Novia del Señor Millonario - Capítulo 106
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia del Señor Millonario
- Capítulo 106 - 106 Chapter 106 Capítulo 106 El hijo de Herbert
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
106: Chapter 106 Capítulo 106: El hijo de Herbert 106: Chapter 106 Capítulo 106: El hijo de Herbert Bella:
Ni bien me senté frente al escritorio, me puse a revisar todos los pendientes del día.
Aunque estaba un tanto cansada por lo de anoche, no iba dejar que mi condición afectara mi trabajo.
Una hora después, le pedí a Selina que viniera.
—Bella, ¿hay algo que necesites que haga?
—me preguntó con los brazos cruzados y con una expresión arrogante.
Reprimí las ganas de poner los ojos en blanco ante su actitud.
Ella siempre se había comportado de esta manera porque sabía que tenía la protección de uno de los de alto cargo de la compañía.
No tenía ni idea de quién era esa persona, pero lo último que quería era ofender a alguien importante, así que había dejado a Selina en paz mientras cumpliera con su trabajo y no hiciera mucho barullo.
—¿Terminaste el reporte del mes pasado?
—No, todavía —respondió sin inmutarse, y fruncí el ceño.
—Te dije ayer que quería ese reporte para hoy.
¡Necesito que lo termines lo más pronto posible!
—le dije con urgencia y Selina en vez de avergonzarse, me enfrentó con un tono engreído.
—Creí que el reporte no era tan importante porque no la vi en toda la mañana.
Obviamente quería echarme por la culpa por su irresponsabilidad.
Si insistía, ella señalaría que yo también había incumplido con el trabajo al ausentarme sin pedir permiso.
Esto no era nuevo.
Últimamente Selina siempre estaba tratando de meterme en problemas, pero no había tenido éxito con su plan porque mi trabajo era impecable.
Ahora que había cometido un pequeño desliz, Selina se aprovecharía y no lo dejaría pasar.
—Por favor, ve a hacer el reporte ahora.
Lo quiero antes de que termine el día, ¿está bien?
—Está bien —respondió y se fue sin despedirse.
Ni bien la puerta se cerró, dejé caer con fuerza mi mano sobre el escritorio.
Esa mujer me sacaba de mis casillas.
No podía soportar que fuera tan insubordinada e irresponsable con el trabajo.
Estos dos días habían sido demasiado movidos para mí.
La cabeza me retumbaba, los pies me estaban matando y Herbert había hecho lo que quería conmigo.
Mientras rumiaba en mi furia, llamé a Amy.
—Bella, no le prestes atención a Selina.
Ya sabes cómo es —me dijo ni bien me vio encorvada sobre el escritorio.
—Quiero que averigües quién es la persona que la está protegiendo —susurré.
—Entiendo, lo estaré investigando —asintió y también se fue.
Amy y yo habíamos ingresado al mismo tiempo a la compañía.
El poco tiempo que la conocí ella siempre fue una profesional de primera, y por eso fue que la elegí como mi asistenta cuando me promovieron.
Amy me lo había agradecido encarecidamente.
Sabía que podía dejarle en sus manos esta tarea.
Tenía que encontrar la forma de controlar a Selina.
Era claro que no iba a dejar de molestar mientras siguiera dentro de mi departamento, así que tenía que encontrar algo que me ofreciera la ventaja.
Estaba guardando mis cosas para irme cuando sonó mi teléfono.
—¿Vamos a tomar hoy?
—me preguntó Joey desde el otro lado de la línea.
—No lo creo, estoy cansada, solo quiero irme a casa —le respondí, mientras soñaba con echarme en mi cómoda cama.
—¿Por qué estás tan casada si no has hecho nada más que trabajar?
Vamos, no te hará mal salir un poco.
¡Te estaré esperando en la puerta de tu trabajo!
—me insistió sin escucharme y colgó.
Me quedé mirando mi teléfono con los labios fruncidos.
¡Qué sabía ella de lo que había hecho!
Estaba cansada y malhumorada, y ahora me estaban forzando a salir cuando lo único que quería era descansar mi adolorido cuerpo.
M*ldito Herbert, todo esto era su culpa.
Herbert:
Me encontré con Klein en un bar de la ciudad y nos pusimos a tomar con gusto.
—Te veo de buen humor —me bromeó mi primo y yo asentí con la cabeza.
En efecto, estaba de buen humor porque ayer había estado con Bella, pero obviamente no le iba a contar sobre mi vida privada a Klein.
—Y yo no te veo tan bien —le pregunté con una ceja enarcada.
—Ah, ni bien ni mal —respondió Klein mientras tomaba otro sorbo de su copa.
—Me voy de viaje de negocios por unos días.
¿Podrías cuidar de Lucas?
Connor irá conmigo, y aparte de ustedes dos, nadie más sabe sobre la existencia de Lucas —le dije con seriedad y él me dio una palmadita sobre el hombro.
—No te preocupes, iré a verlo todos los días.
—Le di a la niñera tu número para que te llame si algo pasa.
—Está bien, ¿a dónde te estás yendo?
¿Cuántos días serán?
—Me voy a Taiwan por una semana más o menos —le respondí.
—¡Entonces cuidaré muy bien de Lucas y a Gaynor durante esa semana!
—anunció Klein mientras se golpeaba el pecho.
—Gaynor tiene cuarenta años, tampoco es necesario que te preocupes mucho por ella —le dije con los ojos en blanco.
—Oh, vamos, Herbert, no me gustan tan viejas —me respondió con una sonrisa.
—No he visto a Vivian por unos años, pero eso nunca te detuvo.
Siempre tienes a alguien colgando de tu brazo —lo molesté.
—Vamos, primo, no digas esas cosas.
Eso ya quedó todo en el pasado, ¡ahora soy un hombre diferente!
—dijo Klein.
—No me importa tu vida amorosa.
Solo quiero que cuides bien de Lucas.
—No te preocupes, lo cuidaré como si fuera mío —me aseguró con seriedad y yo asentí con satisfacción.
Honestamente, Lucas era la luz de mi vida.
Cuando Bella me dejó, mi vida se tornó en una completa miseria.
Si no hubiera sido por Lucas, no sé dónde estaría ahora.
No sé que haría si algo le pasaba al pequeño.
Hablar sobre el viaje a Taiwan, me hizo recordar de que tenía que hablar con Bella.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com