Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Nosotros en las estrellas - Capítulo 88

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Nosotros en las estrellas
  4. Capítulo 88 - Capítulo 88: 87- Too sweet
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 88: 87- Too sweet

Canción sugerida: Too Sweet – Hozier

“El Consejo delibera… Las votaciones cierran con un margen histórico…”

Apagué el sonido de la pantalla con un golpe seco en la consola, pero la imagen se quedó estática por unos segundos más.

Allí estaba ella. Annie. Sentada en una de esas sillas en mesa redonda, como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar. Tenía esa postura rígida, diplomática, esa máscara de perfección de la que habíamos huido tanto tiempo. Y a su lado, operando en su misma mesa, estaba Dorian Norris.

No era solo que estuvieran juntos. Era la sincronía que habían desarrollado.

No podía quitarme la imagen que había visto en la videollamada o la transmisión de votaciones; parecía que se repetía una y otra vez. Dorian le susurraba algo, le pasaba un documento, y ella ni siquiera lo miraba para recibirlo. Se movían como dos piezas de la misma máquina.

Solté la herramienta sobre la mesa; me sentía frustrado. No soportaba sentir que alguien empezaba a tomar mi lugar en la vida de Annie.

—Viste la sesión de votaciones, Annie, y el chico guapo que vino la última vez. Se ven eficientes juntos, ¿verdad? —dijo una voz a mi espalda.

Kaia.

¿Lo había llamado chico guapo? ¿Acaso aquello que empezaba a entrar en mi cabeza no era solo mi imaginación? ¿Y si realmente Annie veía lo que Kaia veía en aquel chico? Esa era mi perdición; me estaban robando a mi chica en mi propia cara y no podía hacer nada para detenerlo.

Ni me giré, sumergiéndome en la computadora, como si estuviera trabajando; revisé aquellos planos que me sabía de memoria, los planos del sistema de defensa perimetral. Como si intentara rescubrir alguna falla.

—No tengo tiempo para tus análisis, Kaia. Dame el reporte de los sensores del sur.

Ella ignoró mi orden y se apoyó en el borde de mi mesa de mando, cruzándose de brazos. No traía la actitud sumisa de siempre; me miraba como un igual que ve un error táctico.

—No te hablo de chismes, Zeke. Te hablo de logística —señaló la pantalla que ahora ya estaba en negro—. ¿Los recuerdas? Ese es el juego de Villa Cristal. Alianzas, sonrisas, pactos a puerta cerrada. Dorian conoce las reglas. Tú… tú construyes las murallas para que ellos puedan jugar tranquilos ahí dentro.

—Yo protejo lo que es mío —dije, mi voz grave, sin dejar de mirar el mapa.

—¿Y ella sigue siendo tuya cuando cruza esa frontera? —Kaia soltó la pregunta como un dardo—. Porque desde aquí parece que Annie acaba de ser absorbida por el sistema; se ve feliz allá y Dorian es el enlace perfecto. Tú eres el líder aquí, en la realidad, en el barro. Pero allá… allá arriba, Zeke, tú eres un estorbo para su carrera.

Me giré despacio, clavando mis ojos en los suyos.

—Cuidado con lo que dices.

—Es la verdad. Tú eres acción, tú creaste todo esto para ella; mira a tu alrededor, es un sueño, ¿pero ella valora eso? —Vi cómo empezaba a invadir mi espacio sin pedir permiso.

—No cree este lugar para que alguien me dijera que está lindo, cree este lugar porque necesitaba un lugar al que llamar hogar, pero mi hogar no está completo si Annie no está aquí —murmuré dando un paso hacia atrás, poniendo distancia nuevamente entre nuestros cuerpos.

—Muy cursi para ser real, Kavan, ¿quieres que te recuerde la sincronía que ellos tienen? Ellos son discurso. ¿Crees que esta noche, cuando celebren la victoria, ella va a querer hablar del hogar perfecto que su hombre le construyó, de que le construiste una ciudad para ella?

—Err… no digo eso… pero… Annie, sería incapaz —dije tratando de parar aquellos pensamientos que giraban una y otra vez.

“¿Crees que esta noche, cuando celebren la victoria, ella va a querer hablar del hogar perfecto que su hombre le construyó?” Sus palabras se repetían en mi mente, como un CD dañado que se queda fijo en el infinito.

Mi cuerpo se tensó; las imágenes que mi mente empezaba a crear eran torturantes para mí, Annie entregándose a otro hombre, uno con el que no tuviera que pelear o ceder; ese era mi real tormento en las noches desde que ese hombre había entrado en nuestras vidas.

Kaia dio un paso hacia mí; el espacio entre nosotros se redujo inmediatamente. Estábamos a milímetros el uno del otro; podía sentir su calor, su respiración y cómo su cuerpo se tensaba por la cercanía que había logrado.

—Deja de pelear guerras que no son tuyas, Zeke. —Sentí cómo su mano se posó en mi brazo—. Tú no eres un político consorte que ella necesita. Eres un líder. Hay una expedición al Sur Profundo. Tierras sin ley, sin Consejo. Necesitan a alguien que ponga orden.

La miré. Kaia representaba la simplicidad brutal de la supervivencia, una simplicidad que necesitaba urgentemente; me estaba cansando de ser quien tiene que sostener todo lo que ni siquiera sabe cómo ver. Annie representaba la complejidad de construir una civilización. El problema era que Annie parecía estar construyéndola con otros planos, unos en los que yo no encajaba.

—Mi lugar está aquí, al lado de las personas que amo, al lado de la mujer que alimenta mi vida, en donde mi alma pertenece —dije no solo para ella, sino como un recordatorio para esa parte de mí que encontraba su amistad con Dorian asfixiante y las palabras y cercanía de Kaia como un salvavidas.

Me aparté, creando espacio suficiente entre nuestros cuerpos, mostrándole mi lugar allí; no iba a caer, no porque no pudiera, sino porque me estaría mintiendo a mí mismo.

—La lealtad tiene que ser mutua para funcionar —dijo ella, separándose de la mesa—. Cuando te canses de ser el guardián de la puerta mientras ellos cenan en el palacio, búscame.

Luego de horas de intentar despejar mi mente, ya en mi casa, que sin Annie allí se sentía vacía, cayó la noche, una tranquila y silenciosa, pero mi cabeza para ese momento ya era un campo de batalla.

Me serví un trago corto. No para emborracharme, sino para afilar los pensamientos. Eran las tres de la mañana. Miré el intercomunicador. La lógica dictaba que debía dejarla descansar, pero el instinto, ese que me había mantenido vivo tanto tiempo, me decía que algo estaba fuera de lugar.

La llamé.

Annie contestó al tercer tono. La imagen se estabilizó. Estaba en la cama, con el cabello suelto, los ojos pesados.

—¿Zeke? —su voz sonó rasposa—. ¿Ocurrió algo en Aurora Bay? ¿Estás bien, amor?

—No. Todo está… —Dude un momento porque no estaba todo bien, pero ¿qué más le decía? —No, amor, solo te extraño.

La observé. Estaba medio dormida aún; las palabras salían de su boca como balbuceos. Busqué en su rostro algún rastro de la “política” que había visto en la pantalla, pero solo vi a mi mujer cansada.

—¿Tú estás bien? —pregunté, más duro de lo que pretendía—. Te vi en la transmisión. Parecías muy cómoda ahí arriba.

Ella se frotó la sien.

—Fue teatro, Zeke. Puro teatro. Solo quiero volver a casa. Extraño tus abrazos en la noche.

La sonrisa que se dibujó en mi rostro se borró, no porque no le creyera, sino porque la cámara se movió ligeramente; lo vi.

Una forma bajo las sábanas. Alguien a su lado; era como si todas las imágenes que mi mente había construido se hicieran realidad; estaba viviendo la pesadilla que me había perseguido por noches. ¿Dorian? ¿Tan rápido? ¿Tan cínicos son que ni siquiera esperan a llegar a casa?

Sentí una frialdad absoluta. La calma del que está a punto de ejecutar una sentencia.

—No estás sola —afirmé. No fue una pregunta.

Annie parpadeó, confundida por el cambio en mi tono.

—¿Qué?

—Hay alguien en tu cama, Annie. Lo vi moverse.

Su rostro se endureció. No hubo pánico, hubo ofensa. La ofensa de una pregunta que nunca espero recibir.

—¿Estás hablando en serio? ¿Me llamaste para ver si duermo sola a las tres de la mañana?

—Dorian —dije el nombre con desprecio—. Lo integraste rápido a tu círculo íntimo, ¿no? Supongo que es parte de la “estrategia política”.

—Eres un imbécil arrogante, un completo idiota, Zeke —escupió ella.

Annie agarró la sábana y la arrancó de un tirón, no para defenderse, sino para callarme la boca con la realidad.

No había un amante y tampoco me había traicionado.

Era una niña.

Mía, su hermana pequeña, estaba acurrucada contra su pecho, abrazada a su cintura, profundamente dormida con un pijama de ositos.

—Mía tuvo pesadillas con la tormenta y me pidió dormir conmigo —dijo Annie, bajando la voz a un susurro letal—. ¿Satisfecho? ¿O quieres interrogarla a ella también?

Me sentí ridículo. Mi “instinto” acababa de fallar estrepitosamente. Me pasé la mano por la cara, exhalando todo el aire.

—Annie… joder. Lo siento. Vi la forma y… con todo lo de hoy…

—Ahórratelo —me cortó. Luego, su mano acarició el cabello de la niña con una suavidad que me desarmó.

No vi a la política fría del Consejo. Vi a una mujer protegiendo a los suyos. Una faceta que yo conocía, pero que nunca la había visto ejercer de esa manera. Se veía poderosa, pero no como en el estrado. Se veía… madre.

—No me estoy revolcando con nadie, no soy. Eso que crees, estoy harta de que veas enemigos donde solo hay familia, Zeke. Harta.

—Annie, por favor…

—No, Zeke, tus promesas ya me saben a mentira, es lo único que sabes decir. ¿Sabes qué, Zeke? Mañana hablamos.

La pantalla se apagó.

Me quedé en silencio en la oscuridad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo