Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Nosotros en las estrellas - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. Nosotros en las estrellas
  3. Capítulo 11 - 11 10- Greedy
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: 10- Greedy 11: 10- Greedy Canción sugerida: Greedy – Tate McRae La pregunta quedó suspendida en el aire, tan pesada que nadie se atrevía a romperla.

¿Con quién?

¿Con quién estábamos destinados a compartir una nueva vida, un espacio, una cama?

La idea me revolvía el estómago.

¿De verdad teníamos que pasar por esto?

¿Convertirnos en piezas de un experimento más, en nombres dentro de un protocolo?

Y la verdad era que sí, ya éramos un experimento, ya nos habían despersonalizado como humanos; durante años nos habíamos vuelto cifras que alguien terminaba analizando y era lo único que determinaba si ese dato servía o no y con quién.

Quizá el lado razonar se había perdido en medio del caos y lo único que había quedado era el lado analítico en el cerebro de quienes nos tenían aquí, en el espacio.

Vi cómo el video terminó, seguido por la intensa luz blanca de las luces del salón que se encendieron de golpe, dejando al descubierto un centenar de rostros pálidos y confundidos.

Por un segundo nadie se movió, como si todos esperáramos que alguien dijera que era una broma.

Pero después llegó el caos: murmullos, risas nerviosas, preguntas lanzadas al aire sin respuesta.

Quizás algunos ya tenían en mente a quién querían a su lado, con quién querían empezar este nuevo reto y desafío; todos tenían anhelos y deseos, también miedos.

¿Quién quería compartir su vida con alguien que se le había elegido por medio de una probabilidad y no porque eso era lo que deseaba para el resto de su vida?

Podía apostar que nadie, incluso yo, que no quería a ninguno de ellos, preferiría escoger a alguien porque así lo dictaba mi corazón que porque es lo más compatible según mis datos.

Mientras mis pensamientos me consumían por dentro, me quedé quieta, clavada al suelo, con un nudo en la garganta que apenas me dejaba respirar.

Sentía náuseas.

La idea de ser emparejada con un desconocido, de tener que compartir mis noches, mis rutinas, mis silencios, con alguien que apenas recordaba de vista, me aterraba.

Pero había un miedo aún más grande, uno que no me atrevía a decir ni en voz baja.

Que fuera él.

Zeke Kavan.

El hombre que más odiaba, el que había hecho de mi vida una serie de pruebas fallidas y humillaciones silenciosas.

Si el sistema era capaz de decidir que yo era “compatible” con eso, con un ser tan desagradable, entonces todo lo que Génesis Lab representaba era una broma cruel, una que sería insoportable de aceptar.

BIP-BIP.

Un sonido agudo y sincronizado cortó el aire.

Todos miramos nuestras muñecas al mismo tiempo.

El reloj de monitoreo vibraba y una luz azul comenzó a parpadear.

INICIANDO PROTOCOLO DE ASIGNACIÓN RESIDENCIAL.

El pulso me martillaba en los oídos.

Vi a Luana mirar su pantalla con una sonrisa nerviosa, a Matthew reír como si el miedo fuera un mal chiste, a Christopher bajar la vista, expectante.

Yo no podía moverme.

Solo observaba las letras temblar en mi reloj.

—Sabes, Annie, yo creo que tú y yo somos muy compatibles.

—El susurro de nuevo vino de Christopher.

—Yo no sé si existe alguien compatible conmigo, no creo que se pueda ser compatible con alguien que no conoces —dije; estaba indignada de ser vista como un ser que no siente o que no sabe tomar decisiones por sí misma.

—Igual te van a asignar a alguien, y tendrás que ser parte de eso; lo aceptaste cuando entraste por primera vez a Génesis Lab —dijo Luana, quien había escuchado lo que dije.

Vi cómo la mirada de Christopher caía al piso, como si estuviera esperando una respuesta más lógica, más acorde al sistema, que no cuestionara sus decisiones u opiniones, pero sinceramente, esa nunca podría ser.

—Igual si el sistema me asigna una pareja como tú, Chris, eso sería un pequeño alivio; aquí en la nave existen personas tan crueles como tu hermano —dije con una pequeña sonrisa; no quería que mis sentimientos por Génesis Lab y su trato como si fuéramos máquinas terminara afectando a personas tan buenas como Chris.

Volví a mirar la pulsera cuando esta se encendió e hizo un nuevo sonido.

COMPAÑERO DE CABINA ASIGNADO.

VERIFICANDO… El mensaje parpadeó durante lo que parecieron horas.

Cada segundo era una sentencia que se acercaba.

En mi mente, un solo pensamiento que suplicaba porque en ese mensaje la primera letra no fuera Z… Podía ser cualquiera, pero cualquiera menos él.

Y entonces, las letras se detuvieron.

ZEKE KAVAN.

No lo creí.

No lo quise creer.

Miré dos veces, tres, reinicié la pantalla como si un error del sistema fuera posible.

Pero el nombre seguía ahí, fijo, burlón.

ZEKE KAVAN.

El aire se escapó de mis pulmones en un solo golpe.

El ruido del salón se volvió un eco distante.

No sentí alegría, ni sorpresa, ni siquiera miedo.

Lo que sentí fue una especie de vacío helado, como si me hubieran arrancado algo de adentro.

No era destino.

Era una condena.

Levanté la vista y lo busqué entre la multitud.

Lo encontré casi al instante.

Él también miraba su reloj.

Cuando levantó la cabeza, nuestros ojos se cruzaron.

No había emoción en su rostro.

Ni sorpresa, ni disgusto.

Nada.

Un vacío absoluto.

Y eso fue lo peor de todo.

No le afectaba.

No le importaba.

Era como si el universo entero se burlara de mí a través de su indiferencia.

—Annie, ¿quién… te…?

—empezó a decir Christopher, pero se detuvo cuando vio mi cara.

Siguió la dirección de mi mirada y lo entendió sin que hiciera falta explicarlo.

Asintió despacio, en silencio, con esa tristeza que se siente cuando alguien recibe una noticia, una que no puede cambiar, esta vez por decisión de alguien que no era una persona.

No esperé más.

Me abrí paso entre la gente, tropezando con cuerpos, con voces que apenas oía.

Solo necesitaba salir, respirar.

Pero una mano firme me detuvo.

—¿Annie?

—Matthew.

Su voz sonó más a súplica que a pregunta.

Miró mi reloj, y lo vi.

Vi la tormenta formarse detrás de sus ojos.

La rabia, la incredulidad, la necesidad de protegerme, como siempre.

—No —dijo, apretando los dientes—.

No, de ninguna manera.

Sabía que no era lo que yo quería, tampoco lo que cualquier persona que aún razonara quería o intuiría.

De todos los hombres en esa nave, ¿por qué tenía que ser Zeke?

Sabía que muchas chicas saltarían de la emoción; Zeke era literalmente el hombre perfecto, el humano más poderoso en la nave, pero lejos de emocionarme, era una decisión que me rompía en fragmentos que no se podían juntar.

—¡Suéltame!

—le grité, intentando apartarlo—.

¡No quiero!

¿Entiendes?

¡No pienso ir!

Sentí las lágrimas salir, calientes, furiosas, incontenibles.

Todo lo que había estado conteniendo estalló de golpe.

—¡Tiene que ser un error!

—seguí gritando, sin importarme quién escuchaba—.

¡Primero me trata como basura, ha sido así desde la primera vez, desde hace más de diez años!

En las simulaciones, me dejaba morir, me abandonaba o me utilizaba como sebo ante cualquier bestia o animal; aparte, todos lo vieron, yo lo vi, se estaba besando con Natalie y ahora… ¡Ahora se supone que tengo que compartir una habitación con él!

¿Dormir al lado de él?

¡Ni muerta!

Las miradas se clavaron en mí, pero no me importó.

Ya no me importaba nada.

—No voy a ser su error asignado, Matt —dije entre sollozos—.

No voy a ser la variable que tiene que arreglar.

¡No puedo!

Matthew no dijo nada.

Simplemente me abrazó.

Me apretó con tanta fuerza que casi dolía, pero fue lo único que me mantuvo en pie.

Mis puños golpearon su pecho un par de veces, sin fuerza, hasta que el temblor en mi cuerpo empezó a ceder.

—Lo sé, Ann…

lo sé —susurró, acariciándome el cabello—.

Tranquila.

Voy a arreglarlo.

Pero los dos sabíamos que no podía.

Nadie podía.

Cuando por fin logré respirar otra vez, me separé de él.

Las lágrimas se habían secado en mis mejillas, dejando solo esa sensación agria de derrota.

No había escapatoria.

El reloj vibró de nuevo.

Bajo el nombre de Zeke Kavan, apareció una nueva línea de texto, fría y definitiva: DIRÍJANSE A SU CABINA ASIGNADA: SECTOR GAMMA, NÚMERO 7.

Comprendí que entre todo lo que Génesis Lab siempre quiso enseñarnos, la libertad nunca fue parte del plan.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo