Novia del Señor Millonario - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Chapter 18 Capítulo 18 Muy asqueroso
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18: Chapter 18 Capítulo 18 Muy asqueroso 18: Chapter 18 Capítulo 18 Muy asqueroso Bella
Vi a Herbert y a Emma acercarse cada vez más a mí.
Bajé la cabeza y, después de pensarlo por un momento, decidí saludar a Herbert de manera respetuosa.
Al fin y al cabo, él era el jefe y se merecía mi respeto.
En cuanto a Emma, decidí fingir que no la había visto.
Después de saludar a Herbert, me iría a toda prisa.
Sin embargo, cuando estábamos a menos de dos metros, sentí que ambos me miraban fijamente.
Maldecí para mis adentros, ya que en todo lo que podía pensar al ver el rostro de Herbert era mi ropa interior.
Sentí que mis mejillas se estaban sonrojando.
“Buenos días, Sr.
Wharton”, dije en voz alta después de respirar hondo.
Aun así, Herbert no me respondió.
Él solo se quedó mirándome.
Me sentí muy incómoda bajo sus penetrantes ojos.
Pensé que él simplemente no quería devolverme el saludo y que, en vez de quedarme parada como una tonta, en el pasillo, lo mejor sería seguir mi camino.
No obstante, cuando estuve a punto de irme, Emma dio un paso hacia adelante y me bloqueó el camino.
“Bella, no importa lo que pase, legalmente somos hermanas”, me djio indignada.
“¿Cómo es posible que no me saludes cuando me veas?
Eres demasiado grosera”.
Levantó la barbilla y me miró con desdén.
La miré en silencio, apretando mis puños a cada lado de mi cuerpo.
De todas formas, este no era el momento ni el lugar para hacerla pagar por haber pisado el dorso de mi mano con sus tacones altos.
No me imaginaba que se atrevería a reclamarme mientras estaba en horas de trabajo.
“Solo tengo una hermana, y es la que va a la escuela secundaria”.
Respondí con frialdad.
“No me interesa si tú crees que soy tu hermana o no”, Emma insistió con una mirada de desprecio.
“Mi padre y tú tienen la misma sangre, ¿no?
La última vez que lo viste lo dejaste en cama por unos días.
¿No crees que debiste ir a visitarlo?” Resopló.
“En serio tienes el corazón más duro que una piedra”.
No pude evitar fruncir el ceño al oír esto.
¿Por qué Emma me estaba diciento tantas tonterías hoy?
Me volteé a ver a Herbert y noté que seguía de pie, junto a ella.
De inmediato, comprendí lo que estaba pasando.
Tal vez Emma tenía miedo de que le quitara a Herbert y por eso ella estaba sacando todos mis trapitos al aire en frente de él.
Para que él se haga una idea equivocada de cómo era yo en realidad.
De todos modos, aunque ya me había dado cuenta de las intenciones de Emma, a mí no me importaba la impresión que Herbert tuviera de mí.
Pese a esto, no podía dejar que Emma siguiera calumniándome en mi lugar de trabajo.
Contuve mi ira y le sonreí.
“¿Droopy no se sentía bien hoy y por eso salió y empezó a morder a la gente, temprano por mañana?” Pregunté en tono de burla.
“¿Qué dijiste?” Emma exclamó, confundida.
“¿A quién estás llamando Droopy?” Estaba muy enojada.
Me crucé de brazos y la miré fijamente, examinando su peinado.
“Tu peinado de hoy se parece mucho al de un perro muy famoso que se llama Droopy”, le expliqué.
“Aunque él es muy manso y no muerde, como tú”.
Mientras veía el rostro rabioso de Emma, me di un par de palmaditas en la espalda mentalmente.
Ahora que la había hecho enojar, ya había logrado mi objetivo.
“Bueno, me tengo que ir a trabajar”, agregué.
“No tengo tiempo para quedarme aquí y seguir discutiendo contigo”.
Luego me hice a un lado y seguí caminando.
“Bella, ven y discúlpate conmigo”.
Escuché a Emma decir detrás mío.
Sin embargo, todo lo que hice fue acelerar el paso.
Durante el amuerzo, cuando estábamos en la cafetería, Joey se inclinó hacia mí.
“¿Sabes por qué Emma Briden vino hoy a la empresa?” Me preguntó en voz baja.
“No”, respondí.
A decir verdad, tenía un poco de curiosidad por oír la respuesta.
“¿Por qué vino?”
“Para vender seguros”.
Joey respondió, levantando las cejas.
Emma de verdad era muy astuta.
Había venido hasta aquí con la excusa de vender un seguro para seducir a Herbert.
“Apuesto que no sabes si ella logró vender los seguros o no”.
Joey dijo con una mirada misteriosa.
Aunque no tenía una buena impresión de Herbert, sabía que él era muy serio y muy profesional.
La pequeña compañía de seguros de mi padre no era muy grande ni tampoco formal.
Estaba segura de que Herbert no firmaría un contrato con una empresa así.
No obstante, Joey no esperó mi respuesta.
“El jefe terminó asegurando a todos los trabajadores de la empresa”.
Me quedé muy sorprendida al escuchar esto y, mientras más lo pensaba, más me enojaba.
Al final, tiré los cubiertos sobre la mesa.
¿Herbert, que parecía tener un gusto muy refinado, se había enamorado de esa mujer que se peinaba como Droopy?
Al fin y al cabo, esta era la única razón por la que él aseguraría a todos los trabajadores de la empresa con la compañía de mi padre.
Aun así, no sabía por qué estaba tan enojada, pero estaba echando humo por las orejas.
Joey me dio una palmadita en el hombro.
“¿Estás enojada por lo que hizo esa mujer?” Me preguntó.
“No te enojes.
La gente como Emma no vende seguros, solo vende su cuerpo.
No necesitas enojarte con gente tan despreciable como ella”.
Dijo, intentando consolarme.
Pero lo más extraño de todo eran mis pensamientos.
¿Podría ser que Emma también se hubiera acostado con Herbert?
¿Ella y yo nos habíamos acostado con el mismo hombre?
Por fortuna, no vi a Emma ni a Hebert por el resto del día.
De lo contrario, me hubiera sentido muy obscena y asquerosa.
Joey me volvió a dar otra palmadita en el hombro antes de irnos a casa.
“No olvides traer tu tarjeta de identificación mañana”, me dijo.
“La compañía ha organizado un examen físico en el hospital para todas las trabajadoras”.
“¿Para todas las trabajadoras de la empresa?” Pregunté, sorprendida.
¿Qué estaba pasando?
Si era un examen físico para los trabajadores que ya eran mayores, podía entenderlo, pero, ¿por qué organizaron un examen físico para todas las trabajadoras de la empresa?
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