Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Nosotros en las estrellas - Capítulo 7

  1. Inicio
  2. Nosotros en las estrellas
  3. Capítulo 7 - 7 6- The Hardest Part
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

7: 6- The Hardest Part 7: 6- The Hardest Part Canción sugerida: The Hardest Part – Olivia Dean Salí de la oficina con el corazón desbocado.

La piel todavía me ardía donde sus manos me habían tocado, como si hubiera dejado una marca invisible.

Me apoyé contra la pared del pasillo, fría y metálica, intentando recuperar el aire.

Contar hasta diez no sirvió de nada.

Por un segundo pensé en dejarme caer al suelo, cerrar los ojos y fingir que nada de esto estaba pasando.

Sacudí las manos varias veces, como si con eso pudiera borrar el calor de su tacto.

Pero no.

El cuerpo tiene memoria, y la mía se negaba a olvidar.

No había manera de justificar lo que había sentido.

No podía ser otra cosa que rabia, confusión o simple adrenalina.

Zeke Kavan no era el tipo de persona capaz de provocarme otra emoción que no fuera rechazo.

Tenía que ser eso.

Solo eso.

Con un suspiro largo, caminé hasta la sala de archivos.

No sabía si iba porque él me lo había ordenado o porque necesitaba escapar de mis propios pensamientos o incluso de él.

El lugar estaba casi vacío, iluminado por las luces azuladas de decenas de pantallas que zumbaban en silencio.

El aire olía a metal y electricidad.

Introduje el código que me había pedido: Simulación 14-B.

El sistema procesó la orden y, en segundos, una lista interminable de archivos apareció frente a mí.

Los nombres me resultaban familiares, como heridas mal cerradas: Simulación 3-A: Falla de contención.

7-C: Contacto hostil.

Cada uno era un fragmento de nuestra historia dentro de Génesis Lab, una colección de traumas digitalizados.

Cuando finalmente apareció el que buscaba, el estómago se me encogió; sabía exactamente lo que tenía frente a mí.

Simulación 14-B.

Año 5 del programa.

Entorno: selva tropical.

Objetivo: exploración y supervivencia.

El nombre me golpeó como un recuerdo desagradable.

Cerré los ojos y, de pronto, ya no estaba en la sala de archivos.

Estaba allí, en la simulación; todo se sentía tan vivido, tanto como la primera vez.

Recuerdo el planeta, el nombre técnico: Amazónico.

Un planeta selvático, habitado por miles de especies salvajes, algunas de ellas que habían desarrollado un nivel de camuflaje casi perfecto, lo que hacía a este planeta uno de los más peligrosos; el aire era denso y pegajoso.

Cada respiración pesaba, como si en vez de oxígeno se respirara vapor.

Podía oler la tierra mojada, sentir el zumbido de insectos digitales que se movían entre hojas gigantes.

El suelo se hundía bajo mis botas.

El sistema de inmersión era tan real que por momentos olvidaba que estabas dentro de una máquina.

Zeke era el líder del equipo.

Lo recordaba perfectamente.

—Escuchen —dijo, con esa voz dura que no dejaba espacio para el error—.

Muévanse rápido y no se separen.

No toquen nada.

Apreté los puños.

Sabía lo que venía después.

Me acerqué a él, insegura, tragándome el orgullo.

—Zeke, yo… —dije con la voz baja—.

Soy alérgica al veneno de serpiente.

El sistema lo sabe.

Una sola picadura podría ser fatal y podríamos fallar.

Él se giró apenas, su mirada fría y cortante.

—Entonces no dejes que te piquen —respondió, su voz sin una pizca de empatía.

—Zeke, por favor, hablo en serio.

No me dejes atrás.

Es en la retaguardia donde…

No me dejó terminar, me quedé con mis argumentos a la mitad, vi cómo levantó la mano en un gesto odioso que decía “ya basta”.

—Ya te escuché —dijo con tono seco—.

Cierras la fila.

Sabía que me odiaba, que era un peón en su juego, pero ese día mi advertencia le había dado una idea: sacrificar al eslabón débil del equipo.

Luego de asignar el plan de acción, comenzamos a avanzar entre la vegetación virtual.

Cada paso era un ruido que me hacía saltar el corazón.

Las sombras se movían a los lados; los sonidos eran tan reales que juraría que algo respiraba cerca de mí.

Iba de última, y la sensación de estar completamente expuesta me helaba por dentro.

Y entonces pasó.

Lo sentí antes de verlo.

Un roce rápido entre las hojas, un destello en el suelo y luego el dolor, ardiente y punzante, en el tobillo.

—¡Me ha picado algo!

—grité, sintiendo cómo el pánico se apoderaba de mí.

Zeke se giró, su cara más molesta que preocupada.

La alarma del simulador estalló en un pitido agudo, señal de que la misión había fallado.

Mi cuerpo temblaba.

La visión comenzó a nublarse y, en segundos, todo se apagó.

Había muerto.

Y con mi muerte, todo el equipo había caído.

Abrí los ojos de golpe, de nuevo en la sala de archivos.

Mi corazón latía tan rápido que me costaba respirar.

El recuerdo seguía ahí, fresco, doloroso.

Odiaba esa simulación.

Odiaba cómo me había hecho sentir.

Y odiaba aún más que Zeke la hubiera pedido.

¿Por qué quería ese archivo ahora?

No tenía sentido.

A menos que no se tratara del informe, sino de mí.

Una manera elegante de recordarme mi lugar, de recordarme que bajo su mando no era nadie.

Apreté la tableta con la rabia contenida que me recorría el cuerpo; no había superado esa simulación, porque aunque fue su culpa, todas las consecuencias recayeron en mí, en el peón de su ajedrez, uno en el que yo iba perdiendo.

Regresé a su oficina sin llamar.

Solo aventé la puerta, que chocó contra la pared al abrirse; vi cómo Zeke levantó la vista cuando la puerta se abrió, sorprendido por mi entrada.

Caminé directo hacia su escritorio y dejé la tableta sobre la mesa con un golpe seco, el mismo sonido que él había hecho antes.

—Aquí tienes tu simulación —dije, firme, por primera vez, sin una pizca de duda o temblor en la voz.

Por un segundo, nuestros ojos se cruzaron.

Esta vez no bajé la mirada.

No iba a darle el gusto de verme frágil.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo