Novia del Señor Millonario - Capítulo 48
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia del Señor Millonario
- Capítulo 48 - 48 Chapter 48 Capítulo 48 Matrimonio falso
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
48: Chapter 48 Capítulo 48: Matrimonio falso 48: Chapter 48 Capítulo 48: Matrimonio falso No supe nada de Herbert en los siguientes días.
Al tercer día, le envié un mensaje de texto un poco preocupada, pero no recibí ninguna respuesta.
De seguro estaba tan ocupado que no había tenido tiempo de leer nada.
Decidí distraerme con los arreglos de la casa, y me enfoqué tanto en mi tarea que el tiempo se pasó volando.
Sin embargo, cuando la noche caía, y me encontraba sola en mi cama, no podía evitar extrañarlo.
Quién sabe, quizás eran las hormonas.
A la mañana siguiente, alguien tocó el timbre y bajé a abrirles la puerta.
—¿Es usted la señorita Bella?
Estamos aquí para entregarle las alfombras.
—Sí, entren, por favor —les dirigí a uno de los salones y ellos dejaron su cargamento en el piso—.
Déjenme traerles un poco de agua.
—No se preocupe, señora.
No necesitamos nada —me dijeron ambos con pena.
—Con este calor que hace, deben tomar algo.
Espérenme unos segundos —le insistí mientras me iba a la cocina.
Sin embargo, en el camino mi vista se nubló y antes de que pudiera reaccionar, me desmayé.
En medio de mi estupor, pude escuchar a alguien llamándome, pero no sabía quién era.
Todo se tornó negro.
Cuando volví en mí, todavía estaba un poco cansada y los párpados me pesaban un montón, así que no los pude abrir inmediatamente.
Dos personas estaban conversando cerca de mí.
—Doctor, ¿cómo está mi esposa?
—dijo Herbert con ansiedad.
—Señor Wharton, ya terminamos de examinar a su esposa y ahora se encuentra estable.
Probablemente se desmayó por la fatiga.
Debería evitar hacer tanto trabajo ahora que esta embarazada.
—¿Cómo está el bebé?
—El bebé está bien por ahora, pero su esposa necesita quedarse en cama por una semana y tomar los medicamentos que le hemos recetado.
—No les pasará nada malo, ¿no?
—Ay, señor Wharton, ningún doctor es Dios.
Así que no puedo hacerle esas promesas —le respondió entre risas el doctor.
—Discúlpeme, estoy con los nervios de punta.
—Me imagino —dijo el doctor y luego lo escuché salir de la habitación.
Finalmente, abrí los ojos.
Lo primero que atisbé fue a Herbert completamente desaliñado.
Su cabello estaba despeinado, no llevaba corbata y algunos botones de su camisa estaban abiertos.
Algo dentro de mí se derritió al verlo tan preocupado.
—Señora —dijo Allie al darse cuenta de que había despertado.
Herbert se acercó rápidamente con una sonrisa, pero le duró poco.
—¿Cómo se te ocurre actuar así?
Sabes que estás embarazada y te mandas a remodelar la casa completa.
¿Por qué no te cuidas?
Si no fuera por esos dos trabajadores, ¿qué te habría pasado?
Ellos llamaron al hospital y luego se pusieron en contacto conmigo usando tu teléfono.
—Lo siento…
—respondí con voz queda.
La verdad Herbert tenía razón, pero nunca había pensado que solo tres días de trabajo tendrían este efecto en mi cuerpo.
¿Tan mal estaba?
—Tengo una reunión en la tarde.
Te dejaré con Allie, ¿sí?
Cuídate —dijo Herbert mientras se alistaba para irse, mirando su reloj.
—¿Le dijiste algo a mi mamá?
—le pregunté, agarrándolo del brazo.
Mi madre era alguien sumamente nerviosa, así que una noticia como esta podría dejarla en mal estado.
—Como no fue nada grave, no creía que fuera necesario molestar a tu madre, así que no le dije nada.
—Oh, qué alivio.
Si mi mamá se hubiera enterado, seguramente me regañaría.
—Realmente debía haberlo hecho.
—Por favor, no se lo digas —le pedí suplicante.
Realmente no quería que nadie se enterara de mi accidente.
En eso, me di cuenta de que Herbert se me había quedado viendo con una expresión extraña.
—¿Puedes soltarme?
—me preguntó con seriedad.
Ofuscada, lo solté y puse mis manos sobre mi regazo.
Bajé la cabeza y me mordí el labio.
Qué vergüenza.
—Ya me voy —escuché que nos dijo y se fue.
Levanté la mirada con timidez y le sonreí a Allie.
—Gracias por quedarte conmigo.
—No es ningún problema, además es mi trabajo —me dijo con soltura—.
Sabe, se ve que se llevan bien.
¿Qué nos llevábamos bien?
¡Para nada!
—Nada que ver, solo le gusta molestarme —le respondí entre risas.
Éramos una supuesta pareja, pero no teníamos ningún sentimiento el uno por el otro.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com