Novia del Señor Millonario - Capítulo 20
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia del Señor Millonario
- Capítulo 20 - 20 Chapter 20 Capítulo 20 El bebé es tuyo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: Chapter 20 Capítulo 20 El bebé es tuyo 20: Chapter 20 Capítulo 20 El bebé es tuyo Bella
Me toqué la barriga con una mezcla de sentimientos complicados.
No podía imaginar que dentro de mi vientre estuviera creciendo un bebé.
Lo primero que pensé hacer fue abortar.
Me precupaba que, con mi situación actual, no pudiera mantener al bebé.
Pero después de entrar al hospital, empecé a dudar.
Este era mi bebé, era parte de mí, era mi familia.
Mientras me encontraba en este dilema, Herbert apareció frente a mí.
“¿Por qué viniste?” Le pregunté.
Sin embargo, antes de que pudiera empezar a explicarle lo que había pasado, me cogió la muñeca y me sacó de ahí.
“Suéltame”, exclamé.
“¿A dónde me llevas?” A pesar de que grité y luché para que me soltara, no pude quitar su mano de mi muñeca.
Solo cuando llegamos a un pasillo en donde no había mucha gente, Herbert me soltó.
“Sr.
Wharton, ¿podría mostrar algo de respeto por sus trabajadoras?” Pregunté, tocando mi muñeca, que se había quedado adolorida.
De pronto, Herbert sacó una hoja de papel y me la mostró.
“¿Por qué tienes eso?” Pregunté, sintiéndome un poco culpable.
Era el ultrasonido a color que me había sacado antes de ir al hospital.
Era una prueba irrefutable de mi embarazo.
Había olvidado que lo había metido en mi bolso sin pensar mucho.
No obstante, por alguna extraña razón, ahora estaba en manos de Herbert.
“Tienes una colega que se llama Jane, ¿no?” Me preguntó, indignado.
“Ella fue quien llevó esto al departamento de personal, para denunciarte”.
Entonces había sido Jane.
Ella se había robado el ultrasonido de mi bolso y lo había llevado como evidencia para presentar una denuncia.
Todos en la empresa sabían que Jane y Emma eran íntimas amigas, así que la mente maestra detrás de esto debía ser Emma.
No podría estar tranquila hasta que le diera una paliza a esa mujer.
Pero en ese momento, el mayor problema que estaba enfrentando era este hombre que tenía frente a mí.
Estaba un poco nerviosa y lo único que se me ocurrió hacer fue coger el ultrasonido que Herbert tenía en la mano.
“Sí, esto es mío”, dije.
“Gracias”.
Luego me di la vuelta y me fui.
No obstante, Herbert corrió delante mío y me bloqueó el paso.
“¿Qué está tratando de hacer?” Pregunté mientras se me quebraba la voz.
Estaba muy ansiosa.
“¿Hasta cuándo me lo ibas a ocultar?” Herbert dijo mirándome fijamente.
“¿Qué…
qué le estoy ocultando?” Pregunté.
No sabía qué más decir.
Lo único que quería hacer era salir corriendo de ahí.
Al oír esto, Herbert frunció el ceño.
“Estás embarazada de mi hijo”, dijo.
“¿O acaso crees que no lo sé?”
Cuando escuché estas palabras, mi cerebro empezó a trabajar duro, buscando una excusa para defenderme.
¿Qué era lo que él pretendía hacer?
¿Quería que aborte o que dé a luz a su hijo?
¿Las personas con mucho dinero no criaban a sus hijos y obligaban a las madres a desaparecer de sus vidas?
No, no podía perder a mi hijo.
No había forma de que lo hiciera.
“Sr.
Wharton, tiene mucha confianza en sí mismo”, dije en un tono sarcástico, levantando la cabeza.
“Es cierto que estoy embarazada, pero usted no es el único hombre con el que tuve relaciones sexuales.
¿Por qué está seguro de que el bebé que llevo dentro es suyo?”
Esto pareció enojar a Herbert.
“Nunca vuelvas a decir algo como eso”.
Me advirtió dando un paso adelante y volviendo a agarrar mi muñeca.
“Yo…
solo estoy diciendo la verdad”.
Agregué, levantando la barbilla.
No quería ceder ante él.
Por su parte, Herbert cerró los ojos y respiró hondo, probablemente para calmar su ira.
Cuando volvió a abrir los ojos, su expresión era suave.
“Esa fue tu primera vez”, dijo.
“Cuando tuvimos relaciones esa noche, fue la primera vez que hacías algo como eso.
No has vuelto a acostarte con ningún hombre este último mes y, aunque el profesor tiene una muy buena impresión de ti y te envía mensajes de vez en cuando, tú no aceptas sus invitaciones a salir.
Entonces, el bebé que llevas dentro es mío, ¿no?”
Levanté la mirada y sus ojos se encontraron con los míos.
Fue entonces que supe que no podía negarlo más.
Lo único en lo que podía pensar ahora era en las consecuencias que tendría que enfrentar después de admitir que el bebé era de él.
¿Entonces él había venido hasta aquí para deshacerse de mí y de este problema de una vez por todas?
Esta no debía ser la primera vez que algo así pasa, ¿verdad?
Tal vez termine dándome un cheque o una tarjeta bancaria, para que resuelva este problema por mi cuenta.
En ese momento, decidí que si él realmente me daba una tarjeta bancaria, la aceptaría.
Al fin y al cabo, me iba a faltar dinero después de que renunciara a la empresa y tuviera que esconderme para dar a luz al bebé.
Nunca más vería a Herbert y solo me dedicaría a criar a mi hijo…
Tendría que dejar a un lado mi autoestima, ya que, en vez de vivir a lo grande, como siempre había soñado, me tendría que contentar con tener una vida tranquila junto a mi hijo.
Ahora Herbert sabía la verdad.
“¿Por qué no dices nada?” Insistió.
“¿Quieres seguir negándolo?” Preguntó, agarrándome por los hombros.
“Sí, es tu hijo”.
Confesé.
Asintiendo con la cabeza.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com