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Nosotros en las estrellas - Capítulo 81

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Capítulo 81: 80 – You should see me in a crown

Canción sugerida: you should see me in a crown – Billie Eilish

Parecía que nadie estaba a favor de aquel dispositivo que habíamos creado, pero es que mi intención no era esa, no era que votaran porque se usara; era dejar claro que se usaría.

—¡Un momento, Consejero! —alcé la voz, cortando su intento de votación—. El Consejo no tiene jurisprudencia para vetar este desarrollo. El Artículo 4 es claro: “Cada asentamiento reconocido como Nodo Vital tiene jurisdicción exclusiva sobre sus desarrollos tecnológicos internos, siempre que estos no comprometan la integridad de la Red Global”.

—Pero esto tendrá afectaciones para Villa Cristal. —Se paró frente a todos el consejero Visconti, hablándoles a todos los del consejo menos a mí. —No podemos pretender que una niña venga y nos diga qué debemos usar o no para purificar el agua cuando lo que usamos en este momento funciona muy bien.

—Perdone, consejero Visconti, es que no les estoy diciendo que debe o no usar Villa Cristal y, si les soy honesta, no me interesa qué usen para purificar su agua.

—Está planteando un cambio de modalidad, con un material biológico, señorita Woods, viene aquí a amenazarnos por no haber enviado las válvulas como si fueran una prioridad —sentenció Vance, que aún no salía de la sala.

—No, no les estoy proponiendo que cambien el modo de purificación de Villa Cristal, no tengo autoridad para eso, ustedes lo dejaron claro desde el primer día; estoy aquí para cumplir con el requisito de notificación de transparencia. Esta implementación es decisión exclusiva del territorio; no tienen voz dentro de las decisiones que se toman en Aurora Bay.

La sala quedó en silencio. Había usado sus propias reglas para atarles las manos. Arthur solo me miraba fijamente, y por un segundo vi un destello de algo que no era rabia, sino reconocimiento. Había aprendido bien.

—Es un tecnicismo peligroso, Baldwin —saltó otro consejero, visiblemente molesto por haber perdido el control—. Si permitimos que cada pueblo invente su propia ciencia, la estandarización del planeta se va al diablo.

—No me importa, por algo se declara la independencia, si algo no es accesible, y se le niega al pueblo, con excusas de trámites interminables burocráticos, creo que el pueblo es libre de intentar resolver el problema por sí mismo, con la inteligencia que posee. —Solté una risa sarcástica; no aguantaba sus argumentos y limitaciones.

—Sigo diciendo que es riesgoso, es un riesgo que no podemos correr… —Vi cómo Vance decía mientras se sentaba nuevamente en su silla.

—El verdadero riesgo es el de no hacer nada; sin válvulas o un sistema de purificación, tres mil personas quedarían expuestas a caer en la deshidratación —intervino Dorian, entrando en el plano de la cámara. Su aparición causó un revuelo inmediato—. He supervisado personalmente las simulaciones de carga. Los modelos predictivos son sólidos. Negar la implementación de este piloto basándose en una interpretación restrictiva de la normativa no sería “precaución”, señores. Sería una violación directa del Estatuto de Red de Soporte. Y eso nos expondría a todos a un juicio por negligencia. Claro, y ni hablar de la violación a la soberanía de Aurora Bay.

Arthur se inclinó hacia adelante.

—La Consejera tiene razón en el marco legal —dijo Arthur, y su voz acalló las protestas—. No tenemos autoridad para prohibir el desarrollo interno si no hay prueba de daño a la Red Global. Sin embargo… —me señaló con un dedo—, si ese sistema falla y contamina un solo metro de tubería federal, la cláusula de autonomía se anula y Aurora Bay pasa a control militar inmediato.

—Acepto el riesgo —respondí sin dudar.

—Entonces no hay nada que votar —concluyó Arthur, cerrando su carpeta—. Se da por notificada la implementación del Proyecto Coral. Procedan bajo su propia responsabilidad.

La conexión se cortó y todos los hologramas solo desaparecieron. Solté el aire que había estado conteniendo durante toda la semana; sentía cómo me temblaban las rodillas. Les había obligado a respetar nuestra independencia.

Zeke se acercó por detrás. No dijo nada, pero sentí su mano en mi hombro, un apretón firme y cálido.

—Tenemos trabajo que hacer —dijo él, y por primera vez en días, su voz sonaba a futuro, no a reparación.

Asentí para luego abrazar a Abby; ella era el cerebro detrás de todo. Vi cómo Matthew la miraba con admiración; eran perfectos, eran mi lugar seguro.

Unos minutos después, Abby y Matthew, que no se separaba de ella, se acercaron; era tiempo de despedirse. Abby se veía cansada; necesitaba descansar todo lo que pudiera antes del siguiente día.

—Estoy muy orgulloso de quien te has convertido, hermanita —dijo mientras me abrazaba antes de salir por la puerta.

El amanecer del siguiente día estaba lleno de incertidumbre y anticipación; era el día de la instalación del proyecto coral y con ello el funcionamiento del nuevo sistema de purificación que suministraría agua a toda Aurora Bay.

Estábamos todos allí: Abby con su vientre enorme dirigiendo la operación desde una silla plegable, Matt coordinando a los buzos y Zeke… Zeke estaba en todas partes, verificando los anclajes, gritando órdenes sobre la presión y asegurándose de que nada fallara.

Cuando la última carcasa de cristal reforzado quedó asegurada y el agua empezó a fluir a través del coral, el cambio fue visible casi al instante. Los monitores de Matt empezaron a pitar, no con alarmas, sino con confirmaciones. La turbidez del agua bajó en tiempo real. Era como ver a la bahía tomar su primera bocanada de aire limpio.

—Sistema estable —anunció Matt por el megáfono—. Eficiencia al 99%. Estamos filtrando.

La emoción estalló entre los trabajadores, los mecánicos y la gente del pueblo que se había acercado a mirar. Sentí una mano en mi hombro. Era Dorian. Ya tenía su maleta lista; su carro estaba en la bahía cerca estacionado; era momento de volver a la ciudad; Villa Cristal lo esperaba.

—Bueno, Consejera —dijo con esa sonrisa de medio lado que solía desarmarme, pero que ahora solo me inspiraba gratitud—. Mi trabajo aquí terminó. Tienes tu certificación y tu agua limpia.

—Gracias, Dorian —le dije, sinceramente—. Sin tu firma, el consejo habría mandado los drones antes de que Matt encendiera el primer monitor.

Dorian asintió, mirando hacia donde Zeke estaba recogiendo cableado.

—No fue solo la firma, Annie. Fue la audacia. Tienes algo que Villa Cristal perdió hace mucho tiempo. —Se acercó un poco más, rompiendo esa barrera profesional por un segundo—. Si alguna vez te cansas de pelear sola contra la corriente… sabes que allá tienes aliados.

Di un paso atrás, sutil pero firme. No quería dejar espacios en blanco.

—No peleo sola, Dorian. Peleo por mi hogar. Y mi hogar está aquí, con ellos. —Señalé a Zeke, a Abby y a Matthew con la mirada.

—Cuídate y no te olvides de nosotros. —Sus brazos rodearon mi cuerpo. —Si necesitas algo, no te olvides de llamar.

—Por favor, cuida de mis chicos en Villa Cristal —susurré mientras aún estábamos abrazados—. Dile a Lia y a Lion que cuiden a mamá y que sean valientes y a Mia, dile que la extraño mucho.

Asintió apartándose de mí, sonrió por última vez antes de irse a su carro. Vi cómo con cada paso se alejaba hasta que subió a su carro.

Me giré y caminé acercándome de nuevo al grupo; abracé a Matthew y Abby, quienes se despedían porque debían ir a casa a arreglarse para la fiesta de celebración de esa noche.

En el muelle, a un lado del coral, estaba Kaia pasándole a Zeke un reporte de flujo en una tableta. La vi sonreírle mientras le hablaba.

—Eres un genio, Zeke —le dijo lo suficientemente alto para que los operarios cercanos la escucharan—. La forma en que adaptaste los anclajes para la corriente del sur… nadie más habría pensado en eso. Has salvado toda la bahía, como siempre lo haces.

Zeke se limpió las manos en un trapo sucio, negando con la cabeza sin siquiera mirarla a los ojos.

—No fui yo, Kaia. La idea biológica fue de Abby. La adaptación de presión fue de Matt. Y la única razón por la que no estamos en una celda ahora mismo es por mi Annie. —Me vio acercarme y su postura se relajó un poco—. Yo solo apreté las tuercas y di el permiso para que se hiciera; fue trabajo en equipo.

Kaia no borró la sonrisa; era como si no lo hubiera escuchado, como si realmente hubiera preferido la versión que ella había creado en su cabeza.

—Eres demasiado humilde, jefe. Un equipo no funciona sin un líder que sepa qué tuercas apretar. Pero sí… —Se giró hacia mí con una cordialidad ensayada—. Gran trabajo diplomático, Annie. Nos compraste tiempo. Zeke se encargará de que ese tiempo valga la pena.

Odié el tono desmeritorio con el que lo dijo, como si el trabajo de las personas ahí no hubiera importado, y odié la forma posesiva con la que dijo “Zeke se encargará”. Zeke no era ningún héroe de la bahía que con solo existir salvara el mundo; había personas detrás de ese “Zeke se encargará” que ella parecía no reconocer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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