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Novia del Señor Millonario - Capítulo 63

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  4. Capítulo 63 - 63 Chapter 63 Capítulo 63 Herbert regresa a casa
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63: Chapter 63 Capítulo 63 Herbert regresa a casa 63: Chapter 63 Capítulo 63 Herbert regresa a casa Bella
Me reí y acaricié mi vientre.

“Para ser exactos, me tuve que casar por mi bebé”.

Dije.

“¿Estás embarazada?” Hank preguntó, sorprendido.

“Felicitaciones, serás una buena madre”.

Miró mi vientre y luego se volteó a ver hacia otro lado.

Sonaba un poco incómodo, así que decidí cambiar el tema.

“Vine a buscarte porque necesito tu ayuda para algo muy importante”.

Confesé.

Antes de decirle lo que Betty me había pedido, opté por contarle que estaba embarazada, por respeto, puesto que no quería aprovechar que él estaba enamorado de mí para que me ayude.

Le conté mi situación actual y que me había casado porque había salido embarazada.

Ahora era imposible que Hank y yo fuéramos más que amigos.

Si decidía ayudarme o no después de lo que le había dicho, eso quedaba en sus manos.

“¿Qué necesitas?” Hank preguntó; era muy generoso.

“Dime qué quieres que haga y haré todo lo que esté a mi alcance para ayudarte”.

“Es mi hermana”, dije.

“Está en el departamento de literatura e historia, pero quiere transferirse al departamento de contabilidad de esta universidad.

Me dijo que no era fácil que se transfiera a ese departamento, ya que no hay muchas vacantes, y me pidió que te pregunte si podías ayudarla”.

Hank asintió con la cabeza.

“Como esta especialidad se ha vuelto popular, es difícil transferirse a este departamento”, respondió.

“¿Por qué no me das el contacto de tu hermana?

Iré a buscar al decano y pedirle ayuda.

Tengo una buena relación con él, así que no creo que haya problemas con la transferencia”.

“Muchas gracias”.

Dije, conmovida.

“Este asunto me tenía preocupada”.

Aunque no éramos nada más que amigos, sentí que Hank era una buena persona.

Estaba muy entusiasmado con la transferencia de Betty, puesto que era probable que él sea su profesor, en el futuro.

Dos días después, en medio de la noche, estaba acostada en mi cama sin poder dormir.

Encendí la lámpara de pared y me senté en la cama.

Abrí el calendario en mi teléfono y me di cuenta que Herbert se había ido a Europa hace una semana.

¿No dijo que volvería en una semana?

¿Por qué no había escuchado nada de él durante los últimos días?

Desde que me había mandado los mensajes de texto, hace un par de días, no habíamos vuelto a tener contacto.

De repente, escuché pasos afuera de la habitación.

Eran pasos pesados y era obvio que no eran de Miranda, que era muy ágil y delgada.

¿Acaso era Herbert?

Sacudí la cabeza, sintiéndome ridícula, ya que él no me había dicho que estaba de regreso.

Era imposible que fuera él.

¿Quién podía ser?

De pronto, me puse tensa.

¿Y si era un ladrón?

Mientras pensaba en esto, escuché que alguien abría la puerta con una llave.

¿El ladrón quería forzar la cerradura?

Cogí el cuchillo que tenía en la habitación para cortar las frutas.

¿Qué se suponía que debía hacer si de verdad era un ladrón?

En ese momento, la puerta se abrió y un hombre con camisa blanca entró.

Vi su rostro y suspiré, aliviada.

Era Herbert.

Extendió la mano para encender la luz y luego se acercó hasta donde yo estaba.

“¿No le tienes miedo a nada?” Preguntó.

Su tono burlón me hizo poner los ojos en blanco.

“Solo le tengo miedo a los ladrones”.

Dije, poniendo el cuchillo en la mesita de noche.

“Un ladrón no usa la llave para entrar”.

Herbert dijo, levantando la llave que tenía en la mano.

“¿Por qué…

por qué regresaste sin avisar?” Pregunté, confundida.

Su cabello estaba desordenado y su camisa estaba un poco arrugada.

Parecía cansado.

Incluso sus ojos estaban inyectados en sangre.

Al verlo en ese estado, me sentí triste.

Sabía que estaba así porque había tenido que viajar para arreglar los problemas que había causado la persona que amaba.

Herbert me pellizcó la barbilla antes de responderme.

“Pensé que te alegrarías de verme”.

Dijo.

“¿No me veo feliz?” Pregunté bajando la mirada, ya que no me atrevía a verlo a los ojos.

Estábamos a punto de divorciarnos, y él estaba a punto de casarse con otra mujer.

¿Cómo podría estar feliz?

“No puedes engañarme”, Herbert insistió.

“Es obvio que no estás feliz”.

Su mano sobre mi rostro me estaba poniendo los pelos de punta, así que la aparté, sintiéndome un poco asqueada.

¿Cómo podía sentirme de otra manera?

Él amaba a otra mujer.

¿Por qué tenía que tocarme?

Incluso se había ido por una semana para ayudar a esa mujer.

“Me tomó diez horas regresar hasta aquí en avión”, Herbert dijo en un tono severo.

“Solo hice eso porque estaba preocupado por ti.

¿Por qué me tratas así?” 
¿Regresó por mí?

Si él me hubiera dicho eso antes de lo que Caroline me había confesado, hubiera estado muy feliz, pero ahora que sabía la verdad, no podía siquiera soportarlo.

Lo que acababa de decir sonaba como una mentira.

“Tomaste un vuelo de diez horas ida y vuelta y estuviste ocupado durante una semana por mí, ¿no?” Pregunté, indignada.

“¿Qué diablos quieres decir con eso?” Herbert preguntó.

Sonaba furioso.

“Herbert, divorciémonos”.

Dije, soportando el dolor que sentía en el pecho.

Herbert se quedó callado durante un largo rato.

“¿Eso era lo que querías decirme?” Preguntó en voz baja.

“Sí”.

Respondí mientras sujetaba con fuerza mi pijama debajo de las sábanas.

De hecho, estaba temblando un poco.

“¿Por qué quieres que nos divorciemos?” Herbert preguntó.

No me atrevía a mirarlo a los ojos, pero su tono de voz era melancólico.

“¿Eso no era lo que tú querías decirme?” Dije.

Me armé de valor y cuando levanté la mirada, nuestros ojos se encontraron.

“¿Cómo puedes saber lo que quería decirte?” Herbert preguntó.

“¿En qué estás pensando?” Alzó la voz, que hizo eco en la habitación.

“No importa quién pida el divorcio primero”, dije.

“El resultado será el mismo.

No hay diferencia”.

Herbert frunció el ceño con fuerza al escuchar esto.

“¡Esta vez has ido demasido lejos!” Gritó.

Después se volteó y se fue, cerrando la puerta de golpe.

Esperé mucho tiempo en la habitación sin poder moverme.

Mi mente estaba hecha un lío.

Cuando por fin salí, descubrí que la casa estaba oscura y tranquila.

Herbert debía haberse ido.

No pude evitar preocuparme.

¿Adónde iría a esta hora?

Dormí pésimo durante la noche.

Me desperté varias veces, pensando que Herbert había regresado solo para darme cuenta que había estado soñando.

A la mañana siguiente, bajé al primer piso.

Casi no había dormido, así que estaba muy cansada.

“Señora, ¿anoche regresó el señor?” Miranda me preguntó apenas me vio.

“Vi su maleta en la puerta, pero no lo encontré en la casa”.

“Sí, él regresó anoche”, respondí, sentándome a la mesa.

“Tal vez tenía cosas pendientes y se fue de nuevo”.

“El señor trabaja demasiado”, Miranda se quejó.

“Debería descansar más”.

Traté de desayunar, aunque era muy difícil pasar la comida.

Pensé que él me concedería el divorcio sin dudarlo, sin embargo, su reacción me sorprendió.

Entonces, ¿él no quería divorciarse de mí?

O tal vez solo se había enojado porque me había dado cuenta de lo que quería.

De repente, mi teléfono empezó a sonar y me apresuré a contestar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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