Novia del Señor Millonario - Capítulo 62
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62: Chapter 62 Capítulo 62 Mi encuentro con Hank 62: Chapter 62 Capítulo 62 Mi encuentro con Hank Bella
De pronto, mi teléfono sonó y cuando lo saqué de mi bolso para ver quién era, vi que era un mensaje de Herbert.
“¿Adónde fuiste hoy?” Decía.
“Miranda me dijo que no estabas en casa.
He estado muy ocupado, así que no he podido comunicarme contigo estos días.
¿Estás bien?”
Al ver tantas preguntas, las comisuras de mi boca se torcieron.
“Tuve una cita con Joey por la tarde”, respondí.
“Estoy bien, No te preocupes”.
Después de eso, dejé el teléfono a un lado, ya que no quería seguir hablando con él.
Sin embargo, mi teléfono volvió a sonar.
Lo cogí de nuevo y vi que era otro mensaje de Herbert.
“No hagas mucho esfuerzo y cuídate.
Tengo algo que decirte cuando regrese”.
¿Tenía algo que decirme?
¿Qué era lo que tenía que decirme?
¿Acaso quería confesar que todavía amaba a Caroline?
¿O quería que nos divorciemos lo más antes posible y me quería hacer una oferta muy generosa?
Tal vez quería ofrecerme el doble de la cantidad de dinero establecido en nuestro contrato, para que me divorcie de él antes de dar a luz.
Me sentí muy angustiada mientras más pensaba en eso.
Pensé que él no me diría esas cosas, al menos no antes de que diera a luz, pero al parecer, subestimé el amor que sentía por Caroline.
Pese a que ya había decidido renunciar a este matrimonio, ahora que existía la posibilidad de que él me pida el divorcio primero, me sentía muy inquieta.
Cerré los ojos y respiré hondo antes de responder el mensaje.
“Está bien.
Yo también tengo algo que decirte”.
Dije.
En vez de esperar a que él me pida primero el divorcio y me humille ante todos, creí conveniente que lo mejor sería si yo se lo pedía primero, para conservar la poca dignidad que me quedaba.
“¿Qué pasó?” Herbert preguntó en otro mensaje que llegó en segundos.
“Hablemos de eso cuando regreses”.
Respondí.
“Okey”.
Herbert respodió.
Incluso había agregado una carita sonriente.
Era la primera vez que me mandaba un emoticón.
Me quedé mirando la cara sonriente por mucho tiempo antes de volverle a responder.
“Estoy un poco cansada”, dije.
“Me iré a descansar”.
Se lo estaba dejando bien claro; no quería seguir hablando con él.
Más tarde, mi teléfono volvió a sonar, pero no vi quién era.
En cambio, me agaché y cogí la foto que había encontrado en el estudio.
La volví a poner en el libro de poemas y puse el libro en su lugar.
Decidí no volver a entrar al estudio hasta que Herbert llegara.
Al día siguiente, Betty me llamó.
“Hermana, obtuve el premio a la mejor estudiante de este semestre”.
Me djio apenas contesté el teléfono.
Sonaba muy entusiasmada.
“Betty, felicitaciones”, dije.
Me sentía muy orgullosa de mi hermana.
” Eres increíble”.
“Y también obtuve una beca de doscientos dólares”.
Betty dijo a todo pulmón.
“¡Mi hermana es la mejor!” Exclamé.
Estaba muy feliz por ella.
No me imaginaba que le fuera tan bien en el examen.
“Hermana, ya decidí qué carrera quiero seguir”, Betty anunció.
“Quiero cambiarme de especialidad y estudiar contabilidad”.
“Pues sé que no estás satisfecha con tu especialización”, dije después de pensarlo por un momento.
“No puedes seguir una carrera que no te interesa y creo que será una ventaja que, en el futuro, trabajes en el campo de la contabilidad”.
“Por cierto, ¿el profesor que mamá te presentó en esa cita a ciegas no trabaja en la Universidad NF?” Betty preguntó.
“Me parece que él también está en el departamento de contabilidad.
¿Puedes ayudarme a preguntarle si puedo transferirme a la Universidad NF?
Me dijeron que tengo que encontrar a alguien que me ayude a hacer la transferencia.
Ese departamento es muy popular ahora y no hay muchas vacantes.
Tal vez el profesor pueda ayudarme”.
Al recordar a Hank, me sentí muy avergonzada.
“Hace mucho que no me comunico con él”.
Respondí.
Desde esa vez que Herbert me arrebató el teléfono y le dijo a Hank que ahora yo era su esposa y borró su número de mi teléfono, no había vuelto a verlo, y él tampoco me había buscado.
Todavía me sentía culpable por no pedirle disculpas y explicarle lo sucedido, pero en ese momento sentí que, como solo éramos conocidos, sería un poco raro explicarle todo.
No obstante, ahora Betty necesitaba ayuda con su transferencia.
No me parecía apropiado buscarlo solo porque necesitaba ayuda y me sentía un poco avergonzada por eso.
“Hermana, este asunto es muy importante para mí”, Betty dijo.
“De esto dependen mis estudios y mi futuro.
Por favor, ayúdame”.
“Bueno, entonces le pediré a Hank que nos reunamos mañana”.
Dije.
Al final, Betty tenía razón, esto no tenía nada que ver conmigo.
Era por el bien de su futuro.
“¿Cómo que mañana?
Tiene que ser hoy”.
Betty dijo en un tono ansioso.
“Si no me transfiero ahora, perderé la oportunidad.
No hay muchas vacantes”.
“Está bien”, respondí a regañadientes.
“Iré a buscarlo hoy mismo”.
A pesar de que todavía estaba muy deprimida por todo lo que había pasado, tenía que ser fuerte por mi hermana.
Me cambié de ropa y fui directo a la universidad.
Como ya no tenía el número de Hank, tuve que preguntarle a varias personas dónde quedaba el departamento de contabilidad antes de enterarme que él estaba dictando una clase en ese momento.
Fui hasta donde estaba su salón y, a través de la ventana en la puerta, lo vi en frente de sus alumnos.
Decidí esperarlo afuera, en una esquina.
No podía molestarlo ahora.
Una hora más tarde, Hank por fin salió del salón.
Cuando lo vi, me puse de pie y le sonreí.
“¿Viniste a buscarme?” Hank preguntó.
Parecía muy sorprendido.
“Así es”.
Respondí.
“Tengo que pedirte un favor.
¿Tienes tiempo para hablar o estás ocupado?”
Afuera del salón estaba el jardín, que era muy famoso porque había sido diseñado por un arquitecto paisajista muy famoso en el país.
“La clase ya terminó así que tengo tiempo para conversar”.
Hank respondió.
Empezamos a caminar, uno al lado del otro, por el campus.
Aparentemente, Hank era muy conocido en la universidad, ya que, mientras caminábamos, muchos alumnos y alumnas lo saludaron.
La mayoría eran chicas jóvenes.
Como mujer, supe de inmediato porqué todas tenían una buena impresión de Hank.
Sin embargo, yo no tenía nada que ver con él.
Es por eso que la mirada letal de esas chicas no tenía efecto en mí.
“Lamento lo que sucedió la última vez que hablamos”, le dije después de pensarlo por un momento.
“Mi esposo actuó de manera muy imprudente.
Por favor, no lo culpes”.
Hank se encogió de hombros y sonrió.
“No pensé que te fueras a casar tan rápido”, respondió.
“Fue…
fue muy repentino para mí”.
“No solo para ti”, confesé con una sonrisa impotente.
“Yo también creo que mi matrimonio fue repentino”.
“¿Qué quieres decir con eso?
¿Te fugaste para casarte?” Hank preguntó, confundido.
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