Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Novia del Señor Millonario - Capítulo 107

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Novia del Señor Millonario
  4. Capítulo 107 - 107 Chapter 107 Capítulo 107 No te amo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

107: Chapter 107 Capítulo 107: No te amo 107: Chapter 107 Capítulo 107: No te amo Bella:
Dos días después, estaba en la cama escuchando un poco de música y a punto de dormirme cuando tocó la puerta.

Me levanté para abrirle a Joey, me había dicho que vendría hace una hora.

¿Quién más podría ser sino?

Sin embargo, grande fue la sorpresa que me llevé cuando vi a Herbert afuera.

Intenté cerrar la puerta, pero él me ganó y entró a la fuerza.

Retrocedí con cautela y me tapé con los brazos porque no llevaba sostén.

Mientras él cerraba la puerta detrás de sí, no pude evitar recordar lo que habíamos hecho la otra noche y me pregunté si habría venido por otra ronda.

Aunque su toque siempre me hacía perder la razón, me dije a mí misma que no podía sucumbir otra vez.

Tenía que ser fuerte y no dejarme llevar por la pasión.

Nosotros ya no estábamos juntos y no había razón para que estuviéramos teniendo estos encuentros.

¿Quién se creía Herbert?

No podía venir a mi casa sin permiso  y esperar que lo llevara a mi cama.

¿Por quién me tomaba?

—¿Qué estás haciendo aquí?

—le pregunté.

—No voy a hacer nada.

Quería verte porque mañana me voy de viaje.

—¿Verme?

¿A estas horas de la noche?

¿Por qué te tomas estas confianzas, Herbert?

Si quieres verme, deberías invitarme a salir y esperar que mi respuesta sea positiva para venir.

No aparecerte de esta forma —le grité.

—¿Invitarte a salir?

¿Me estás diciendo que aceptarías salir conmigo si te lo pidiera?

Por cómo me recibiste, uno pensaría que no me quieres ver ni en pintura.

Da las gracias que no traje la puerta abajo tratando de entrar.

—¿Traer la puerta abajo?

—le pregunté con sorpresa.

—Si realmente hubiera querido entrar, una simple puerta no me detendría —dijo con calma.

—¡Dios, Herbert!

¿Quién te crees que eres?

¡Vete!

¡Ahora!

—volví a gritar enfurecida con sus palabras.

Herbert simplemente se me quedé mirando y comenzó a avanzar hacia mí.

Retrocedí con nerviosismo, no podía dejarlo acercarse más a mí, ¿y si se propasaba otra vez conmigo?

Miré a todos lados tratando de encontrar una salida y salí corriendo hacia la cocina.

En la mesa había un cuchillo de frutas y lo empuñé como si mi vida dependiera de ello.

Sin embargo, Herbert solo atinó a reírse cuando me vio con él.

—¿De qué te ríes?

—le pregunté, confundida, pensé que al menos se asustaría un poco al verme con el cuchillo.

—¿Te haría sentir mejor si me causas dolor?

—me preguntó con seriedad.

—¡Sí!

—respondí sin dudarlo.

No quería matarlo, por supuesto, pero estaba tan enojada y asustada que no concebía otra forma de defenderme de él.

—En ese caso —pronunció mientras se colocaba frente a mí y se abría el saco—.

¡Apuñálame las veces que quieras!

Me quedé mirándolo con la boca abierta.

Mis ojos se posaron en su pecho y luego en el cuchillo en mis manos.

Estaba temblando y ni me había dado cuenta.

No quería herirlo realmente, solo había hablado enojada.

Después de unos minutos en los que permanecí paralizada, Herbert se comenzó a reír otra vez y me quitó el cuchillo.

—¿Ya ves?

¡No me quieres herir, no te sigas mintiendo!

—¿Cómo estás tan seguro de eso?

—le dije con el ceño fruncido, mientras que internamente me maldecía por ser tan débil.

Herbert entró a la cocina y dejó el cuchillo en el fregadero.

Yo caí sobre el sofá, abatida, y con lágrimas en los ojos.

—Herbert, ¿qué es lo que quieres de mí?

Querías casarte conmigo y acepté, luego querías divorciarte y también lo acepté.

¿Por qué sigues molestándome si ni siquiera estamos juntos?

¿Qué pasa con Caroline?

¿Quieres tener a dos mujeres?

¿Una sola no te basta?

Herbert se quedó en silencio mientras hablaba.

Lo sentí moverse y se puso en cuclillas frente a mí.

Me limpió las mejillas con tanta delicadeza que me puse a llorar con más ganas.

Podía soportarlo en sus peores momentos, pero cuando bajaba sus defensas y me trataba con gentileza, no podía evitar recordar todos los buenos momentos que habíamos pasado y eso dolía.

—Herbert, por favor, ya vete.

No sigamos alargando esto —le pedí mientras me levantaba y apartaba su mano.

No podía permitirme perderme de nuevo en él.

Herbert se me quedó mirando con una expresión suave.

Le evité los ojos porque no podía soportar verlo así.

—Muy bien, pero no duermas tan tarde —aceptó y se levantó para irse.

—¡Espera!

¡Te olvidaste esto la otra vez!

—grité en el momento que abrió la puerta.

Me acerqué rápidamente y le enseñé el broche.

Herbert se quedó mirándolo con extrañeza.

—No me lo olvidé, te lo regalé.

¿Me lo había regalado?

Dejé escapar un resoplido, cada conversación con él siempre iba cargada de muchas emociones y no creía que mi corazón pudiera seguir resistiendo.

Él había dicho que solo le daría este broche a su persona favorita.

Por un segundo sus palabras me hicieron feliz, pero luego me regresé a la realidad al recordar que esto no significaba nada bueno.

Herbert seguía comportándose de una manera muy egoísta.

No podía ignorar todas las veces que me había tratado mal solo por un simple regalo, sin importar lo caro que fuera.

Estaba cansada de su desconsiderado amor.

Me había esforzado demasiado para dejarlo atrás y comenzar una nueva vida.

¿Por qué seguía apareciendo para alterar mi vida?

—Herbert, puedo oler el licor en tu aliento.

Deberías darle este broche a Caroline, no a mí.

—¿Por qué siempre hablas de Caroline?

He tomado esta noche, pero no estoy borracho.

No me he equivocado, este broche te pertenece a ti, no a Caroline.

—¿Qué estás diciendo?

—le pregunté mientras miraba el broche.

—Creo que si dos personas se aman deberían confiar uno en el otro.

¿Por qué siempre sospechas de mí?

—me preguntó de regreso con tristeza.

—¿Y nosotros nos amamos?

—le dije con incredulidad.

¿Me estaba bromeando?

Había estado prendado de Caroline por casi diez años, había ido detrás de ella a los Estados Unidos, y se había divorciado de mí para estar con ella.

Incluso se habían ido a comprar anillos el mismo día que había perdido a nuestro hijo.

¿Y tenía el descaro de decirme que me amaba?

—¿Acaso no estoy diciendo la verdad?

—me dijo.

—Si tanto nos amamos, ¿por qué no estamos juntos?

¿Por qué me pediste el divorcio si me amabas?

—le respondí con los dientes apretados y tratando de aguantarme las lágrimas.

Mi vida era un desastre por su culpa, y lo peor era que ni siquiera podía odiarlo completamente porque al final todo lo había hecho por amor.

Amor por otra persona, pero amor al fin y al cabo.

—Tú fuiste la que quería divorciarse, yo solo acepté tu decisión —me dijo con las cejas enarcadas.

Apreté los puños, estaba tan enojada que estaba a punto de explotar.

—No peleemos, por favor —intentó de nuevo mientras posaba su mano sobre mi hombro y fue la gota que colmó el vaso.

—¡No estamos peleando!

No te amo y no necesitas venir de nuevo.

¡Llévate tu broche contigo, y dáselo a Caroline!

—le grité mientras le entregaba el broche en la mano y lo empujaba afuera de mi departamento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo