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Nosotros en las estrellas - Capítulo 30

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30: 29 – Silence 30: 29 – Silence Canción sugerida: Silence – Marshmello ft.

Khalid Alisté todo en el laboratorio para que pudiéramos comenzar a trabajar.

Aliste todo para que cuando él llegara todo estuviera perfecto.

Cada movimiento era preciso, mecánico.

Entre más rápido pudiéramos replicar el componente de Cristal, más rápido me podía alejar de Zeke; sabía que este era nuestro último proyecto juntos.

Al llegar a Percevalis, trataría de alejarme de él lo más que pudiera, en algún lugar en donde él no pudiera hacerme daño, o al menos, eso era lo que creía.

Organicé los secuenciadores, calibré los microscopios y preparé las muestras.

Cuando él entró, todo estaba listo para empezar.

Pero la sincronía que habíamos construido, esa danza silenciosa de eficiencia que solía existir entre nosotros, había desaparecido.

Ahora solo éramos dos cuerpos extraños ocupando el mismo espacio.

Nos chocábamos al alcanzar la misma herramienta, nuestras manos se rozaban y ambos retrocedíamos como si nos hubiéramos quemado.

No hablábamos.

El silencio era un abismo lleno de las palabras que le había gritado en su oficina.

Pasaron las horas.

Llevábamos al menos cinco allí.

El aire estaba tan denso que costaba respirar.

—Tengo que irme —dije, quitándome la bata de laboratorio.

—¿Irte?

—preguntó sin levantar la vista del holograma que analizaba—.

¿Qué es más importante que esto, Woods?

Estamos trabajando.

No te puedes ir.

Su voz era la del líder.

Fría, autoritaria.

La voz que usaba cuando quería levantar muros.

—Lo siento, pero tengo que hacerlo —repliqué con el mismo tono helado—.

Tengo las próximas dos horas libres para conocer al menos a una persona, como dictan las reglas.

No voy a llegar a Percevalis sola solo por tu capricho.

Giró lentamente hacia mí, y por un segundo vi un destello de algo en sus ojos.

Dolor.

Pero desapareció enseguida, reemplazado por su máscara habitual.

—Bien.

Ve.

Salí antes de que pudiera arrepentirme.

La sesión social era un mar de rostros desconocidos y conversaciones forzadas.

Me senté en una mesa, sola, sintiéndome completamente fuera de lugar.

Estaba a punto de rendirme y volver a mi cabina cuando una voz familiar rompió el ruido.

—¿La heroína de la nave, escondiéndose en un rincón?

Era Esteban.

Se veía mejor.

Su brazo ya no estaba inmovilizado, solo llevaba un soporte ligero.

—Hola —dije, intentando una sonrisa—.

No me escondo.

Solo… observo.

—Claro —respondió, sentándose frente a mí—.

¿Observas el circo?

Su tono cargado de amargura me descolocó.

—¿A qué te refieres?

—A esto —dijo, señalando el salón lleno de gente—.

Todos pretendiendo que esto es normal.

Que elegir con quién pasarás el resto de tu vida es como elegir qué pedir en la cafetería.

Lo miré un momento.

No había sarcasmo, solo frustración.

—No es tu culpa —le dije al fin—.

Ni la mía.

—No.

Pero aquí estamos —replicó, su mirada suavizándose—.

Oye, con todo lo que pasó, no tuve tiempo de agradecerte.

Por ayudarme.

—Solo hacía mi trabajo.

—No.

Fuiste amable.

Te quedaste a hablar conmigo.

Eso no es solo trabajo.

Hizo una pausa, bajando la voz.

—Sé que no soy tu primera opción, y probablemente tú tampoco la mía, pero… ¿Te gustaría serlo?

¿Al menos por esta noche?

No lo tomes como una conversación decisiva, solo pasemos el tiempo juntos, nunca sabrás lo que puede ser si no le das un intento, y a ese intento me refiero a mí.

Lo miré.

Era tranquilo, directo, sin esa oscuridad que me atraía y me destruía en Zeke.

Con él todo era seguro.

Simple.

—Me encantaría, darle una oportunidad a ese intento —respondí, bromeando, pero era la única forma que encontraba para alivianar el ambiente, primera vez esa noche, mi sonrisa fue genuina.

Hablamos durante horas.

El tiempo voló.

Me contó su pasión por explorar mundos, por cartografiar lo desconocido.

Y yo, por primera vez, hablé de mis padres sin sentir que el pecho se me rompía.

Hablé del orgullo de seguir su camino, del peso que representaba ser “la hija de los Woods”.

Fue fácil.

Fue… agradable.

—¿Quién diría que ustedes dos terminarían juntos?

—dijo Matthew, acercándose a nuestra mesa con Abby a su lado.

Su voz tenía ese tono burlón que usaba para ocultar el cariño, pero sus ojos estaban llenos de una aprobación que me calentó el corazón.

—Annie, cuando el corazón elige, no podemos hacerlo cambiar de elección.

—Me miró como si supiera que mi corazón ya había hecho una elección antes.

—Bueno, en tu caso, el corazón necesita más opciones.

Todos reímos; sabía que Matt era capaz de ver a través de mí; mi mirada le decía todo.

No había otro como Zeke en mi corazón, pero también sabía que tenía que pasar la página o me quedaría sola.

Le sonreí esa sonrisa que le decía “todo va a estar bien”; vi cómo él entendía; todo se sintió normal.

Como si la nave no fuera una prisión flotante, como si el caos se hubiera detenido.

Hasta que la vi.

Natalie.

Caminaba hacia nosotros, su rostro tenso, la mirada fija en Zeke.

Pero Zeke no estaba ahí… hasta que su voz retumbó a lo lejos.

—¡Zeke, para!

—gritó Christopher.

—¡No quiero escucharte!

—respondió él, zafándose del agarre de su hermano y avanzando hacia nosotros.

El ruido del salón se apagó.

Zeke caminaba directo hacia mi mesa, con una furia contenida en cada paso.

Se detuvo frente a nosotros, su mirada clavada en Esteban.

—Se acabó la hora social.

—Aún quedan diez minutos, Kavan —replicó Esteban, poniéndose de pie, sin ceder terreno.

—Para ti, se acabó ahora.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, Zeke lo tomó por el cuello del traje y lo empujó contra la pared.

El golpe resonó en todo el salón.

—¿Qué te pasa?

¡Zeke, déjalo!

—grité, interponiéndome entre ellos.

—¡Apártate, Annie!

—rugió, pero no me moví.

Lo miré directamente a los ojos, con la respiración agitada, el corazón al borde del colapso.

Y en ese segundo, comprendí que no era solo rabia lo que ardía en él.

Era miedo.

Miedo de perder el control.

De perderme a mí.

Pero ya era demasiado tarde para detener lo que se había encendido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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