Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Nosotros en las estrellas - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. Nosotros en las estrellas
  3. Capítulo 22 - 22 21- Zitti e bouni
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

22: 21- Zitti e bouni 22: 21- Zitti e bouni Canción sugerida: Zitti e bouni – Maneskin —Ya basta —dije, y mi voz sonó más firme de lo que esperaba—.

Dejen de hablar de mí como si no estuviera aquí.

Ninguno de los dos tiene el derecho de decidir por mí; ya no soy una niña indefensa, por si no se habían dado cuenta.

El silencio cayó como una pared invisible.

Ambos se giraron hacia mí: Matthew, con el ceño fruncido, era la primera vez que cuestionaba algo de lo que decía.

Zeke, por otro lado, me miró con esa calma tensa que usaba cuando calculaba su siguiente movimiento.

—No me importan tus datos —le solté a Zeke, sin dudar—.

Ni tus recuerdos —añadí, mirando a mi hermano—.

No voy a elegir entre un cuento de hadas y una conspiración.

Voy a encontrar la verdad, es lo único en lo que voy a creer y lo voy a hacer por mí misma.

Matthew dio un paso adelante.

Sus manos temblaban, pero su voz sonó firme.

—Annie, no hay nada que encontrar, no hay cuentos en los recuerdos, son hechos, y tú sabes que nuestros padres eran buenas personas, nos querían; ellos…

ellos murieron.

Fin de la historia.

Creer otra cosa es traicionarlos.

—¿Habla el jefe de tripulación o mi hermano?

—pregunté.

Vi cómo la palabra hermano lo golpeó.

Le dolió más que cualquier acusación.

—Porque me suena a orden, y yo no voy a obedecerte —dije convencida de que dijera lo que dijera, no iba a cambiar de opinión.

—Annie… —Su tono cambió, casi una súplica—.

No dejes que él te meta ideas.

Papá y mamá jamás te habrían hecho daño.

¿Es tan difícil aceptarlo?

Eran doctores, los mejores.

Curaban personas, te amaban, nos amaban.

No hay nada que buscar, no puedes ir por ahí abriendo heridas solo porque Zeke lo dice.

—¿Y si la mentira es la tuya, Woods?

—intervino Zeke, directo, sin emoción, confrontando a Matthew—.

¿Y si toda tu vida fue creada para protegerte de algo que no podías soportar?

¿No crees que el experimento que hicieron en Annie fue por una razón más grande?

—¡Cállate, Kavan!

—gritó Matthew, poniéndose entre nosotros—.

¡No tienes derecho a hablar de nuestros padres!

—Se convirtió en mi derecho el día que Génesis Lab me emparejó con ella —replicó Zeke, con una frialdad que dolía más que sus palabras.

Los observé a ambos, en medio de ese campo de batalla.

Dos versiones de la verdad, dos hombres convencidos de protegerme, cuando lo único que hacían era empujarme más cerca del borde.

—Necesito acceso a los archivos completos de la Misión Éxodo I —dije al fin, cortando la tensión como un bisturí—.

No fragmentos.

Todo: manifiesto, registros, planes de contingencia.

—Imposible —respondió Matthew, sin dudar—.

Ni lo pienses, Annie, no va a pasar, yo no lo voy a permitir.

—Ustedes dos tienen nivel Alfa —insistí—.

Pueden conseguirlo.

Zeke no respondió de inmediato.

Me observó con esa mirada analítica que usaba cuando evaluaba un riesgo.

Sabía que ayudarme significaba enfrentarse a Matthew, pero negarse era renunciar a la verdad que lo había obsesionado.

Matthew, en cambio, parecía pelear con algo más profundo: el miedo.

No al castigo, sino a perderme.

—Podría hacerlo —dijo Zeke, finalmente.

—Pero no lo harás —interrumpió Matthew, su voz dura, autoritaria—.

Si lo intentas, te reporto.

Y tú, Annie Woods… no tienes ni idea de lo que te harán si descubren que estás violando protocolos.

Te pueden expulsar de la nave.

Piénsalo.

Su tono me heló.

No era solo un hermano preocupado; era el oficial hablando, el que anteponía las reglas a todo.

Sus ojos se clavaron en los míos, cargados de rabia y miedo al mismo tiempo.

Dio un paso atrás, como si contenerse le costara.

—Atrévete a tocarla y no respondo —advirtió Zeke, colocándose frente a mí.

—¿Por qué lo haces, Kavan?

Todos aquí sabemos que ella no te importa…

—empezó a decir Matthew, pero no lo dejé continuar.

—No necesito que me defiendan —interrumpí.

Zeke desvió la mirada, pero no dijo nada.

Matthew seguía temblando, intentando sostener su autoridad sobre un terreno que se desmoronaba.

—Tengo que hacerlo, Matt —susurré, y mi voz sonó más triste que desafiante—.

Necesito saber quién soy.

Vi cómo bajaba la mirada.

Era mi hermano, pero en ese momento sentí que había un muro entre nosotros.

—Está bien, no voy a ir en contra de las leyes que parecen importar más que cualquier cosa.

No pienso robar tus archivos —continué—.

Y no, tampoco voy a necesitar tus permisos.

Pero encontraré la verdad con mis propias manos; al final, la respuesta está en mi ADN.

Respiré hondo.

—Vamos a llevar mi anomalía al límite.

Usaremos los simuladores y los laboratorios.

Si los archivos dicen la verdad, mi cuerpo también la tiene.

Voy a encontrarla.

El silencio que siguió fue pesado, casi físico.

Zeke fue el primero en hablar.

—¿Sabes lo que estás proponiendo?

—preguntó con voz baja—.

Si forzamos tus límites, podrías entrar en colapso.

Convulsiones, daño neurológico, coma… incluso la muerte.

—¡No!

—intervino Matthew, visiblemente alterado con cada consecuencia que nombraba Zeke—.

Annie, no vas a hacerlo.

No por él.

No por esto.

Es como salir al espacio sin traje.

No lo hagas.

—Se giró hacia Zeke—.

¡Y tú, deja de meterle ideas peligrosas!

Los miré a ambos.

Uno era pura lógica.

El otro, puro miedo.

Yo solo quería respuestas.

—No es por él —dije, despacio—.

Es por mí.

Matthew entendió que no iba a detenerme.

Lo vi en su mirada: decepción, impotencia, resignación.

—Está bien, lo haremos, pero no voy a arriesgarte por un capricho, lo vas a hacer de la forma peligrosa que lo planeas —murmuró, con la voz quebrada—.

Si realmente quieres respuestas, leeremos los archivos.

Pero lo haremos a mi manera.

Sin riesgos.

El aire pareció calmarse por un instante.

Una tregua tensa, frágil, pero tregua al fin.

—La excusa perfecta —intervino Zeke, rompiendo el silencio—.

“Investigación previa para la adaptación al ambiente de Percevalis”.

Protocolo estándar.

Nadie sospechará.

Matthew lo fulminó con la mirada, pero no lo contradijo.

—Y tiene razón —añadió Zeke, esta vez mirándome a mí—.

No vamos a arriesgarte.

—No necesito protección —respondí, cansada—.

Solo necesito la verdad.

Matthew pasó una mano por su cabello, rendido.

—Está bien.

Pero lo haremos juntos.

Si algo sale mal, terminamos con esto.

Promételo.

No respondí.

Solo asentí.

Era la única forma de avanzar sin que me encerraran de nuevo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo