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Novia del Señor Millonario - Capítulo 124

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124: Chapter 124 Capítulo 124 Lo añoro 124: Chapter 124 Capítulo 124 Lo añoro Bella
La persona que me estaba abrazando era Herbert.

Al darme cuenta de esto, tuve sentimientos encontrados y claramente pude notar que mi razón se estaba desvaneciendo poco a poco, para darle prioridad a lo que dictaba mi corazón.

No pude controlar lo que sentía.

Cada vez que veía a Herbert hablando con una mujer, me ponía celosa.

Y cuando lo veía irse, me sentía triste.

Ahora que había vuelto una vez más, estaba feliz.

Dios, en serio me había enamorado de él de nuevo.

O tal vez esos sentimientos nunca me habían dejado.

¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora?

Sin embargo, Herbert no me dio tiempo para pensar, ya que, con sus dos grandes manos, cogió mi rostro y me besó.

Esta vez, el beso ya no era forzado, sino lento y lleno de ternura.

Su mano recorría todo mi cuerpo.

No me volví a resistir.

En cambio, acepté sus caricias y sus besos y puse mis manos frente a su pecho, sintiendo su corazón latir rápido.

Las manos de Herbert eran cálidas y estaban llenas de ternura.

Pronto, el deseo se fue despertando desde lo más profundo de mi cuerpo.

Mi cabeza me decía que no debía dejar que nada pasara entre nosotros, y pese a que sabía que estaba mal, no podía controlar mi anelo y mi deseo.

Lo único que podía hacer era seguir hundiéndome en el mar de sus caricias.

No fue hasta que me quitó la bata que sentí un poco de frío y volví a la realidad.

Ahora que había recuprado un poco de mi racionalidad, dejé de besarlo.

La luz de la habitación era muy tenue, pero podía ver la expresión en su rostro con claridad.

Herbert frunció el ceño, sacó su teléfono móvil y tipeó algunas palabras.

“Si no quieres hacerlo, me iré en este momento”.

El mensaje decía.

Me quedé en un dilema tras leer esas palabras.

Además, mi respiración aún era muy rápida y mi cuerpo todavía se sentía como si estuviera en llamas.

Maldita sea, Herbert había despertado mi l*juria y mi deseo.

¿Cómo podía decirle eso?

En un principio, yo solo había sido una empleada del Grupo Wharton.

Vivía una vida tranquila y cómoda.

Sin embargo, desde que Herbert había aparecido en mi vida, había sufrido innumerables injusticias.

Ahora, estaba a punto de perder mi trabajo, ya que la novia de mi jefe me había golpeado.

¿Qué tan diferente hubiera sido mi vida si no hubiera conocido a Herbert?

Pero era inútil pensar en eso.

Al fin y al cabo, ya lo había conocido y ya me había enamorado de él 
Y ahora, yo era la persona a la que él tenía en brazos.

Mi cuerpo me decía con toda mi alma que lo añoraba y que lo extrañana…

El amor y el deseo dominaban mi juicio.

Todo lo que quería era disfrutar de este momento y sacarle el jugo a este hombre.

De pronto, Herbert soltó mi cintura y retrocedió.

¿Se iba a ir?

Di un paso adelante, cogí su teléfono y lo tiré al suelo.

Luego puse mis brazos alrededor de su cuello y me puse de puntillas para besar sus labios…

Por su reacción, pude sentir que estaba atónito.

Aun así, cerré los ojos con fuerza, puesto que no quería mirarlo ni enfrentarme a él de esa manera.

Solo quería usarlo para descargar todo el mal que me habían hecho durante todo este tiempo.

Empecé a tirar de su ropa con mi mano y, al darse cuenta de esto, Herbert se la quitó.

Pronto, me volví a sentir muy tímida bajo su mirada y dejé que él tomara la iniciativa.

Con un movimiento repentino, me quitó la pijama y la tiró debajo de la cama.

Me quedé desn*da delante de él.

Aunque no podía escuchar ningún sonido, podía sentir claramente que su cuerpo estaba ardiendo y que su corazón latía a mil por hora.

Cuando por fin me penetró, me sentí muy satisfecha.

Mi cuerpo, que había estado vacío, ahora se sentía lleno.

No pude evitar inclinarme más cerca de él.

De repente, Herbert me penetró con fuerza y no pude controlarme más.

Bajo sus caricias y el movimiento de su pelvis, el deseo dentro de mí brotó como magma.

Esta vez no tenía escrúpulos y ya había dejado la timidez de lado.

No tenía idea de lo que pasaría en el futuro, pero eso ya no me importaba en ese momento.

Solo quería disfrutar del maravilloso placer que Herbert me estaba haciendo sentir…

Una hora más tarde, por fin habíamos terminado.

Me volví a acostar en la cama, estaba exhausta y jadeando.

No obstante, Herbert me agarró la cintura con fuerza y cuando me apoyé contra su pecho desn*do, su mi*mbro erecto hizo contacto con mis muslos.

Me moví encima de él y el mi*mbro de Herbert se volvió más candente y más duro.

Con sus delgados dedos, tocó mis pezones.

Frotándolos con movimientos circulares.

¿Quería hacerlo una vez más?

Yo ya no podía soportarlo.

Herbert era demasiado insaciable.

Tuve que detener su lujuria.

Golpeé el dorso de su mano y señalé la cama plegable que estaba junto a la ventana, dándole a entender que durmiera allí.

Sin embargo, parecía que él no quería hacerme caso, ya que seguía tocándome.

Aparté su brazo y bajé la cabeza para coger mi ropa, que estaba debajo de la cama.

Después de ponerme la pijama, volví a señalar en dirección a la cama plegable.

Yo todavía era una paciente que estaba internada en el hospital, no podía dejar que él siguiera torturándome.

Herbert por fin entendió mis señales y se levantó de la cama.

Aunque la luz de la habitación era muy tenue, podía ver el contorno de su mi*mbro erecto con claridad.

Nunca había tenido a un hombre que fuera tan dotado como él, tanto su longitud como su tamaño…

nada más de pensar en eso, el deseo volvió a surgir en mi cuerpo y mis mejillas se pusieron calientes al instante.

Dios mío, ¿en qué estaba pensando?

Volteé y, después de un rato, sentí su mano en mi hombro izquierdo.

Al darme la vuelta, me dio un rápido beso en la mejilla.

Por instinto, extendí mi mano para tocar su rostro y, cuando levanté la vista, vi que me sonreía con mucha ternura.

Su expresión era muy gentil y sus ojos estaban llenos de afecto.

No podía quitarle la mirada de encima.

Aun así, Herbert se puso la ropa y caminó con elegancia hasta el interruptor para prender la luz.

De inmediato, la habitación se iluminó y vi que Herbert me estaba sirviendo un vaso con agua.

Lo puso sobre la mesa y luego fue a la silla y abrió su computadora portátil, probablemente para trabajar.

Después de tomar un sorbo de agua, me acosté en la cama y cerré los ojos para dormir.

Había usado mucha energía hace un momento.

Me puse de lado y miré a Herbert en silencio.

Pero él estaba muy concentrado en su trabajo y, además, parecía que no estaba un poco incómodo.

Sospeché que no estaba cansado.

Apoyé mi mejilla en mi mano y me quedé mirándolo durante unos minutos.

Al darse cuenta que lo estaba mirando, cerré los ojos.

Me quedé dormida en un instante y cuando me desperté, ya era un nuevo día.

El sol estaba brillando en lo alto del cielo.

Me puse las pantuflas y corrí al baño.

Al mismo tiempo, Herbert pareció levantarse de la cama plegable y corrió detrás mío.

Al salir, vi que me estaba mirando con el rostro lleno de preocupación.

“¿Qué pasa?

¿Te sientes mal?” Preguntó.

Me quedé mirándolo con los ojos abiertos de par en par, pero no porque fuera guapo ni porque se estuviera preocupando por mí, sino que…

había escuchado su voz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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