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Nosotros en las estrellas - Capítulo 80

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Capítulo 80: 79 – Vigilante Shit

Canción sugerida: Vigilante Shit – Taylor Swift

La puerta del sótano se abrió con un golpe seco. Era Zeke; entró con una fuerza que asustaría a cualquiera, no disimulaba el enojo acumulado que lo quemaba por dentro. Traía la misma ropa del día anterior, la misma que le había visto puesta antes de salir de la casa; traía esa mirada calculadora que usa cuando evalúa daños estructurales.

Cuando se detuvo. Sus ojos barrieron el lugar: Abby trabajando cuando debería estar descansando, Matthew trabajando en su tablet y Dorian demasiado cómodo en un espacio al que no pertenecía y yo, parada allí en un lado, liderando algo que él desconocía.

—¿Qué está pasando aquí? —Su voz fue baja, controlada, pero con ese filo que te hace querer retroceder. No miró a Dorian. Me miró a mí —. Te busqué en la casa, en el muelle. Nadie sabía dónde estabas. ¿Qué estás intentando, Baldwin? ¿No te bastó con tu acto en el consejo que ahora haces cosas a mi espalda?

Di un paso para responderle; nadie me hablaba así, o cuestionaba antes de preguntar si funcionaba. No era una de esas personas que lo seguía ciegamente; yo no era esa persona que permitía que la culparan por cosas de las que no tenía control. Cuando abrí mi boca para refutarle, Dorian dio un paso al frente, interponiéndose.

—Perdón, ¿cómo le estás hablando? No tienes derecho a entrar así.

Zeke ni siquiera parpadeó. Dio un paso lateral, ignorando a Dorian como si fuera un mueble mal colocado en ese sótano, uno al que él tenía que mostrarle cuál era su lugar. Se plantó frente a mí. Me tomó de la cintura con firmeza.

—Es mi mujer —dijo, sin levantar la voz, mirando a Dorian por encima de mi hombro con una frialdad técnica—. Y tú eres un invitado aquí, no te confundas.

—¿Qué haces? Suéltame —le dije susurrándole al oído, un acto para que él solo escuchara; aún estaba enojada con él, incluso aunque lo amara; no era su posesión.

Me soltó despacio, asegurándose de que el mensaje hubiera quedado claro, y se giró hacia el tanque de pruebas.

—¿Y esto? —preguntó, señalando el holograma. Su tono cambió; ahora era líder hablando—. Matt, ¿cómo dejaste que se metieran en esto? Estamos con una crisis de nivel cinco en el sector tres y ustedes están jugando a… por favor, ¿qué es esto? ¿Alguien puede explicarme?

—No estamos jugando, Zeke —respondió Matt, levantándose de su silla. No bajó la mirada—. Mira, entiendo que estés enojado, pero se nos olvida que también podemos crear soluciones; para eso vinimos a este planeta, no a depender de lo que otros nos dan como migajas. Así fue cuando salimos de Villa Cristal unos meses atrás… pero creo que te has olvidado de lo que somos capaces, Kavan.

—Ustedes saben que no se trata de lo que podemos o no —dijo con esa voz cansada—. Estoy intentando mantener Aurora Bay de pie, chicos, estoy intentando que nos respeten, que podamos sobrevivir.

—Zeke, no podemos vivir sobreviviendo, ya hemos vivido así por mucho tiempo. ¿Recuerdas por qué salieron de Villa Cristal? —Di un paso para estar cerca de él, que me escuchara—. Porque queríamos vivir libres, felices, tener el poder de decidir sobre nuestras vidas.

Pareció como si algo de lo que habíamos dicho entrara en la cabeza de Zeke hasta que sus ojos se dirigieron a Abby, quien obviamente no había descansado y eso se reflejaba en su posición y cara.

—Abbs… deberías estar descansando —le dijo a su hermana, suavizando el tono. No era un regaño, era miedo puro—. Si te quedas aquí parada todo el día, te vas a terminar lastimando; recuerda que por la bebé debes tomártelo con calma.

—Zeke, deja de intentar protegerme y mira lo que estamos haciendo aquí, mira los datos —Abby le señaló la pantalla—. No necesitamos las válvulas de Villa Cristal, si podemos crearlas nosotros mismos. Esto sería nuestro.

Zeke se acercó al proyector. Se cruzó de brazos, los datos, pasó de las investigaciones a los datos de la simulación, recreó una y otra vez la simulación, ajustó el flujo, la presión e incluso la calidad de agua. Sus ojos se movían rápido, analizando el diseño, la resistencia y los materiales. Buscaba el fallo. Buscaba la razón lógica para decir que no. Pero el silencio se alargó.

—Maldita sea… —masculló, pasándose una mano por la cara—. La tasa de flujo es estable. ¿Cómo lograste que el coral no se calcifique con la presión?

—Cámaras de descompresión —respondió Matt—. Idea de Annie.

Zeke se giró hacia mí. Ya no había rabia, solo un cansancio infinito y esa chispa de admiración que siempre me desarmaba.

—¿Cuál es el plan?, porque esto es demasiado arriesgado, Annie.

—Sí lo es; si el Consejo se entera, van a decir que estamos violando los protocolos de bioseguridad. Van a usar esto para intervenir la bahía. —En cuanto mis palabras salieron de mi boca, el ceño de todos se frunció—. Pero… no va a pasar, porque lo vamos a blindar jurídicamente, no vamos a instalarlo sin antes informarlo.

—Odio que ustedes hagan esto sin mí, que crean que no los apoyo; es como si no confiaran en su líder. —Sus palabras salieron mientras trabajaba en algunos ajustes sobre el diseño de Matthew. —Sin embargo, tienen razón, no nos entrenaron durante más de una década para esperar por las sobras de una sociedad que se quedó estancada tecnológicamente.

Cuando terminó y dio el aval de que el coral estaba estable y no existían riesgos, recorrió todo el lugar con su mirada, quedándose fijo en Dorian.

—Lo que aún no entiendo es qué hace este payaso aquí. No lo necesitamos.

—Dorian —intervine, dando un paso hacia él—. Él va a certificar la emergencia. No vamos a pedir permiso, Zeke. Vamos a informar una solución. Es legal, es seguro y es la única forma de que no tengamos que depender de ellos nunca más.

Zeke me sostuvo la mirada. Vi cómo procesaba la información: el riesgo, la legalidad, el orgullo. Finalmente, asintió una vez. Seco. Decidido.

—Bien. Hagámoslo. —Dijo finalmente entre dientes, pero con esa mirada que sabía que había futuro.

Con la aprobación de Zeke, y el dispositivo ya terminado, volvimos a casa. El trayecto fue silencioso; las cosas entre nosotros estaban lejos de estar bien. En cuanto llegamos, me dirigí al baño para darme una ducha rápida, dejando que el agua caliente se llevara el polvo de la playa que aún seguía en mi cuerpo. Me puse mi traje de Consejo, ese que me hacía sentir blindada, y bajé a la oficina.

Zeke, Abby y Matt se quedaron cerca, fuera del campo de la cámara, pero lo suficientemente presentes como para que yo sintiera su apoyo. Dorian se sentó a mi lado, listo para entrar en escena.

La conexión se estableció. La sala del Consejo apareció en las pantallas holográficas, dominando el centro de mi oficina. Todos los consejeros estaban allí, como de costumbre, observándome con esa calma de depredador que espera el primer error de su presa.

—Consejera Baldwin —comenzó la Presidenta del Comité de Infraestructura, revisando su agenda con desdén—. Ha solicitado una sesión de emergencia para presentar una… “Alternativa técnica” al bloqueo de suministros. Tiene cinco minutos antes de que cerremos la orden de auditoría por falta de mantenimiento.

Me paré, proyectando y enviando el archivo a cada una de las personas que estaban allí.

—Gracias, Presidenta —respondí, dando un paso adelante—. No vengo a pedir una excepción al bloqueo. Vengo a notificar la activación del Protocolo de Desarrollo Interno bajo el tratado T.E.D.N.A.

Empecé con los datos de investigación de Abby sobre el coral, sus componentes, compuestos, proyección de vida y beneficios. El Proyecto Coral vino después, el que se iba a hacer y el cómo se haría. Los hologramas azules del filtro orgánico se desplegaron, mostrando las simulaciones de flujo, los análisis de Matt y la biología de Abby, incluso los últimos detalles de Zeke sobre el diseño y estabilidad del nuevo sistema de filtrado.

Cuando termine, observe los diferentes rostros que se reflejaban al otro lado del holograma: inseguridad o descontento; cualquiera que fueran las impresiones de los congresistas, no era nada positivo.

—Consejera Baldwin, nos está haciendo perder el tiempo, no vamos a aprobar un proyecto tan descabellado —dijo Vance levantándose de su silla como si con sus palabras hubiera determinado que la sesión había terminado.

No hice caso y seguí hablando; aún no había terminado, aún no había completado mi discurso. Tomé aire y continué como si nunca hubiera escuchado al viejo de Vance.

—Debido a la restricción logística aprobada ayer, Aurora Bay proyecta un fallo crítico en el sistema de agua en menos de 24 horas —expliqué, señalando los gráficos rojos de la simulación—. Ante este escenario, y amparados en el Artículo 4 del Anexo de Autonomía Regional, hemos desarrollado una solución interna. Que, como pueden observar en nuestras simulaciones, este sistema de filtrado no solo reemplazaría las válvulas, que ustedes niegan entregarnos, sino que aumenta la eficiencia de purificación en un 15%.

—¿Está usted hablando de material biológico nativo? —intervino el Consejero de Bioseguridad, frunciendo el ceño—. Consejera, eso no está en la lista de materiales aprobados por el Núcleo. El riesgo de mutación es inaceptable. Moción para vetar el proyecto y proceder con la intervención federal.

—Estoy de acuerdo, esto es una violación directa a lo que Villa Cristal ha desarrollado —dijo el consejero de bioseguridad—. Esto es un acto violento por lo que Villa Cristal viene construyendo como territorio. No podemos permitir que la consejera Baldwin haga lo que quiera siempre que pide estas reuniones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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