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Novia del Señor Millonario - Capítulo 109

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  4. Capítulo 109 - 109 Chapter 109 Capítulo 109 Beso forzado
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109: Chapter 109 Capítulo 109: Beso forzado 109: Chapter 109 Capítulo 109: Beso forzado Bella:
—Lucas, Gaynor se ha resfriado y no quiere contagiarte así que la tía Bella estará cuidando de ti por estos días.

¿Está bien?

—le preguntó Klein al niño mientras le daba un abrazo.

Yo no podía despegar mis ojos de Lucas, si mi hijo siguiera vivo, tendría la misma edad que él.

Sin pensarlo, lo tomé en brazos.

Lo acomodé contra mi pecho y una emoción agridulce se apoderó de mi corazón.

Me dolía hacer la comparación pero al mismo tiempo, la sonrisa del pequeño era contagiosa.

Se podía ver que Lucas era bastante inteligente a tan corta edad.

No podía hablar todavía, pero al parecer entendía todo lo que le decían.

Empuñó una de las galletas que tenía y me la llevó a la boca.

—Muchas gracias por la comida, pequeño, pero estoy llena —le respondí.

Lucas no me hizo caso y empujó la galleta dentro de mi boca.

No paro de insistir hasta que me la terminé.

Cuando finalmente lo hice, el pequeño comenzó a aplaudir con júbilo.

Me quedé jugando con Lucas por dos horas hasta que Klein se nos acercó con una sonrisa.

—¿Qué tal?

¿Crees que puedas cuidarlo?

Si no puedes…

tendré que ver qué hacer.

La verdad me sorprendía que me sintiera tan a gusto con un niño que no me pertenecía, pero era la verdad.

Además, parecía que también le había caído muy bien a Lucas.

No se había bajado de mi regazo desde que se subió.

—¿Crees que puedas encontrar a otra persona?

—le pregunté a Klein.

—No creo, la única otra opción es que yo mismo me quedé a verlo —me respondió mientras acariciaba la cabeza del pequeño.

—Pero tienes que trabajar, ¿te lo llevaras a la oficina?

—le bromeé y Klein soltó una carcajada mientras limpiaba la boca de Lucas con una toallita húmeda—.

Creo que sí puedo cuidarlo.

Ya acabé con los pagos de la primera quincena del mes así que no tengo pendientes.

—¡Oh, muchas, muchas gracias, Bella, eres un ángel enviado del cielo!

—gritó Klein con alivio.

Yo simplemente puse los ojos en blanco.

—¿Cómo podría dejar a este niño tan hermoso solo?

No, nunca lo haría.

La tía Bella cuidará de Lucas —dije al bebé mientras lo mecía entre mis brazos, recibí aplausos como respuesta.

—Oh, eres tan inteligente —le susurré mientras lo besaba en la cien.

Klein estuvo de acuerdo y le pidió a Gaynor que me diera todos los detalles para cuidar a Lucas.

Después de media hora y con las instrucciones escritas en mi libreta, Gaynor se despidió y se fue.

—Se está haciendo tarde, deberías regresar antes de que se vuelva más oscuro.

¿No tienes que trabajar mañana?

—le insté a Klein después de que el niño se durmiera en mis brazos.

—Muy bien, vendré a verlos mañana, ¿está bien?

—dijo Klein mientras arropaba a Lucas en su cuna.

—Klein, eres el jefe de la compañía, no puedes estar perdiendo tantas horas aquí.

Gaynor ya me dijo todo lo que debo hacer, y además, solo tengo que cuidar a Lucas, ¿no?

Alguien más vendrá para cocinar y limpiar.

No te preocupes por nosotros, todo estará bien.

—Entiendo, pero si necesitas algo, llámame, ¿vale?

—soltó Klein con seriedad.

—Vale —le respondí y lo acompañé a la puerta para despedirlo.

Después de que se fuera, me senté frente a la cuna y me quedé admirando a Lucas.

Si mi bebé estuviera vivo, probablemente lo estaría cuidando como a él.

Todos los días lo sacaría a pasear, lo alimentaría y lo haría dormir en mis brazos.

En los siguientes días, mi cariño por Lucas solo siguió aumentando con creces.

Cuidarlo había despertado dentro de mí un instinto maternal.

Nos volvimos inseparables y Lucas le gustaba estar siempre en contacto conmigo.

No tuvo casi ningún problema con él, era un niño muy tranquilo y obediente.

Comía y dormía a sus horas sin hacer mucho alboroto.

Esa noche como las otras, lo puse a dormir en su habitación alrededor de las nueve.

Como no quería que la televisión lo despertara si la prendía, decidí sentarme cerca a la cuna con una revista.

De la nada, oigo pasos en el pasillo y me levantó con confusión.

¿Klein había venido a vernos?

Dejé la revista en la mesita de noche y me estaba dirigiendo a la puerta cuando esta se abrió y Herbert entró a la habitación.

Me quedé paralizada en el sitio donde estaba.

Él me miró con el ceño fruncido.

—¿Qué haces aquí?

—dijo.

—¿Qué haces tú aquí?

—le rebatí.

¿Qué di*blos estaba haciendo Herbert en esta casa?

Estaba muy confundida porque al parecer nadie le había abierto la puerta, él había entrado con su propia llave.

—Esta es mi casa, ¿por qué no estaría en mi propia casa?

¿Qué estás haciendo en la habitación de mi hijo?

—¿Qué?

¿Esta es tu casa?

¿Lucas es tu hijo?

—le pregunté mientras veía el pacífico rostro del bebé en su cuna.

No entendía lo que estaba pasando.

—¿No me dijiste que no querías saber más de mí?

¿Por qué estás cuidando a mi hijo?

¿O esas palabras eran meras mentiras?

—Deja de crearte cuentos en la cabeza, Herbert, ya te dije que no me interesas —le dije con burla, enojada con sus palabras.

—¿Quién te crees que eres?

¿Crees que me muero por ti?

—me respondió él también con las cejas fruncidas y una fea mueca en su rostro.

Me agarró por los hombros y me zarandeó.

—Si no te intereso, ¿por qué siempre te enojas tanto?

—le dije mientras lo fulminaba con la mirada.

—Tú…

—comenzó Herbert pero al ver mi expresión de suficiencia, no se contuvo y comenzó a besarme con frenesí.

—No…

Herbert…

déjame ir…

—balbuceé mientras lo golpeaba en la espalda para que me soltara.

No logré moverlo ni un centímetro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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