Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Nosotros en las estrellas - Capítulo 18

  1. Inicio
  2. Nosotros en las estrellas
  3. Capítulo 18 - 18 17- Rara Vez
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

18: 17- Rara Vez 18: 17- Rara Vez Canción sugerida: Rara Vez – Milo j Entre más tiempo pasábamos juntos, más evidente se volvía que la muralla que alguna vez nos separó ya no existía.

Quedaban restos, sí, pero eran como escombros que yo evitaba patear, porque sentía que si miraba demasiado ese desastre, algo dentro de mí se iba a venir abajo sin remedio.

Nada de lo que nos enseñaron en Génesis Lab nos había preparado para esto.

Allá todo era orden, control, métricas, simulaciones.

Pero aquí… aquí había un tipo de caos que ninguno de los dos sabía manejar.

Un espacio donde los límites habían dejado de funcionar hacía rato, pero ninguno se atrevía a admitirlo.

Estábamos sentados frente a la mesa con nuestras tabletas, fingiendo trabajar.

El protocolo se había vuelto una rutina vacía.

Una excusa para actuar como si nada estuviera cambiando entre nosotros, cuando en realidad lo sentíamos en la piel.

En cada respiración.

En cada silencio.

Yo intentaba concentrarme en mis simulaciones, en esos resultados anómalos que siempre terminaban siguiéndome como una sombra.

Quería ignorar el hecho de que él estaba ahí, tan cerca.

Tan presente.

Quería ignorarlo, hacer como si nada estuviera pasando, incluso cuando no me miraba de frente.

Porque lo sabía.

Lo sentía.

Cada vez que levantaba la vista, aunque él siguiera leyendo, era como si su mirada ya hubiese recorrido cada milímetro de mis gestos.

A veces, sin siquiera voltear a verlo, sabía que sus ojos estaban sobre mí, analizando todo.

Mis manos, mi postura, mi respiración, incluso ese gesto absurdo que hacía con los labios cuando estaba concentrada.

Ese gesto que ahora odiaba, porque parecía que llamaba su atención como si le hubiese puesto un reflector encima.

—No es suficiente —rompió el silencio de pronto.

Su voz sonó firme, casi impaciente, pero había algo más debajo.

Algo que no supe nombrar.

Parpadeé, sacudiendo el trance en el que estaba.

—¿Perdón?

Giró su tableta hacia mí, acercándola lo justo para obligarme a verla.

—Los datos históricos.

Son útiles, sí, pero no concluyentes.

Es como… —Me miró y sus ojos brillaron con esa chispa peligrosa que conocía demasiado bien; sabía que se le había ocurrido una idea, quería que siguiera hablando y así lo hizo.

—Es como…

Buscar una ballena en el espacio.

No la vas a encontrar con datos vagos.

Necesito ver la anomalía en tiempo real.

Su mirada sostuvo la mía, segura.

Decidida.

Como si ya hubiese tomado la decisión desde hacía días y solo estuviera esperando el momento de arrastrarme con él.

Y ahí sentí ese nudo en el estómago.

Ese que no era miedo, pero se parecía demasiado.

—¿Otra simulación?

¿Podemos hacer eso aquí?

—dije en medio del silencio que él había creado.

—No, no tenemos el equipo completo para una simulación total —respondió.

Pero su tono cambió, suavizándose con una intensidad que me erizó la piel.

—Pero podemos improvisar.

Levántate.

—Dijo sin un toque de duda, pero en su voz había algo más, quería probar algo más.

No debería haberlo hecho.

Yo lo sabía.

Él lo sabía.

Pero igual me levanté.

Había algo en su voz que siempre lograba arrastrarme, incluso cuando yo intentaba resistirme.

Fue hasta el armario de suministros y volvió con un escáner biométrico portátil.

Cuando regresó, su expresión ya no era la del científico brillante a punto de probar una teoría, sino algo distinto.

Más suave.

Más… personal.

—Primero voy a registrar tus signos vitales —dijo, como si fuera lo más normal del mundo, como si se tratara de un estudio clínico.

Vi cómo abrió los datos en el holograma, mis signos vitales en pantalla grande, dio algunos pasos hacia mí, ahora estaba a pocos centímetros de mí, con ese aparato en la mano y esa mirada que me desarmaba con solo sostenerla.

Acercó el escáner a mi muñeca.

Sus dedos rozaron mi piel.

Y sentí ese tipo de corriente que sube despacio, como un aviso.

Como una promesa.

Y ojalá hubiera podido culpar al miedo… pero no era miedo.

Yo lo sabía.

—Intenta recordar la simulación de la selva —dijo en ese tono que roza con un susurro.

—El momento exacto en el que sentiste miedo.

Cuando la serpiente te mordió.

Su petición tenía lógica científica.

Tenía sentido.

Pero dentro de mí no había nada lógico.

Ese recuerdo no era solo un susto; había algo en él que había quedado vibrando en mi cuerpo más tiempo de lo normal.

Algo que él había visto.

Y yo odiaba que lo hubiera visto.

Cuando se acercó unos centímetros más, sentí cómo el aire entre nosotros cambiaba.

Era como si la habitación hubiera encogido.

Como si fuese más espeso, más cálido.

El tipo de aire que hacía difícil pensar.

El tipo de aire que hacía que mis defensas se desmoronaran de forma silenciosa.

Pasó el escáner por mi muñeca.

Sus dedos siguieron ahí, como si no tuviera prisa por soltarnos.

—Tu pulso se está acelerando, Woods —susurró acercándose más.

No hacía falta que mirara la pantalla para saberlo.

Lo estaba sintiendo yo misma.

—Quizá es una reacción alérgica a los idiotas que invaden mi espacio personal —respondí en un intento de mantener el control.

El sarcasmo había sido mi escudo desde que tengo memoria.

Y él lo sabía.

Le cruzó una sonrisa, y lo peor fue que no fue de burla.

Fue una sonrisa real.

De esas que te meten en problemas.

Movió el escáner hacia mi cuello, justo bajo mi mandíbula.

Mi respiración se detuvo sin que yo pudiera controlarlo; estaba provocándome sin siquiera hacerlo directamente; era la primera vez que lo tenía intencionalmente tan cerca y definitivamente estaba obteniendo una reacción de mí.

—Si haces eso, no voy a poder concentrarme —alcancé a decir, sin antes tragar saliva; mi garganta se sentía seca.

—Dudo que una serpiente hubiera subido tan alto.

—Eso no lo sabes —susurró, y sentí su voz como un roce en la piel.

Abrí los ojos.

Los suyos estaban ahí.

Azules.

Intensos.

Había visto esa intensidad antes, pero no así.

No dirigida a mí de esa manera.

Y lo que vi en ellos ya no era solo curiosidad científica.

—Fascinante —murmuró, con una voz más baja.

—Subiste tu temperatura cero punto siete grados.

Tu ritmo cardíaco… sigue siendo anómalo.

Siempre una variable.

Ya no sabía si seguía hablando del experimento o de mí, de lo que su cercanía estaba causando, si era lo que estaba buscando.

Tragué saliva.

—Suficientes datos.

Ya tienes bastante para analizar.

Fue como si no me hubiera escuchado, porque se quedó ahí, tan cerca, un segundo más.

Ese segundo fue lo peor, porque se sentía como si algo en él quisiera quedarse.

Como si estuviera librando una batalla interna que no tenía nada que ver con la ciencia.

Finalmente, dio un paso atrás.

El aire volvió a entrar en mis pulmones como si hubiese estado conteniéndolo durante un siglo.

Se sentó de nuevo como si no hubiera pasado nada.

Yo no podía hacer lo mismo.

Fui a la cocina.

Necesitaba agua.

O aire.

Quizá solo desaparecer temporalmente de la existencia.

Mis manos temblaban.

El vaso casi se me resbaló, y me odié un poco por eso.

Pensaba que ahí terminaba.

Que ese era el final del juego tonto que había comenzado.

Pero su voz llegó de nuevo, y esta vez fue como una chispa encendiendo algo que ya estaba ardiendo demasiado.

—¿Qué pasa, Woods?

¿Tu debilidad por mí te deja sin palabras?

Me giré.

Caminé hacia él.

No sé si buscaba enfrentarlo o protegerme, pero mis piernas se movieron solas.

—Primero: no sabes cuánto te odio ahora mismo.

Y segundo: ni se te ocurra pensar que eres mi debilidad.

Él se levantó despacio.

Siempre despacio.

Como si supiera que eso me hacía más difícil respirar.

Así como lo haría un león a punto de acechar su presa.

—¿Segura?

—preguntó, bajando la voz; sentí cómo la electricidad de este momento me recorría la columna.

—Porque los datos dicen otra cosa.

Con solo acercarme, perdiste el control.

Sus palabras me dejaron sin aire.

Me sentí expuesta.

Y no de esa forma bonita de las películas.

No.

De la forma que duele porque es verdad, porque era debilidad.

—No fue por ti —balbuceé.

—Fue por el recuerdo… la simulación… yo… Su mano llegó a mi nuca.

No fue brusca.

No fue invasiva.

Fue suave.

Precisa.

Como si supiera exactamente dónde tocar para que mi cuerpo olvidara todo lo que yo quería recordar.

—¿Por…?

—me empujó a terminar.

Pero no pude.

Porque mi cuerpo ya había respondido antes que mi mente pudiera formar una frase coherente.

—Aléjate —susurré, casi como una súplica.

Todo era contradicción; mi voz pedía una cosa.

Mi cuerpo… pedía otra.

El beso llegó sin aviso.

Sin permiso.

Sin duda.

Y lo odié.

Porque lo había esperado.

Porque lo había imaginado.

Porque lo había querido.

Fue un beso feroz, urgente, como si ambos estuviéramos sosteniéndonos de algo que sabíamos que no podíamos sostener.

Como si nos estuviéramos rompiendo al mismo tiempo que nos buscábamos.

Mis manos deberían haberlo empujado.

Deberían haber puesto distancia.

Pero lo agarraron.

Lo acercaron más.

Por un instante, uno que aún podía sentir en la piel mucho después, todo desapareció.

La nave.

El protocolo.

El mundo.

Solo existía él.

Su boca.

El temblor.

El calor.

La condena compartida.

Cuando se apartó, ambos buscábamos aire como si hubiéramos corrido.

Sentí mis labios arder, y me odié un poco más.

—Te odio, Kavan —dije.

Y dolió, porque sonó a verdad cuando era mentira, y a mentira cuando era verdad.

Él sonrió, pero esa sonrisa ya no era una herida abierta; era una cicatriz recién hecha.

—Yo también te odio, Woods.

Y ahí estábamos.

Dos personas paradas demasiado cerca, con el corazón latiendo demasiado fuerte, y sin saber dónde poner las manos ahora que ya nos habíamos tocado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo