Novia del Señor Millonario - Capítulo 39
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia del Señor Millonario
- Capítulo 39 - 39 Chapter 39 Capítulo 39 Noticias de Herbert
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
39: Chapter 39 Capítulo 39 Noticias de Herbert 39: Chapter 39 Capítulo 39 Noticias de Herbert Bella
Durante más de una semana, mi embarazo fue muy difícil.
Vomitaba todo lo que comía y cada vez que estaba pegada al inodoro, sin tener nada más que botar, sentía que morir sería mejor que esto.
Aún así, no dejé el trabajo ni pedí vacaciones.
Al fin y al cabo, todavía tenía que mantener a mi madre y a mi hermana menor.
A pesar de que el bebé era de Herbert, mi familia no tenía nada que ver con él.
Hoy, durante el almuerzo, todos mis colegas salieron de la oficina para comer y yo me quedé sola, descansando en cubículo.
Todos los días aprovechaba la hora del almuerzo para descansar y le pedía a Joey que me trajera algo ligero para comer.
Pero la verdad era que no tenía hambre.
De pronto, justo cuando estaba a punto de quedarme dormida, escuché el sonido de unos pasos acercarse y, al levantar la vista, vi a un hombre con un traje negro entrando a la oficina.
Era Herbert, que se estaba acercando hasta donde yo estaba.
“Estás teniendo un embarazo muy difícil”, me dijo.
“Pide unos días libres y ve a casa a descansar”.
¿No lo había visto en varios días y ahora él venía hasta aquí para decirme esto?
Además, cada vez que pensaba en su relación con Emma, mi corazón ardía de ira.
“No me sobra el dinero como para pedir días libres”, dije.
“Mi familia necesita de mi salario para sobrevivir”.
“¿Ah, sí?” Herbert dijo en un tono de burla, metiéndose la mano al bolsillo.
“Sin embargo, escuché que ganaste miles de dólares en una apuesta.
Eso debe ser suficiente para que tú y tu familia puedan sobrevivir por un tiempo”.
¿Entonces él todavía no superaba la apuesta y no me dejaba en paz por eso?
Y no solo eso sino que me estaba dejando de lado para pasar tiempo a solas con Emma.
No, no podía dejarlo ir tan fácilmente.
“Sí, gané una apuesta”, respondí con firmeza.
“Pero no robé ni estafé a nadie, ¿acaso apostar es ilegal?”
Después de decir eso, aparté la mirada y me quedé viendo la pantalla de mi computadora.
No obstante, vi que Herbert dejaba una tarjeta de banco sobre mi escritorio.
“No vine hasta aquí para pelar contigo”, me dijo.
“Esta tarjeta tiene cien mil dólares.
Creo que eso será suficiente para cubrir tus gastos y los de tu familia.
Depositaré el mismo monto todos los meses”.
Agregó.
Me sentí muy ofendida al oír esto y me puse de pie, encarándolo.
“Herbert, ¿qué quieres decir con esto?” Pregunté, indignada.
“¿Crees que puedes comprar lo que se te antoje con dinero?”
“¿El contrato no estipula que yo me haré cargo de tus gastos de manutención y de los del bebé?” Herbert respondió, impaciente.
Esta frase me dejó desconcertada.
Sí, era verdad que teníamos un contrato y que debíamos hacer todo lo que habíamos acordado.
Eso significaba que, aparte del bebé y del contrato, Herbert y yo no teníamos ninguna otra relación.
Incluso podíamos cancelar el certificado de matrimonio en cualquier momento.
“Sí, pero en estos momentos, nuestro bebé no tiene ningún gasto”, dije, volteando la cabeza y mirando por la ventana.
No quería que Herbert notara la tristeza en mis ojos.
“En cuanto a mí respecta, tengo pies y manos y puedo trabajar.
No necesito tu dinero.
Puedes quedarte con la tarjeta”.
“Pues bien”, Herbert dijo después de un rato.
Su tono de voz se había vuelto muy frío.
“Si ese es el caso, avísame cuando necesites dinero.
No incumpliré el contrato”.
Indicó.
Luego se guardó la tarjeta en el bolsillo y se fue.
Al verlo alejarse, miré al techo y respiré hondo varias veces, para no llorar.
Después de años de dificultades y desgracias, ya estaba acostumbrada a lidiar con cosas como estas.
Siempre me enfrentaba a los problemas con la misma actitud y odiaba derramar lágrimas por cosas que estaban fuera de mi alcance.
No podía mostar mi debilidad, no podía dejar que la realidad me traiga abajo.
Había querido llorar muchas veces en el pasado, sin embargo, siempre me había controlado y no había derramado ni una sola lágrima.
Aun así, ¿por qué ahora todo me hacía llorar?
Estaba segura que esto se debía al embarazo.
Las mujeres se volvían muy emocionales cuando estaban embarazadas, y eso era lo que me estaba pasando a mí.
Al fin y al cabo, ¿cómo podía llorar por alguien que no me amaba?
Pese a que el contrato estaba muy bien redactado, no podía dejar que Herbert me menospreciara y tenía que trabajar duro y solo aceptar su dinero cuando el bebé lo necesitara.
Después de un rato, mis colegas regresaron de almorzar.
Joey me trajo un recipiente con sopa de dieta.
Lo abrí y solo pude tomar dos sorbos antes de que empezaran las náuseas.
Lo volví a cerrar y lo dejé a un lado.
De repente, el gerente entró con dos revistas en la mano.
“Esta revista ha publicado una entrevista exclusiva con el Sr.
Wharton”, anunció.
“Estas son las copias que nos ha enviado el departamento de recursos humanos.
Si les interesa, les dejo las revistas para que las lean”.
Dicho esto, las dejó en mi escritorio y se fue.
No obstante, antes de que pudiera reaccionar, varias de mis compañeras corrieron hasta mi escritorio y cogieron las revistas.
Al ver las miradas de concentración de mis colegas, leyendo la entrevista de Herbert, me pareció que todo esto era un poco gracioso.
En realidad, yo sabía que Herbert no era del tipo que le gustaban las entrevistas y, aun así, él había dado una a una revista de espectáculos.
Él sí que era muy extraño.
Y también era tan ingenuo que estaba teniendo un amorío con Emma.
De pronto, una colega emitió un sonido de sorpresa y volví a la realidad.”¿De qué está hablando?” Preguntó mientras tenía la revista en la mano.
“¿Qué pasó?
¿Qué pasó?” Unas colegas preguntaron, acercándose a toda prisa hasta donde las demás estaban, leyendo la revista.
De repente, la colega que había emitido el grito de sorpresa tiró la revista que tenía en la mano sobre mi escritorio.
“¿El Sr.
Wharton estaba casado?” Preguntó, confundida.
“¿Qué?
¿Está casado?” Las otras colegas exclamaron, buscando la parte de la entrevista donde decía esto.
“No es posible.
¿En qué parte leíste eso?”
“Oh, Dios mío, es cierto”, otra colega dijo.
“En esta parte admite que tiene una esposa, pero, ¿desde cuándo tiene un anillo de bodas en el dedo anular?
No lo había visto nunca”.
Al escuchar esto, me quedé atónita.
¿Herbert había declarado que estaba casado?
¿Qué significaba esto?
¿No había dicho que quería mantener nuestro matrimonio en secreto?
Aunque, pensándolo bien, él debía de haber admitido que estaba casado por cuestiones de trabajo.
No tenía nada que ver conmigo.
“Les dije que él podía estar casado, pero ustedes, niñas tontas, no me creyeron”.
Joey dijo en voz alta.
“Entonces, ¿sabes quién es la esposa del Sr.
Wharton?” Una de las colegas preguntó.
Al parecer, no estaba dispuesta a rendirse.
Joey se encogió de hombros.
“¿Cómo voy a saberlo?
No somos parientes”.
Respondió.
“No puedo creer que tenga que decirles esto.
¿En serio creen que alguien como él se va a casar con una trabajadora como nosotras?” Una colega preguntó.
“es obvio que su esposa es alguien de una familia muy adinerada y poderosa, o acaso ustedes han visto a una mujer común y corriente casarse con un hombre de una familia rica?”
“También puede ser que el Sr.
Wharton se haya casado con Cenicienta”, Joey dijo entre risas.
“En todo caso, solo lo sabremos cuando él la presente ante todos”.
“Es imposible que su esposa sea alguien como Ceinicienta”.
Una colega dijo, negando con la cabeza.
Joey se acercó a mí y me susuró al oído: “No les hagas caso.
Ellas no saben lo que dicen”.
“De hecho, lo que dijeron tiene sentido”.
Repondí y antes de que pudiera seguir hablando, se escuchó un sonido fuerte en la puerta.
Una colega entró corriendo a toda prisa y anunció con una sonrisa: “¡Acabo de ver una gran noticia!”
“¿Otra noticia?” Preguntó otra colega.
“¿No tuvimos suficientes noticias hoy?
¿Ahora de quién se trata?”
“¿Si no fuera algo relacionado con el Sr.
Wharton, podría considerarse noticia?” La colega que había entrado dijo con una sonrisa misteriosa.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com