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Novia del Señor Millonario - Capítulo 53

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  4. Capítulo 53 - 53 Chapter 53 Capítulo 53 Una broma
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53: Chapter 53 Capítulo 53: Una broma 53: Chapter 53 Capítulo 53: Una broma Mi respiración se aceleró al notar la intensidad de su mirada.

—¿Qué…

qué estás haciendo?

—tartamudeé con las mejillas rojas.

—¿Qué crees que estoy haciendo?

—me preguntó con una mirada que no pude descifrar.

Su mano se poso en mi cintura y me estremecí.

—El doctor dijo que mi condición era muy delicada, así que sería mejor que no…

—¿No qué?

—Que no tengamos relaciones…

—dije y sentí que mis mejillas se ponían rojas por la vergüenza.

Habíamos tenido relaciones muchas veces en el pasado, no sabía porque me estaba poniendo tan nerviosa.

De todas maneras, si él insistía, yo no podría detenerlo.

Herbert se quedó quieto, y luego comenzó a reírse suavemente mientras se quitaba de encima.

Se acercó a la ventana y movió las cortinas para ver el paisaje.

—¿Quién dijo que quería acostarme contigo?

No soy un animal, puedo controlarme.

¿O quizás la que no puede controlarse eres tú?

—me dijo con suficiencia.

—¡Lo hiciste a propósito!

—le grité mientras le lanzaba la almohada.

—Tal vez piensas demasiado en eso —se volvió a burlar.

Ni bien lo escuché me di cuenta de que literalmente estaba repitiendo lo que le había dicho esa vez que había encontrado mi ropa interior en su bañera.

Me levanté y me acerqué.

—¿Quieres vengarte de mí?

—le pregunté mientras lo señalaba con un dedo.

—Solo estoy diciendo la verdad —respondió mientras me daba un suave golpecito en la frente.

Cuando noté su sonrisa, sentí que mi enojo se esfumaba y mi corazón comenzaba a latir frenéticamente.

Volví al costado de la cama y comencé a sacar la ropa que había comprado en el centro comercial.

—Tuve que salir hoy porque no tenía nada decente para conocer a tus padres.

Como tu madre es un poco difícil, quería que tuvieran la mejor impresión de mí —le expliqué.

—¿En serio?

No te preocupes, ahora te ayudo a elegir un atuendo —me dijo Herbert con suavidad.

Después de revisar todo lo que había comprado, eligió un par de pantalones negros, una camisa blanca, una cartera negra y unos tacones del mismo color.

—Esto se te verá muy bien.

—Muy bien, gracias —dije mientras apreciaba el conjunto.

—Me dijeron que tu madre es muy estricta —le comentó con miedo una vez nos acostamos.

—Mañana lo verás —me respondió mientras me tomaba en sus brazos.

—Estoy demasiado nerviosa, ¿cómo es su temperamento?

¿Qué le gusta?

Antes de que pudiera responderme, Herbert sucumbió ante el sueño.

Me quedé mirándolo con pánico y traté de despertarlo, pero no despertó.

Me resigné y me acomodé en sus brazos.

Esa noche no pude dormir bien.

A la mañana siguiente, ya estaba despierta con los primeros rayos del sol.

Me vestí con cuidado y me eché todo el cabello para atrás.

Nunca antes había tenido la oportunidad de vestir de forma tan elegante.

Me senté frente al tocador y comencé a maquillarme lentamente para ocultar mi ansiedad.

Subimos al carro y traté de sentarme lo más recta posible para evitar que se me arrugara la ropa.

Después de tres horas de viaje, llegamos a la villa de los padres de Herbert.

El lugar era aún más lujoso que nuestra casa.

No había nada de ruido debido a que se encontraba lejos de la ciudad, y cerca había un pequeño lago.

Toda la villa tenía un perímetro elevado y al borde de ella, había una caseta de vigilancia, un carro de policía y una persona montando guardia.

Cualquiera podía adivinar que las personas que vivían aquí eran muy importantes.

—Por lo general, siempre eres muy valiente.

¿Por qué estás tan nerviosa hoy día?

—me preguntó Herbert con una suave sonrisa mientras me tomaba la mano.

—¡No estoy nerviosa!

Solo que no conozco el lugar y me sorprendió un poco —respondí con la barbilla en alto.

Frank ya había salido del carro y tocó el timbre de la entrada.

Entre sus brazos llevaba el regalo que Herbert había preparada para la ocasión.

Una sirvienta nos abrió la puerta.

—Señor Herbert, ya llego.

La sirvienta me miró, pero no reconoció mi presencia.

No me preocupé por ello, esta era la primera vez que me veía, seguro no sabía quién era.

—Esta es mi esposa, no te olvides de saludarla adecuadamente —le indicó Herbert con seriedad.

La jovencita inmediatamente se inclinó con respeto.

—¡Buenos días, señora Herbert!

Ah, esto me hacía sentir aún más nerviosa.

Nunca antes me habían tratado con tanta deferencia.

El jardín de la entrada estaba perfectamente cuidado y en el medio del patio había una delicada escultura.

Al lado izquierdo, se podía ver un viñedo.

Justo abajo del mismo, había mesas y sillas hechas de piedra.

Al lado derecho, un gran árbol se erigía fuerte por sobre nuestras cabezas.

Una diversa variedad de flores estaban desperdigadas alrededor de él.

Esta fue la primera vez que vi un patio tan hermoso.

Seguí a Herbert hacia la recepción de la mansión.

Pronto conocería a mis suegros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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