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Novia del Señor Millonario - Capítulo 47

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  4. Capítulo 47 - 47 Chapter 47 Capítulo 47 Una tarjeta con una gran línea de crédito
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47: Chapter 47 Capítulo 47: Una tarjeta con una gran línea de crédito 47: Chapter 47 Capítulo 47: Una tarjeta con una gran línea de crédito Herbert
¿Por qué Bella no quería dormir en la misma habitación que yo?

¿Necesitaba su propio espacio?

Frustrado, comencé a dar vueltas, y finalmente llamé a Allie.

—Señor Wharton, ¿qué puedo hacer por usted?

—Dile a los demás que hubo un cambio de planes y sí voy a ir a la reunión de mañana.

—Señor, pero todo ya fue reservado…

—Pues, cancélalo, ¿no me estás escuchando?

—grité.

—Por supuesto, señor, así lo haré.

Le estaré reservando un boleto de avión ahora mismo —respondió Allie y me colgó.

Dejé el teléfono sobre la cama y me paré enfrente de la ventana con las manos sobre la cadera.

De repente, me avergoncé por mi comportamiento.

¿Cómo era que algo tan minúsculo me había enojado tanto?

Agaché la cabeza y dejé escapar una sonrisa sardónica.

Me había metido demasiado en este papel, era hora de que recordará quién era.

A la mañana siguiente, bajé al primer piso listo para salir a trabajar, pero Bella me detuvo.

—El desayuno está en la mesa —me dijo.

Volteé a verla y me quedé embobado mirándola.

Tenía puesto un delantal y me estaba sonriendo.

—No voy a comer, tengo prisa —le respondí mientras salía de mi estupor.

Tenía que controlarme, no podía seguir dejando que me afectaran tan fácilmente su presencia.

—No importa, debes comer algo —me detuvo ella con seriedad.

—Yo…

—Si comes rápido, no te tomará ni cinco minutos.

Vamos —me dijo mientras me agarraba de la mano y me jalaba hasta la mesa que estaba repleta de pan tostado, leche tibia y huevos fritos.

Me senté y comí en silencio.

Bella
Me quedé admirando cómo comía Herbert.

Era una visión verlo comer, sinceramente, así que me quedé mirándolo con una sonrisa tonta.

Después de un rato, me incomodó el silencio, así que comencé a hablar.

—El desayuno es muy importante, en especial si vas a estar trabajando desde tan temprano.

Si no comes, podrías enfermarte…

—¿Podrías callarte?

Eres como un molesta mosca que nunca se va —dijo, enojado, Herbert.

—Si yo soy una mosca, tú eres una bolsa de basura —mascullé por lo bajo con los labios fruncidos.

—¿Qué dijiste?

—Nada, solo dije que tendré que cambiar mis hábitos entonces.

No puedo estar molestándote todo el tiempo, ¿no?

—respondí mientras echaba mi cabello hacia atrás con una mano.

—A las nueve tomaré un vuelo a Inglaterra.

—¿Por qué tan repentinamente?

—le pregunté con sorpresa.

—Anoche se decidió.

—¿Por cuánto tiempo te vas?

¿Cuándo regresarás?

—En tres o cuatro días.

Si necesitas algo, llama a Allie, ella te ayudará.

—Entiendo…

—dije y mientras trataba de entender mis sentimientos, Herbert terminó de comer y comenzó a alistarse.

—Herbert —lo llamé mientras agarraba su maletín con fuerza.

—¿Qué pasa?

—me preguntó con el ceño fruncido.

—No me gusta la decoración de la casa, ¿puedo cambiarla?

—Esta es tu casa ahora.

Siempre y cuando no la derrumbes, puedes hacer lo que quieras.

Me puse muy feliz al escuchar su autorización, así que di un saltito de alegría y le entregué su maletín.

Ni bien Herbert desapareció, comencé con la remodelación.

No sabía quién había sido el diseñador que había creado una casa tan poco acogedora, pero no había hecho un buen trabajo.

Deje los pisos y los muebles intactos, pero cambié todo lo demás.

Las cortinas se tornaron verdes y blancas.

Hice que pusieran unos cojines beige en todos los muebles y cambié las alfombras por otras de colores vibrantes.

También cambié las sábanas y cobertores de las habitaciones.

Cuando terminé, finalmente pude respirar a gusto en la casa.

Se sentía mucho más acogedora y llena de vida.

Estaba dándole los últimos detalles a las cortinas cuando sonó mi teléfono.

—¿Aló?

—Bella, cómo has cambiado, amiga.

Te has vuelto la esposa del jefe y ya ni me hablas.

¿Tienes miedo de que te pida dinero?

—me bromeó Joey.

—¿No sabes lo cansado que es ser su esposa?

Solo me dio una tarjeta de crédito, nada de efectivo —le respondí con una carcajada mientras caminaba hacia la terraza.

—¿En serio?

¿De cuándo es la línea de crédito?

—Cien mil —dije y Joey gritó al otro lado.

—¿Por qué gritas?

—le pregunté con una sonrisa.

—No puedo creerlo.

¿Cien mil?

¿Y eso es todos los meses?

Dios.

—Igual no creo que vaya a gastar tanto cada mes.

Usualmente me caracterizaba por mi frugalidad, así que no creía que sería un problema para mi contenerme.

Era cierto que este mes probablemente gastaría más de lo normal porque estaba en plena remodelación, pero no podía comprar cualquier cosa porque Herbert era un hombre con gustos finos.

—¿Cómo así?

¡Puedes comprarte zapatos, ropa, cosméticos, carteras!

¿No sabes cómo gastar ese dinero?

¡Puedes comprar joyería y en el futuro cobrar dinero por ellas!

¡También podrías investigar sobre inversiones!

—Ahora que soy una supervisora, la verdad no tengo tiempo para escucharte decir tonterías, Joey.

Nos vemos.

—No, espera, tengo algo que decirte.

—¿Qué pasa?

—La noticia sobre tu matrimonio con el jefe ya se sabe.

Es bueno que hayas renunciado porque sino, todas las locas de la oficina te hubiera comido viva.

Oh, ¿por eso tanta gente nueva me había agregado en Facebook?

Incluso había recibido llamadas a través del chat.

Obviamente no las había respondido, pero no había pensado que las noticias se supieran tan rápido.

Gracias a que había estado años en ese empresa, sabía con certeza que los más jóvenes me debían envidiar y los más viejos seguro comenzarían a pedirme favores.

Honestamente, me daba asco la situación.

—Herbert tomó una buena decisión al no dejarme trabajar —dije con resignación.

No había querido dejar mi puesto, pero parecía que había sido la mejor opción.

—¡Recuerda gastar su dinero lo más posible cuando le importas porque sino te arrepentirás en el futuro!

—me aseguró Joey y no pude evitar reírme.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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