Novia del Señor Millonario - Capítulo 27
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27: Chapter 27 Capítulo 27: ¿Cómo se atreve a golpearme?
27: Chapter 27 Capítulo 27: ¿Cómo se atreve a golpearme?
Joey se molestó ante la prepotencia de Emma.
—En la guía dice claramente que se debe hacer una cita con tres días de anticipación para pagar cualquier factura.
Además, los pagos se hacen antes de emitirse la factura.
Tenemos un presupuesto diario muy ajustado porque esta es una compañía muy grande que tiene que hacer pagos todos los días.
Si todos pudieran venir y demandar que paguemos cualquier factura que se les apetezca, esto sería un circo.
Al escucharla, Emma se puso lívida de la furia.
Agarró la guía que Joey estaba señalando y se fue haciendo eco con sus tacones.
Mi amiga se quedó mascullando improperios por lo bajo.
Bella se iba a acercar para consolarla, pero se le adelantaron.
—Oye, no te enojes tanto, ella tiene vara en la compañía.
Si no tienes cuidado, te podría arruinar —le dijo la compañera del escritorio de al lado.
—¿A qué te refieres?
—Escuché que el tío de Emma y el padre del señor Wharton estuvieron juntos en el ejército, y que el tío salvó la vida de su padre en una ocasión.
¿Por qué sino le daría el señor Wharton ese seguro a Emma?
—Yo también escuché eso y, recientemente, he estado yendo a las oficinas del jefe más seguido y parece ser que Emma tiene una muy buena relación con él —dijo otro compañero, metiéndose a la conversación.
No pude evitar negar la cabeza con pesar.
No me sorprendía que Emma y su madre hayan utilizado a su tío de una forma tan descarada.
—Ya, pero todos sabemos que hacer negocios no es su misión principal.
Se dice que es la amante del jefe.
—¿Tan mal gusto tiene?
Está operada por todos lados —se quejó nuestra compañera.
—Bueno, eso es cierto, cualquiera que se meta en la cama del jefe saldrá muy bien recompensada seguro.
Usualmente me reiría con los demás de estos comentarios, pero hoy me hacían sentir inusualmente incómoda.
¿Sería por qué estoy casada con él?
Aunque tampoco debía olvidarme que la única razón por la que nos habíamos casado había sido por el bebé.
—Quizás ya está casado —dijo Joey y comencé a sudar frío porque no quería que dijera más de la cuenta.
La agarré del brazo como advertencia.
—¿Cómo?
¿En serio?
¿Qué sabes?
—le preguntaron emocionadas las chicas y le apretó aún más el brazo.
Nadie podía saber la verdad.
—¡No sé nada, pero un hombre joven como él con tanto dinero debe estar casado!
—dijo al ver el miedo en mi rostro.
Afortunadamente, los demás no se lo tomaron en serio y continuaron cuchicheando sobre el tema.
—Estoy segura de que debe estar casado.
—No sé, yo creo que no lo está.
Ese día que lo vi, no llevaba ninguna alianza.
—Claro, tiene sentido.
Además, nadie ha emitido ningún comunicado sobre alguna esposa.
Mis compañeras siguieron en lo suyo, riéndose, y yo no pude evitar suprimir un escalofrío al pensar en lo que me harían si se enteraban que Herbert sí estaba casado y que yo era la esposa.
Con lo desesperadas que estaban por creer que seguía soltero, me temía lo peor.
En eso escuchamos a alguien con tacones entrar a la oficina.
Emma entraba con la cabeza en alto y todos se escabulleron para regresar a sus puestos.
Ella no les hizo caso y se paró frente a Joey.
Le estampó la factura en la mesa.
—Tienes que hacer este pago urgentemente.
No me digas nada de las reglas.
La firma del señor Wharton es una orden directa.
Ya después vemos lo de la cita —dijo con suficiencia mientras se arreglaba el cabello con sus largas uñas rojas.
Joey frunció el ceño, pero revisó la factura y efectivamente estaba firmada por el jefe y tenía la palabra «urgente» estampadas encima.
Sin más remedio, asintió con derrota y comenzó a hacer la transferencia.
Me quedé mirando la escena con furia contenida.
Emma era una descarada y arrogante mujer que le gustaba saltarse las reglas.
¿Qué hacía Herbert dándole tantos privilegios?
¿Realmente le tenía consideración por su tío?
¿O quizás le gustaba Emma?
¿Se había acostado con ella?
Pensar en ello me hizo sentir extremadamente incómoda.
Tienes que ser fuerte, Bella, no puedes dejar ver que te molesta su presencia.
—Listo —le dijo Joey mientras le entregaba un recibo.
—Todo está correcto, ¿verdad?
¿Estás segura de que transferiste el monto a la cuenta correcta?
Si te has equivocado, haré que se entere tu supervisor —le advirtió con sorna.
—Todo está bien, no encontraras nada mal por lo que culparme —le respondió Joey con la cabeza gacha.
Pensé que se iría después de esto, pero se acercó a mi escritorio.
—Oye, Bella, ¿no habías dicho que el padre de tu bebé era alguien muy importante?
¿Tan importante es esta persona que te hace trabajar aquí?
Deberías irte con él y ser la reina de su disque reinado.
Aunque, quizás no puedas porque eres la otra, ¿no?
—Tú yo tenemos sueldas que saldar, Emma —le dije mientras la agarraba del brazo con fuerza—.
¿Quién te dio el permiso de ir por ahí diciéndole a la gente que estoy embarazada?
Te arrepentirás de lo que has hecho.
—¿Arrepentirme?
¿Vas a hacer que me arrepienta?
—se rio mientras se soltaba de mi agarre—.
Por favor, eres una mera empleada.
Yo soy mucho más importante que tú, si quiero puedo decirle al señor Wharton que te despida.
Obviamente, nunca hubiera esperado que me comenzara a reír con sus palabras.
—¿Qué te pasa?
—me preguntó.
—Me rio de tu estupidez.
¿Quién crees que eres?
¿Realmente crees que el señor Wharton te escucharía?
—me burlé con cinismo.
Emma se ruborizó de la furia y, antes de que pudiera reaccionar, me abofeteó la cara.
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