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Novia del Señor Millonario - Capítulo 121

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  4. Capítulo 121 - 121 Chapter 121 Capítulo 121 Los sentimientos y la racionalidad
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121: Chapter 121 Capítulo 121 Los sentimientos y la racionalidad 121: Chapter 121 Capítulo 121 Los sentimientos y la racionalidad Bella
Después de que Herbert se fue, le envié un mensaje a Joey, pidiéndole que viniera al hospital a la hora del almuerzo.

Por fortuna, el hospital estaba cerca del Grupo Wharton.

Al mediodía, cuando estaba almorzando, Joey entró en la habitación.

En ese momento todavía no había recobrado el sentido de audición, así que lo único que podía hacer era ver la expresión ansiosa de Joey, que movía su boca tratando de decirme algo.

Bajé la cabeza y saqué mi teléfono.

“Joey, mis tímpanos están dañados y he perdido la audición temporalmente”, tipeé.

“Lo único que podemos hacer para comunicarnos es escribir en nuestros teléfonos”.

Joey se quedó atónita al leer mi mensaje.

Sacó su teléfono de su bolso y empezó a escribir.

“¿Qué pasó?

¿Por qué te quedaste sin audición?” 
“Te lo explicaré más tarde”, tipeé.

“Primero llama a mi madre, por favor.

Dile que me fui al extranjero, en un viaje de negocios, y que no puede llamarme por teléfono.

Dile que yo la contactaré cuando regrese”.

Joey asintió y, de inmediato, marcó el número de mi madre.

Ella me había llamado varias veces hoy, pero yo no le contesté.

Tenía miedo de que se preocupara si se enteraba lo que había pasado y terminara teniendo un ataque de nervios.

Por eso había llamado a Joey, para que me ayudara a calmarla y asegurarle que estaba bien.

Tras unos minutos, Joey colgó y empezó a escribir un mensaje.

“No te preocupes.

Tu madre no sabe nada de lo que pasó”.

Decía.

“¿Qué pasó?

¿Por qué estás así?”
Se sentó a mi lado, en la cama.

Suspiré y empecé a escribir todo lo que había pasado.

Después de leer mi largo mensaje, Joey estaba muy enojada.

La vi agitar los brazos y decir algo, pero no podía escucharla.

Cuando se dio cuenta de esto, cogió de nuevo su teléfono y empezó a escribir.

“Vivian se pasó de la raya esta vez”, su mensaje decía.

“¿Por qué te golpeó de esa manera?

Mira tu rostro, te dejó la mejilla hinchada.

¿Y qué hay del cobarde de Klein?

¿Cómo pudo permitir que su novia te golpee sin hacer nada al respecto?”
La vi detenerse, tenía el ceño fruncido y se veía muy concentrada y enojada.

Antes de que pudiera coger mi teléfono para responderle, siguió escribiendo.

“Es obvio que Vivian te lastimó a propósito, ¿por qué no llamaste a la policía?

No les tengas miedo, aun si son abogados.

Todo es culpa de ella”.

“La verdad es que Klein no tiene idea de que Vivian está buscando problemas conmigo”, respondí en mi teléfono.

“Además, él me ha ayudado mucho.

Si recupero la audición pronto, no presentaré cargos contra ellos.

No quiero más problemas”.

Sabía que este tipo de situaciones eran difíciles de explicar.

Al fin y al cabo, tal vez si llamaba a la policía, mis colegas empezarían a especular sobre nuestra relación una vez más y metería a Klein en problemas.

Lo mejor sería que renunciara al bufete de abogados y que nunca volviera a ver a Klein ni a Vivian.

“Entonces tienes que pedirle una compensación generosa a Vivian”, Joey escribió en su teléfono.

“Espero que te mejores pronto”.

En un abrir y cerrar de ojos, mientras charlábamos, la hora de almuerzo de Joey llegó a su fin y tuvo que regresar a la empresa.

Después de que se fue, me quedé sola en la habitación.

Recordar todo lo que había pasado me puso de mal humor.

Además, estaba frustrada con mis oídos.

¿Por qué tardaban tanto en recuperarse?

Me los froté varias veces, para intentar recuperar la audición, pero fue en vano.

Incluso aplaudí e hice varios sonidos con mis manos y mis pies, y aun así, no escuchaba nada.

Mientras más tiempo pasaba así, más me asustaba.

¿Qué pasaba si me quedaba sorda por siempre?

Pensando en esto, me quedé dormida hasta las seis de la tarde.

Hacía mucho tiempo que no descansaba de esa manera.

La mayor parte del tiempo me la pasaba estudiando para el examen de CPA, además de trabajar, y no tenía tiempo para dormir.

Como estaba en el hospital, pensé que, si alguien hacía algún sonido o entraba a la habitación, me despertaría, ya que yo nunca podía dormir si estaba en un lugar que no conocía.

Sin embargo, esa tarde, dormí de corrido.

Tal vez ese sería el mayor beneficio de quedarse sin el sentido de audición.

A pesar de que el cielo estaba cada vez más oscuro, Herbert todavía no regresaba, y yo seguía sola en la habitación.

Me senté en la cama y puse mis manos sobre mis rodillas.

No había prendido la luz todavía, así que las luces afuera de la ventana brillaban en la habitación.

De pronto, me sentí muy sola y confundida.

Como no podía escuchar nada, sentía que estaba en mi propio mundo, en el que no había ningún sonido.

Era como si yo fuera la única persona que quedaba en el planeta.

Nunca me había sentido así.

Repentinamente, las luces de la habitación se encendieron y, por un momento, tuve que entrecerrar los ojos, puesto que después de estar en la oscuridad durante tanto tiempo, mis ojos se habían acostumbrado a las sombras.

Puse una mano sobre mis ojos, para que la luz no los lastime.

Una vez que los pude abrir bien, vi a un hombre parado frente a la cama.

Me miraba fijamente con sus ojos, oscuros y brillantes, y tenía dos recipientes en las manos.

Justo cuando empezaba a sentirme sola y miserable, Herbert había venido a verme.

Tenía muchas ganas de lanzarme a sus brazos y abrazarlo con fuerza, pero sabía que no podía hacer eso.

Su corazón ya no me pertenecía.

Herbert me estaba cuidando ahora como me había cuidado esa vez que perdí a nuestro bebé.

Sabía que él podía cuidar de mí aunque estuviera enamorado de Caroline.

Tal vez a veces podía sentir que yo le gustaba.

No obstante, yo sabía que no era la única que le gustaba y que había alguien más en su vida.

Lo único que quería era que él me amara solo a mí.

No podía aceptar que le gustaran dos mujeres al mismo tiempo.

Al recordar todo lo que había sucedido en el pasado, la tristeza se apoderó de mi corazón y, aunque me sentía muy sola y desdichada, tenía que ser racional y mantener la cabeza fría.

Herbert era un veneno para mí, no podía ser codiciosa.

De repente, sentí una mano, grande y cálida, tocar mi cabeza.

Inmediatamente, sentí una descarga eléctrica recorrer mi cuerpo y mi corazón empezó a latir rápido y sin control.

Odiaba ese sentimiento.

Odiaba que Herbert pudiera hacerme sentir de esa manera con tan solo un movimiento.

Traté de usar la razón para reprimir mis emociones, así que me volteé para coger mi teléfono y alejar mi cabeza de su mano.

“¿Cuándo llegaste?” Tipeé.

“Hace unos minutos”.

Herbert respondió tras sacar su teléfono.

No había oído el sonido de la puerta ni mucho menos el de sus pasos entrando en la habitación.

No sabía que había llegado hasta que encendió las luces.

Me sentía muy abatida en ese momento.

¿Él había visto cómo me había acurrucado en la cama?

¿Por eso me estaba tocando la cabeza?

¿Sentía lástima por mí?

Mi fuerte autoestima me hizo sentir muy incómoda.

No me gustaba que me vieran en ese estado tan vulnerable y por nada del mundo quería que él sintiera lástima por mí.

Al fin y al cabo, él no podía darme lo que deseaba.

“Te compré tu comida favorita”.

Herbert me mostró la pantalla de su teléfono, para que leyera el mensaje.

Luego puso los dos recipientes de comida en la cama, sobre la mesa plegable.

Él todavía se acordaba de lo que me gustaba comer.

Fruncí el ceño al darme cuenta de eso.

Miré hacia abajo y vi los dos recipientes con dos pares de cubiertos.

Sabía que quería comer conmigo y estaba un poco conmovida por eso.

Aun así, no me atrevía a acercarme a él.

Tenía mucho miedo de no poder controlar mis sentimientos hacia él una vez más y de salir lastimada.

Decidí coger mi teléfono de nuevo y empecé a tipearle un mensaje.

“Sé que tienes mucho trabajo y muchas actividades sociales a las que asistir”, le dije.

“No tienes que venir a verme todo el tiempo.

Estoy estable, así que creo que en un par de días me darán de alta”.

“¿Qué quieres decir con eso?” Herbert escribió en su teléfono, frunciendo el ceño.

“Tengo miedo de traerte problemas”.

Respondí.

Parecía que estaba enojado.

Y, en efecto, el mensaje que me escribió estaba lleno de reproches.

“Si no quieres molestarme, ¿a quién quieres que llame para que venga a hacerte compañía?

¿A Klein?” Decía.

“Sin embargo, sabes que su novia ha regresado y que él la ama.

Puede que le hayas llegado a gustar un poco, pero eso fue momentáneo.

Me imagino que ya debes saber que Klein es un mujeriego y que ha estado con muchas mujeres.

¿Quieres ser una más del montón?” 

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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