Novia del Señor Millonario - Capítulo 16
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia del Señor Millonario
- Capítulo 16 - 16 Chapter 16 Capítulo 16 Seduciendo a Herbert
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: Chapter 16 Capítulo 16 Seduciendo a Herbert 16: Chapter 16 Capítulo 16 Seduciendo a Herbert Bella
Tan pronto como entré en la oficina del nuevo jefe, noté que el ambiente era muy extraño.
“Señor Wharton, ¿me está buscando?” Pregunté.
caminando hacia el escritorio de Herbert.
Cuando levanté la mirada, mis ojos se encontraron con su desagradable expresión.
Yo no le debía nada, así que me sentí muy disconforme con su actitud.
Además, estaba aquí para trabajar, no para soportar su mal humor.
“Bella, no creas que solo porque me acosté contigo una vez podrás seducirme y obligarme a que haga lo que quieras”, me dijo indignado.
“Te advierto que no soy tan débil como pareces”.
Con tan solo unas pocas palabras, me había desconcertado.
“Sr.
Whanton, no sé cómo llegó a la conclusión de que yo quiero seducirlo”, manifesté.
“Lo único que puedo decirle en este momento es que no estoy interesada en seducirlo ni aunque usted sea el único hombre que quede en el mundo”.
Herbert resopló.
“Lo que más odio en este mundo es a las mujeres hipócritas como tú”.
Respondió con indiferencia.
“¿Por qué cree que soy hipócrita?” Pregunté.
Estaba tan enojada que golpeé su escritorio con mis puños.
Lo que había pasado en el ascensor había sido solo un accidente.
Yo no le había pedido ayuda ni había intentado seducirlo.
¿Sin embargo, ahora él me estaba diciendo que esa había sido mi intención?
Era una total calumnia.
Si él no fuera el jefe, le hubiera dado una paliza que nunca olvidaría.
De pronto, Herbert arrojó una cosa rosada sobre el escritorio.
“¿Entonces esto no te pertenece?” Preguntó, disgustado.
Bajé la mirada y vi una ropa interior rosada desechable sobre el escritorio.
Al darme cuenta qué era, me quedé atónita.
‘¡Oh, Dios mío!’ Pensé.
‘¿Por qué Herbert tiene esto?’ Como no había estado en casa todos estos días, había comprado ropa interior desechable para usarla en la oficina.
La ropa interior que estaba en el escritorio de Herbert era la que se supone debí haberme puesto en la mañana, cuando usé su baño para ducharme.
Con razón no pude encontrarla en la bañera; debí haberla buscado con más cuidado, pero en ese momento había estado agotada y no había podido pensar con claridad.
Ahora recordaba que había dejado la ropa interior encima del inodoro y que lo más probable era que me haya olvidado que la había puesto ahí y hubiera cogido una nueva.
Esta era la razón por la que Herbert pensaba que quería seducirlo.
Tenía que admitir que algo así era muy fácil de malinterpretar.
Por un momento, me sentí muy avergonzada.
Abrí la boca sin saber qué decir.
Me había quedado sin palabras.
Por Dios, todo lo que quería hacer en ese momento era buscar un agujero para esconderme y nunca volver a salir de ahí.
Me sentía completamente humillada.
Lo único que pude hacer fue coger la ropa interior y meterla en mi bolsillo.
“Sr.
Wharton”, dije, intentando mirarlo los ojos para que se dé cuenta de mi sinceridad.
“Acepto que esto es mío, pero fue porque me olvidé que la había dejado en el baño.
Por favor, no piense mucho en esto”.
De hecho, en ese momento había estado luchando contra mí misma, porque todo lo que quería hacer era salir corriendo de la oficina de Herbert.
Aun así, estaba orgullosa de mí misma por haberme enfrentado a una situación como esa sin perder la cordura.
La razón principal por la que no había salido corriendo era porque quería dejarle bien claro que no tenía ninguna intención de seducirlo.
“¿No pensar mucho?” Herbert preguntó, indignado.
Era evidente que no había logrado convencerlo con mis argumentos.
“Es que usted suele pensar mucho y llegar a conclusiones erróneas”, respondí después de pensarlo un momento.
“Las personas que no tienen pensamientos puros pueden hacer que cualquier cosa sea sobre s*xo.
Lo que pasó con la ropa interior fue solo un accidente, una coincidencia”, agregué.
“No tiene nada que ver con querer seducirlo”.
Mientras hablaba, veía la expresión de Herbert y noté que cada vez lo estaba irritando más.
“Bueno, espero que solo haya sido un accidente como dices”, dijo mirándome fijamente.
“No quiero tener ningún tipo de relación amorosa con las trabajadoras de la empresa”.
¿Acaso estaba dando a entender que yo, una trabajadora de la empresa, quería tener una relación amorosa con el jefe?
“A pesar de que solo soy una asistente, tengo mis propios principios”, me apresuré a decir.
No quería que me malinterpretara más de lo que ya había hecho.
“De ahora en adelante mantendré mi distancia, jefe”.
“De acuerdo”, Herbert dijo con una expresión muy seria en el rostro.
“Ya puedes irte”.
“Me tomaré los días libes que me prometió”.
Le recordé antes de salir de la oficina.
Él mismo me había dicho que me tomara unos días libres, así que no podía dejar pasar esta oportunidad.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com