Novia del Señor Millonario - Capítulo 113
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113: Chapter 113 Capítulo 113: Están jugando contigo 113: Chapter 113 Capítulo 113: Están jugando contigo Bella:
Mis palabras calaron honda y Caroline, lívida del enojo, levantó la mano para abofetearme.
—Hay cámaras por todos lados, así que si me golpeas, quedará grabado, ¡y no dudes que te demandaré!
—le advertí mientras señalaba la cámara que estaba sobre nosotras.
—Claro, ahora trabajas con tu nueva conquista, ¿no?
—respondió ella con una sonrisa burlona—.
No me hagas reír, Klein nunca se casaría contigo.
Solo está jugando.
—Vete antes de que pierda la paciencia —dije entre dientes y di un paso adelante para enfatizar mi declaración.
Joey me agarró del brazo y negó con la cabeza.
Cierto, tenía que mantener la compostura.
—Deja de hablar como si fueras tan importante, pronto alguien te dará una lección —me respondió Caroline mientras retrocedía.
Bufó por lo bajo y finalmente se fue.
—Dios, qué pesada —murmuró Joey.
—Joey, esta vez te pasaste, no puedes ofenderla tan abiertamente.
Recuerda lo importante que es y su relación con Herbert.
¡Ella puede hacer que te despidan!
—me volví a decirle con el ceño fruncido.
—No me importa, si Herbert se casa con ella, ese mismo día renuncio —dijo testarudamente mi amiga.
—¿Vas a perder tu trabajo por una estúpida como esa?
¿Sabes lo difícil que es conseguir trabajo en la ciudad?
El puesto que tienes está bien posicionado y te pagan muy bien, recuerda que tienes que cuidar a tu mamá.
Cuando mencioné a su madre, Joey se desanimó un poco.
Su madre había tenido un ataque al corazón y había acabado postrada en cama sin poder cuidarse a sí sola.
Debido a los altos costos que suponían mantenerla, Joey había tenido que enviarla de regreso a su pueblo.
El sueldo de mi amiga desaparecía entre la manutención de su mamá, el salario de la enfermera, y la renta.
Si renunciaba, nunca conseguiría un trabajo tan bien pagado como el que tenía en Wharton.
—¡Oh, no, vas a llegar tarde!
—grité mientras revisaba el reloj en mi muñeca.
Al escucharme, Joey comenzó a correr en dirección a su edificio.
—¡Te hablo después del trabajo!
—dijo.
Yo volví al trabajo y pedí la tarde libre.
Compré algunas frutas y me dirigí a la mansión de Herbert.
No podía ir el sábado porque seguramente él estaría ahí, así que no tenía otra opción que ir hoy día.
—¿Señorita Stepanek?
—me saludó un poco confundida Gaynor al verme.
—Hola, disculpa que venga tan repente.
Tenía algo que hacer cerca y quería saber si podía ver a Lucas un ratito.
Lo extraño mucho —le respondí con mi mejor sonrisa y esperando que no se diera cuenta de que estaba mintiendo.
—Entiendo, por favor, entre.
Lucas está durmiendo en este momento —accedió Gaynor mientras me llevaba a la sala y me pedía silencio con un dedo sobre los labios.
Me acerqué a la cuna que habían puesto al lado del sofá y me quedé ensimismada mirando al pequeño.
Estaba profundamente dormido con un poco de baba cayendo de la comisura de sus labios.
Ambos brazos los tenía por sobre la cabeza y se pateaba de vez en cuando la manta con la que lo habían tapado.
Agarré un paño y lo limpié con delicadeza.
Dios, sentía que me iba a explotar el corazón de la felicidad.
—¿Quisiera un poco de agua, señorita?
—me preguntó Gaynor mientras colocaba una pequeña taza sobre la mesita.
—Gracias —le dije mientras me sentaba.
—Lucas es un niño precioso, lo he estado cuidando desde que llegó a la casa.
Cuando lo tuve que dejar por mi enfermedad, no sabe lo mucho que me entristeció no poder verlo.
Creo que me curé aún más rápido de lo normal porque no podía soportar más días alejada de él —me contó con una suave sonrisa Geynor.
Podía sentir la calidez en sus palabras y le devolví la sonrisa.
—Disculpe, ¿entonces usted ha estado cuidándolo desde que nació?
—pregunté, intentando no parecer muy interesada.
—Así es, he estado cuidando de él desde que el señor lo trajo a la casa.
—No puedo creer que existan padres que abandonen a sus hijos.
—Estoy segura de que Dios los castigará y los mandará al infierno por sus pecados —sentenció Geynor con enojo y yo simplemente asentí.
—¿Y sabrá de qué orfanato lo adoptó Herbert?
—le pregunté después de un pequeño silencio.
Gaynor levantó la mirada y se quedó pensando.
—Me va a tener que disculpar, estoy segura de que el señor me lo mencionó, pero no le presté mucha atención.
No lo recuerdo —respondió, apenada.
—Oh, entiendo —respondí, un tanto decepcionada, pero sin dejarlo ver.
Lucas se despertó en ese momento y ni bien me vio, sus ojos se iluminaron.
Inmediatamente, extendí los brazos y lo cargué con una sonrisa de oreja a oreja.
Ambos éramos muy felices cuando estábamos juntos.
Me quedé hasta que la noche cayó, y me despedí con reticencia del bebé.
—Señorita Stepanek, puedo ver lo mucho que quiere a Lucas y lo mucho que él la quiere a usted.
Por favor, siéntase libre de visitarnos cuando lo desee.
—Muchas gracias por la invitación, así lo haré —le respondí.
No había forma de que dejara ir a Lucas.
Cuando salí de la mansión, me quedé viendo la puerta ligeramente decepcionada porque no había aprendido nada nuevo.
Me encogí de hombros y me volteé.
De todos modos, había logrado ver a Lucas y eso siempre valdría la pena.
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