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Novia del Señor Millonario - Capítulo 45

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  4. Capítulo 45 - 45 Chapter 45 Capítulo 45 ¿Por qué tengo que hacerte caso
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45: Chapter 45 Capítulo 45: ¿Por qué tengo que hacerte caso?

45: Chapter 45 Capítulo 45: ¿Por qué tengo que hacerte caso?

—Bueno, si quieres fingir, tenemos que hacerlo bien.

Eres una adulta y no puedes estar haciendo que tu madre se preocupe por ti —dijo Herbert de repente.

—Gracias por tu consideración —le respondí con cordialidad aunque por dentro me mofaba de mi candidez.

No pude evitar pensar amargamente que su preocupación y cariño habían sido mera actuación.

Dios, Bella, te conmovió y era todo una mentira.

¿Realmente quieres vivir con él?

¿Cómo pudiste ser tan ilusa para tomarlo en serio?

—No te preocupes, después de todo, estamos casados legalmente así que sí debemos ayudarnos mutuamente —dijo Herbert, pero haciéndalo ver como si fuera más un acuerdo comercial.

—Tienes razón —le respondí con la barbilla alzada para disfrazar mi descontento.

Llegamos al auto y Connor tomó el equipaje de la mano de Herbert.

Entramos por separado y emprendimos el viaje.

Vi pasar las calles y un sentimiento de tristeza me invadió.

Estaba a punto de vivir en la casa de este hombre, estaba embarazada con su hijo, pero no nos amábamos.

Nunca pensé que mi matrimonio sería así.

Herbert vivía en la mejor zona residencial de la ciudad.

Los precios eran increíblemente elevados, tanto que solamente funcionarios del gobierno y multimillonarios podían costearlos.

Entramos a una villa hermosamente decorada con un estilo moderno y minimalista.

La paleta de colores en blanco y negro le daba un aire frío y rígido, parecía más una oficina que un hogar.

Di un vistazo alrededor, y no pude evitar pensar que esta casa era asfixiante.

Herbert puso el equipaje en el piso y luego sacó unas llaves y una tarjeta de crédito.

Lo miré con confusión, ¿me las iba a dar?

—Esta es la llave de la casa y tienes un carro designado para que lo conduzcas en el estacionamiento.

Puedes usarlo cuando lo necesites.

Ahora que todos se han enterado de lo nuestro, no puedes seguir trabajando en la compañía.

Entregaré tu carta de renuncia mañana.

También toma esta tarjeta, el límite es de 100 mil dólares.

Suficiente para cubrir los gastos de tu familia, del bebé y tuyos.

Me sorprendió lo preparado que estaba.

Miré las llaves y la tarjeta con un toque de tristeza, su tono de voz parecía la de un jefe dándole órdenes a un empleado, no la de esposos hablando.

—Entiendo, gracias —respondí mientras bajaba la mirada.

—¿Puedes explorar la casa por tu cuenta?

Tengo algo que hacer, así que ya me tengo que ir —dijo Herbert mientras miraba su reloj.

—Claro —asentí y sin esperar nada más, escuché como la puerta de la entrada se abría y cerraba.

Realmente me había dejado sola en esta enorme casa.

Subí el equipaje a la segunda planta y descubrí que habían dos dormitorios.

El principal tenía una cama queen, un baño privado y un closet enorme.

La otra habitación era un poco más pequeña, pero era igual de limpia y ordenado que la primera.

Me puso en un dilema.

Herbert no me había dicho que habitación sería mía.

Al final, decidí asentarme en el segundo.

Después de todo, probablemente terminaría despertándome mucho durante las noches ahora que estaba embarazada, y no quería despertarlo.

De la misma forma, no podría ayudarlo en cubrir otras necesidades, así que no era necesario compartir la misma cama.

Exploré el resto de la villa, y aunque realmente no me convencía la decoración, tenía que admitir que tenía todo lo necesario para vivir una vida de lujo.

El refrigerador estaba lleno de comida de primera categoría.

Se podía ver que Herbert tenía mucho dinero.

Bueno, teniendo en cuenta el límite de la tarjeta de crédito que le había dado, no era sorprendente.

Con ese dinero, no tendría que preocuparse por nada en el futuro.

De la nada, un sentimiento de opresión le golpeó en el pecho.

Sentía que se había convertido en un pájaro encerrado en una jaula de oro.

«Estaré en casa a las siete para la cena», me escribió Herbert a las cinco de la tarde.

Me quedé mirando su mensaje con las cejas enarcadas.

¿Estaba esperando que yo le cocinara?

Me sentí disgustada por la implicación, pero luego recordé que estaba viviendo básicamente gratis en su casa.

Además, también le había dado una lección a Emma.

Podría hacerle algo para cenar.

Me levanté y fui a la cocina a ver lo que podía cocinar.

Como estaba acostumbrada a hacerlo para mí, en menos de una hora había terminado todo.

Miré el reloj y me di cuenta de que eran exactamente las siete en punto.

Al momento siguiente, Herbert entraba por la puerta.

Sinceramente, no había esperado que realmente apareciera, así que dejé escapar una pequeña risita.

—¿Ya regresaste?

La cena está lista.

—Gracias —dijo y se quitó el abrigo, los zapatos y se acercó al comedor.

Se sentó en la mesa y observó todo lo que había servido.

Había hecho un saltado de carne con cebolla, huevos al vapor con almejas, sopa de maíz, y una ensalada.

Probablemente hambriento, Herbert agarró el tenedor y estaba a punto de comer cuando le di una palmada en el dorso de la mano.

—¡Ve a lavarte las manos!

¿Quién hubiera pensado que el normalmente serio Herbert se podía comportar tan infantilmente?

—¿Acaso estoy comiendo con mis manos?

—Tienes que lavarte las manos antes de comer —le respondí con seriedad.

No podía soportar la idea de que tenía encima todas las bacterias de la calle.

—¿Por qué tengo que hacerte caso?

—respondió, fastidiado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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