Novia del Señor Millonario - Capítulo 33
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33: Chapter 33 Capítulo 33 Lo anhelo…
33: Chapter 33 Capítulo 33 Lo anhelo…
Bella
¿Esta era la habitación de Herbert?
¿En serio él le pidió a Allie que me trajera hasta aquí?
¿Entonces no había sido Allie quien me había traído aquí por su cuenta?
“Lo siento, Señora Wharton”, Allie le me explicó antes de que pudiera preguntar.
“Había demasiada gente en ese momento y opté por mentir.
Fue el señor Wharton quien me pidió que la trajera aquí”.
¿Señora Wharton?
Así que Allie sabía la verdadera relación entre Herbert y yo.
Al final, Joey había tenido razón.
Herbert había arreglado todo.
“Afuera hay una fuente termal.
Si necesita algo, puede llamar al servicio de atención al cliente”, Allie agregó.
“Bueno, si no se le ofrece nada, me retiraré”.
Dijo y se volteó para salir de la habitación.
Sin embargo, yo la detuve.
“Espera…” Le dije.
“¿Desea algo?” Allie preguntó, parándose en seco.
“Sí…
¿dónde está Herbert?” Pregunté, mirando a mi alrededor.
Estaba segura de que él no estaba en la habitación.
“El Sr.
Wharton está en las aguas termales”.
Allie respondió en un tono respetuoso.
Luego se fue.
Traté de sentarme en la gran cama después de verla salir por la puerta.
El colchón no era ni blando ni duro; era perfecto y me sentía muy cómoda.
Me paré para ir hacia la ventana y mirar la escena noctura, pero, a pesar de que me quedé mucho tiempo examinando los alrededores, no vi a Herbert.
De repente, bostecé.
Me sentía un poco cansada y decidí ir al baño a tomar una ducha.
Cuando terminé, me paré frente al espejo para secarme el cabello y, antes de que pudiera empezar a aplicarme los productos nocturnos en la piel, la puerta se abrió.
Volteé y vi que era Herbert, que entraba usando una bata.
Tenía el cabello mojado y se le había pegado a la frente.
Al parecer, estaba regresando de las aguas termales.
“Bienvenido”, dije, jalando mi bata de baño y forzando una sonrisa.
Herbert asintió.
Se volteó para cerrar la puerta y cuando llegó a la cama, se apoyó en ella.
Pese a que el ambiente en la habitación era muy pacífica y tranquila, no sabía qué hacer y, por alguna razón, mi corazón latía cada vez más rápido.
“Gracias por lo de hoy”.
Dije, rompiendo el silencio.
“No tienes por qué agradecerme”.
Herbert respondió.
Me miraba fijamente y, ante sus ojos, fríos y profundos, me puse más nerviosa.
“Mmm…” Murmuré, mirando a Herbert, que seguía apoyado en la cama.
De pronto, se aflojó el cinturón de la bata.
‘¿De verdad quiere que me acueste con él?’ Me pregunté.
Al pensar en esto, me sonrojé.
Sentía que todo mi cuerpo se calentaba.
No obstante, escuché su voz y volví a la realidad.
“Tráeme un vaso con agua, por favor”.
Me pidió.
¿Qué quería decir con eso?
¿Quería que le diera un vaso con agua como agradecimiento por lo que había hecho por mí?
Estaba un poco confundida.
“Tengo mucha sed”.
Herbert agregó.
“Ah, claro”, exclamé.
“Ahora te lo alcanzo”.
Sería muy fácil traerle un vaso con agua para agradecerle.
Terminé de echarme los productos de belleza en el rostro y me paré para buscar un poco de agua.
Después de un rato, caminé hasta la cama con el vaso con agua y se lo entregué respetuosamente, usando ambas manos.
Pero parecía que Herbert tenía otros planes porque en vez de coger el vaso con agua, me cogió la muñeca y me jaló a la cama.
“Ah…” Grité, por la sorpresa.
El vaso se cayó de mis manos y el agua se derramó sobre las sábanas.
Desconcertada, puse mis manos sobre el pecho de Herbert y lo miré con pánico.
“El agua…
se derramó el agua…” Dije.
No pude evitar lamerme los labios mientras hablaba.
“No tengo ganas de tomar agua en este momento”.
Herbert respondió.
Su voz se había vuelto ronca y sus ojos estaban llenos de l*juria.
“Solo tengo ganas de ti”.
Lo escuché decirme al oído.
¿Estaba coqueteando conmigo?
Si era así, con esas palabras había logrado derretir mi corazón.
En un movimiento repentino, bajó mi cabeza con su mano y me besó en los labios, desatando el cinturón de mi bata.
Sus manos me tentaban y me hacían desearlo con toda mi alma.
Poco a poco me fui sumergiendo en sus caricias, hasta que mi lujuria se hizo cada vez más fuerte.
“¡Apaga las luces!” Grité sin poder contenerme.
La habitación se quedó a oscuras después de que Herbert apagara la luz.
Lo único que se podía ver con claridad era la luna, afuera de la ventana.
Pese a que no podía ver los ojos de Herbert, podía ver el contorno de su rostro.
Solo ahora, que estábamos a oscuras, tuve el coraje de estirar mi mano y tocarlo.
Herbert era muy gentil conmigo.
Sus besos y sus movimientos eran muy delicados y todo lo que hacía, lo hacía con mucho cuidado.
Lo más probable era que tuviera miedo de lastimar al bebé.
De todos modos, yo estaba completamente inmersa en su ternura.
Cuando me penetró, la satisfacción de sentirlo dentro de mí me hizo soltar un gemido.
Gracias a su ritmo, suave y constante, llegué al clímax.
Una luz blanca apareció en mi mente y cerré los ojos con fuerza, enfocándome en el placer.
Cuando por fin terminamos, estaba exhausta.
Herbert se había quedado dormido abrazándome y lo último que vi antes de rendirme ante el cansancio fue su hermoso rostro.
Ya era mediodía cuando desperté.
Vi a mi alrededor y me di cuenta de que Herbert no estaba a mi lado.
La bata que había usado la noche anterior estaba en la silla, al costado de la cama.
Mientras miraba su bata, no pude evitar sonreír, volviendo a poner mi cabeza sobre la almohada.
De pronto, recordé lo que habíamos hecho anoche; era la segunda vez que teníamos relaciones sexuales.
Mi rostro se puso caliente al pensar en lo compatibles que éramos y lo bien que Herbert me había hecho sentir.
Aunque esta no era la primera vez que hacíamos el amor, era la primera vez que podía recordar todo lo que habíamos hecho con lucidez.
No había podido rechazar sus avances.
Además, mi cuerpo anhelaba el suyo.
……
De repente, me di cuenta que había un sobre encima de la mesa de noche, así que extendí la mano para cogerlo.
No tenía ganas de pararme de la cama.
Era una carta que tenía una reseña impresa.
Sentí miedo de que esta fuera la reseña que Joey había escrito por mí.
Empecé a leer y fruncí el ceño, ya que, en efecto, era la reseña que Joey había escrito en mi nombre.
Con razón Herbert me había dicho que estaba satisfecho con mi reseña.
Tiré la carta a un lado y volví a poner mi cabeza sobre la almohada.
Esta vez me sentía fastidiada.
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