Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Novia del Señor Millonario - Capítulo 26

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Novia del Señor Millonario
  4. Capítulo 26 - 26 Chapter 26 Capítulo 26 Soy tu esposo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

26: Chapter 26 Capítulo 26: Soy tu esposo 26: Chapter 26 Capítulo 26: Soy tu esposo —¿Por qué no estás comiendo?

—Ah, lo siento —respondí y rápidamente me llevé un bocado a la boca.

Estas verduras eran las mejores que había probado en mi vida.

Comencé a comer con gusto, aunque no pude evitar pensar que la cena no estaba completa sin carne.

—¿Sueles comer solo vegetales?

—le pregunté con cuidado.

—Dijiste que la comida grasosa te daba náuseas y que querías comer ligero, ¿no?

Me quedé atónita.

Ciertamente lo había dicho, pero había sido una mentira para que me dejaran de molestar las chismosas de mi piso.

De repente, sonó mi teléfono.

—Tengo que atender esta llamada —me disculpé.

—¿Quién es?

¿Por qué me estás evitando?

—me dijo Herbert sin dejarme dar más de un paso.

Me di la vuelta y él tenía la vista fija en la mesa.

Tenía miedo de molestarlo, así que respondí la llamada ahí mismo.

Después de todo, Hank y yo éramos meros amigos, nada más.

No había necesidad de esconderme.

—Bella, ¿por qué no has llegado?

Pedí los mariscos que tanto te gustan.

—Lo siento, Hank.

Me salió algo urgente y no podré ir.

No te preocupes por mí —le respondí con culpa.

—¿Qué pasó?

¿Puedo ayudarte en algo?

—No, no es eso…

—me negó al ver cómo el rostro de Herbert se oscurecía cada vez más.

En eso, se levantó y me arrebató el teléfono.

—¿Es este el profesor Hank?

Disculpe, pero mi esposa está cenando conmigo.

Bella lleva mi bebé, así que no la invite otra vez.

Que tenga un buen día.

Herbert le dijo algo más a Hank, pero no pudo escucharlo.

Después colgó y me devolvió el teléfono.

Me enojé al verlo comportarse de forma tan petulante.

—¿Qué hiciste?

—¿Qué pasa?

Solo dejé las cosas claras.

No me importa si ese profesor sabe de nuestra relación.

Le dije que si te vuelve a molestar, que no se queje después si lo golpeo.

—Hank y yo solo somos amigos.

Te pasaste de la raya.

—Bella, firmaste el contrato prenupcial.

Sabes que está prohibido que tengas contacto alguno con el sexo opuesto —me dijo, fulminándome con la mirada.

Sentí que me quedaba sin aire al escucharlo.

Lo miré con odio porque era cierto lo que decía.

Había incumplido con el contrato, pero nunca lo admitiría.

—Tengo una reunión más tarde, así que ya me voy.

No tienes que irte todavía, puedes seguir comiendo —dijo un poco más suave mientras se levantaba.

Por favor, como si me fuera a quedar más tiempo aquí.

Dios, como lo odiaba.

Sin embargo, no me atrevía a perder los estribos con él.

Me contenté con mirar su espalda con repulsión mientras se iba.

Cuando volteó a verme antes de salir de la sala, bajé la cabeza rápidamente, avergonzada y enojada conmigo misma.

¡Se supone que no le tenía miedo a nada!

—De ahora en adelante, vendrás a comer aquí todos los días —dijo.

—¿Por qué debería hacerte caso?

—Porque soy tu esposo —dijo y cerró la puerta detrás de él.

Me quedé sola en la sala.

No sabía porque me ponía tan nerviosa en su presencia.

Con el ceño fruncido, volví a la mesa y me senté.

La comida todavía estaba caliente, pero no creía que tuviera el apetito para seguir comiendo sola.

Me levanté y me rugió el estómago.

Suspiré y me volví a sentar.

Muy bien, quizás todavía tenía un poco de hambre y definitivamente no iba a estar desperdiciando esta comida solo por un disgusto.

Después de terminar, agarré mi teléfono con la intención de llamar a Hank para disculparme y explicarle lo que le había dicho Herbert.

Sin embargo, no pudo encontrar su número.

En eso recordé que Herbert había estado jugando con mi teléfono y que probablemente había borrado su contacto.

Apretó los puños con furia, ¿qué derecho tenía ese hombre para hacer eso?

Ahora me había quedado sin forma de contactarlo porque no me sabía su número de memoria.

Bueno, tendría que disculparme cuando lo viera la próxima vez.

Iba a apagar la pantalla cuando me di cuenta de que tenía un nuevo contacto: el número de Herbert.

Me quedé mirándolo con los ojos abiertos.

¿También había agregado su contacto a mi teléfono?

Estaba tan enojada que terminé riéndome de la ironía.

Este hombre se comportaba como un niño.

—¿Qué tal te fue probando semejantes manjares?

—me bromeó Joey al día siguiente.

—Comí pura comida de conejo.

Nada de carne —me quejé.

—¿En serio?

—¡Sí!

—dije lastimeramente.

En ese momento, escuchamos un sonido de tacones acercándose.

Volteé y me di cuenta de que era Emma.

Bufé por lo bajo y me concentré en mi escritorio.

Lo último que quería era hablar con ella.

—¿Quién está a cargo de las cuentas?

—Yo —respondió Joey.

—Tengo que cobrar esta factura, por favor —dijo Emma mientras le enseñaba el documento.

—Lo siento, pero no puedo ayudarla —dijo Joey después de revisarlos.

—¿De qué estás hablando?

El mismo señor Wharton firmó la orden.

¿No me digas que no reconoces su firma?

—dijo mordaz la otra mujer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo