trabajo y tampoco era de un número conocido. Se me hizo raro porque nadie llamaba en Aurora cuando la orden venía de Matthew.

Dudé un segundo antes de contestar; quizá era algo importante. Me incorporé en la silla, me froté los ojos, obligándome a despertar de nuevo, y deslicé el dedo para contestar.

—¿Hola? —dije, acercando la muñeca a mi boca.

Al otro lado, solo hubo silencio por unos segundos. Un silencio denso, cargado de estática, como si la señal viniera de muy, muy lejos. O de un lugar donde la señal no debería llegar.

—… ¿Annie?

La voz era apenas un susurro distorsionado. Se me heló la sangre. No la reconocí de inmediato, pero el tono de urgencia hizo que se me erizara la piel.

—¿Quién habla? —pregunté, en medio de susurros; vi cómo Matthew me miraba, pendiente de lo que fuera a decir.

Hubo unos segundos de silencio al otro lado de la llamada antes de que la voz volviera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo