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Novia del Señor Millonario - Capítulo 55

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  4. Capítulo 55 - 55 Chapter 55 Capítulo 55 ¿Cómo puedes ser tan inocente
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55: Chapter 55 Capítulo 55: ¿Cómo puedes ser tan inocente?

55: Chapter 55 Capítulo 55: ¿Cómo puedes ser tan inocente?

Bella
—Señora, usted puede hacerme todas las preguntas que quiera y se las responderé una por una —le dije con seguridad.

Mis palabras parecieron enojarla mucho porque dejó la taza de té sobre la mesa con fuerza.

—¿Cómo te atreves a hablarme así?

Soy tu mayor, deberías hablarme con más respeto.

—¿Eso quiere decir que me está aceptando en la familia?

—le pregunté con calma.

La señora se quedó sin palabras, incrédula.

Herbert, a mi costado, no ayudó con sus risas.

Más tarde, me confesó que ese día se estaba riendo porque nunca había pensado que dejaría a su madre muda.

La señora era una mujer temida por muchos y la había enfrentado sin titubear.

Él estaba dispuesto a ayudarme en lo necesitara, pero no esperaba que le diera una lección a la orgullosa mujer.

—Herbert, ¡mira con lo que te casaste!

¿Cómo se atreve a hablarme así?

¿No te avergüenza tener una esposa tan bruta?

—le gritó con las mejillas rojas del enojo.

—Mamá, no tengo intención de desfilarla como si fuera una estatua.

Ustedes fueron los que me insistieron en traerla —le respondió ya con seriedad.

Me quedé mirando la situación y sentía que estaba en medio de un campo minado.

En cualquier momento, alguien explotaría.

¿Por qué se llevaban tan mal?

—Será mejor que recuerdes lo que me acabas de decir.

¡No la quiero ver en ninguna de nuestras reuniones o fiestas!

—gritó la señora y Herbert se puso lívido.

—Anne, puedes llevar a mi esposa a mi habitación para que descanse, por favor —le dijo a la sirvienta y esta asintió la cabeza.

Nos levantamos y nos fuimos al segundo piso, dejando atrás a los dos.

La habitación era espaciosa y decorada al estilo europeo clásico.

—El baño está a la izquierda —me indicó la sirvienta.

—Gracias, ya te puedes retirar —le agradecí y ella se fue.

Aprecié mi entorno y me metí al baño para lavarme el rostro.

Cuando terminé, salí del cuarto y me quedé parada en las escaleras.

Este lugar me hacía sentir incómoda, quería que Herbert viniera pronto para irnos.

En ese momento, escuché las voces de los dos abajo en la sala.

—Herbert, ¿no acabas de salir de otra relación?

¿Cómo pudiste casarte con esa mujer?

—Mamá, sé lo que hago con mi vida.

Por favor, no te metas.

—Te estás tratando de vengar, ¿no?

—le acusó la señora con rabia.

—¿Por qué usaría a mi esposa para vengarme de ti?

—le espetó con frialdad el otro.

Fruncí el ceño ante la hostilidad con la que se trataban.

¿Qué había pasado para que se odiaran tanto?

Podía sentir la tensión desde donde estaba, alguno de ellos explotaría pronto.

¿De qué novia estaba hablando la señora?

¿Qué sabía ella sobre esa mujer?

Había terminado mucho más confundida de lo que estaba al principio, y la curiosidad me mataba.

Así que me acerqué un poco más para poder escucharlos mejor.

Sabía que estaba mal, pero no podía quedarme con la duda.

—Si no te quieres vengar, ¿por qué te has casado con esa mujer?

No tiene dinero, proviene de una familia común, no tiene talento alguno y ni siquiera es tan bonita.

¿Por qué te gusta?

Me da vergüenza que una mujer tan pobre se una a nuestra distinguida familia.

—Bella está embarazada.

—Claro, por supuesto, esa confabuladora te atrapó con un niño.

¿Cómo puedes ser tan inocente?

¿Qué importa si está embarazada?

Le podemos obligar a abortarlo, o también le podemos pagar para que desaparezca ni bien nazca el niño.

No necesitabas casarte con una regalada como esa.

Mi sangre hirvió de la furia al escuchar sus palabras.

¿Quién se creía que era esta mujer para hablar así de mi persona?

¿Regalada?

¿Confabuladora?

¿Pobre?

Si no fuera porque estaba embarazada y tenía que velar por el bien de mi hijo, me hubiera agarrada de manos con ella.

Reprimí mi enojo y controlé mi respiración.

—Mamá, mi matrimonio no es de tu incumbencia.

No vuelvas a insultar a Bella de esa forma.

Ella no solo es mi esposa, sino es la futura madre de tu nieto.

No importa si la aceptas o no, ¡ella ya es parte de nuestra familia!

Al escucharlo, sentí mariposas en el estómago.

Me hizo muy feliz saber que Herbert me defendía ante su madre.

Quizás no nos amábamos, pero me tranquilizaba saber que me cuidaba.

Era muy diferente a la situación que había tenido con mi otra pareja.

Su familia tampoco me había aceptado por mi situación familiar y él no había podido hacerles frente y me había obligado a esconder nuestra relación.

Herbert, sin embargo, se había enfrentando sin dudar a su madre y me había defendido a capa y espada.

Quizás nos termináramos separando, pero sabía que era un buen hombre después de todo.

Creí que había escuchado suficiente, así que volví a la habitación.

No tenía sentido preocuparme por sus peleas.

Me eché en la cama y en media hora la puerta se abrió suavemente.

Debía ser Herbert.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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