Novia del Señor Millonario - Capítulo 115
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115: Chapter 115 Capítulo 115: Emma y Bella pelean 115: Chapter 115 Capítulo 115: Emma y Bella pelean Bella:
La mujer era Emma, ¿qué hacía esta pretenciosa mujer en el bufete?
Como no estaba de humor para lidiar con ella, la ignoré y seguí mi camino.
Sin embargo, una mano apareció frente a mí.
—¿Por qué te corres de mí?
¿Tanto miedo me tienes?
—me preguntó con arrogancia.
—No, pero no quiero que se me pegue el olor de la basura —le respondí mientras le fulminaba con la mirada.
—¿A quién le estás llamando basura?
—gritó.
—Si te sientes identificada es porque lo eres —le respondí fríamente.
—¡Maldita!
—dijo Emma mientras levantaba la mano para golpearme.
Sin embargo, la agarré antes de que hiciera contacto con mi cara.
—Si estás aquí para vender algo, desde ya te digo que no estamos interesados.
Lárgate —le advertí, y la empujé.
En eso, Amy salió de la oficina y me presentó unos documentos.
—Bella, necesitamos que el gerente firme estos papeles.
Aquí, por favor.
Sin quitarle la vista de encima a la otra mujer, agarré el lapicero y firmé rápidamente.
Ni bien Amy desapareció, la sonrisa maliciosa de Emma se extendió de oreja a oreja.
—¿Por qué no me sorprende que hayas conseguido un trabajo como gerente tan rápidamente?
—dijo siniestramente—.
¿Dentro de tus especialidades está seducir a tus jefes?
Emma comenzó a reírse mientras se cubría la boca con el reverso de la mano de forma desagradable.
Las personas alrededor de la oficina comenzaron a vernos con curiosidad.
—Ya vete, ¿o quieres que llame a seguridad para que te echen a patadas?
—grité con furia.
Emma se calló y me miró con calculada frialdad.
Se echó para atrás y se dirigió a todos en el corredor.
—¿Es Bella la manager de su empresa?
¿Quieren que les cuente sobre su pasado?
Ella solía trabajar en la empresa del Grupo Wharton, y en tan solo unos días, sedujo a nuestro jefe y se embarazó de él.
El señor Wharton al final decidió que no la quería y la abandonó, así que ella no tuvo otra opción que irse.
Ahora es la manager de este bufete en tan poco tiempo…
¿no creen que es raro?
—hizo una pausa y se volvió hacia mí—.
Bella, no nos mientas, también te acostaste con el jefe de aquí, ¿no?
—Si sigues hablando, haré que te comas tus palabras, Emma —le advertí con los dientes apretados y las mejillas rojas de la vergüenza.
Todos habían comenzado a cuchichear entre ellos.
La agarré del cabello y comencé a jalarla hacia la salida.
—¿Cómo te atreves a amenazarme?
No hay ningún hombre que te defienda, ¿crees que puedes ganarme?
—me gritó al mismo tiempo que también me jalaba el cabello.
Las dos comenzamos a pelear sin importarnos la escena que estábamos creando.
No podía creer la humillación que me estaba haciendo pasar, y aunque quería tirarla al suelo y hacerla llorar, rápidamente me di cuenta de que no podía ganarle.
—¿Con qué derecho me levantas la mano?
¡Deja de ser una engreída!
—dijo Emma mientras me soltaba y me torcía la cara de una cachetada.
Con ese golpe sentí toda su frustración hacia mi persona.
—Por favor, estás llorando porque él nunca te hizo caso —le dije con desdén.
—¿Qué dijiste?
—¡Dije que me odias porque no importó cuanto te arrastraste, él nunca te hizo caso!
Emma se puso lívida del enojo y otra vez levantó la mano para golpearme.
Cerré los ojos con fuerza pero el golpe nunca llegó.
Con miedo, los volví a abrir para ver que Klein estaba frente a mí y había detenido a Emma a tiempo.
La empujó y ella cayó al suelo.
—¿Estás bien?
—me preguntó.
—Estoy bien, no te preocupes —le respondí mientras movía la mano para apaciguarlo.
Revisé mi ropa y me sorprendí al notar que la loca me había roto el cuello de la camisa.
—¿Quién eres?
¿Cómo te atreves a empujar a una mujer?
—gritó Emma mientras se levantaba y lo apuntaba con el dedo.
—¿Quién eres tú?
¿Por qué estás causando una escena en mi bufete?
—le rebatió Klein con el ceño fruncido.
—Ah, ya entiendo, ¿tú eres el jefe?
—Sí, yo soy el jefe.
Si continuas causando problemas, me aseguraré de demandarte.
—Por favor, ¿corres a proteger a todos tus empleados?
Me imagino que Bella ya te atrapó entre sus garras, te has acostado con ella, ¿no?
Ella tiene el feo pasatiempo de andar en las camas de sus jefes, no sé que le ves a esta p*rra…
El sonido de una cachetada retumbó en todo el pasillo.
Emma había silenciada a la fuerza por el hombre.
No podía creer lo que mis ojos veían, ¿por qué Klein había cometido un error tan garrafal?
Si esto se sabía por el público, su reputación estaba acabada.
—¿Qué haces?
¡Cálmate!
—le susurré apresuradamente mientras lo agarraba del brazo.
—Hoy le daremos una lección de la que nunca se olvidará —me respondió por lo bajo.
—No…
—dije pero Klein no me escuchó, ya estaba adelante de Emma.
—¡Cómo te atreves a golpearme!
¡Llamaré a la policía!
—dijo ella mientras se cubría el rostro.
—¡Llámalos si realmente quieres que te lleve a juicio!
Tengo a más de una docena de abogados como testigos.
Además, tengo dinero de sobra para ganarte.
—¿Estás diciendo que estás por encima de la ley?
—respondió Emma con cuidado, claramente midiendo el poder de Klein.
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