Novia del Señor Millonario - Capítulo 68
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- Capítulo 68 - 68 Chapter 68 Capítulo 68 Huelga de hambre
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68: Chapter 68 Capítulo 68: Huelga de hambre 68: Chapter 68 Capítulo 68: Huelga de hambre Bella
Miranda llegó por la noche con las maletas y se apresuró a preparar la cena.
Me trajo un plato de fideos, pero no tenía hambre, así que los dejé de lado y me acosté.
No pude pegar ojo en toda la noche.
Cuando los primeros rayos del sol despuntaron en el cielo, me acerqué a las ventanas y observé el gran patio que se extendía frente a mis ojos.
Como hacía más frío que en la ciudad, me había puesto una bata encima de mi camisón.
La vista era hermosa, pero no hizo nada por mejorar mi humor.
La villa estaba finamente decorada al estilo europeo.
Desde los vasos importados hasta las pesadas alfombras que cubrían cada cuarto, todo gritaba opulencia.
A pesar de que era verano, el clima en la cima de la montaña se mantenía fresco.
Por las noches, tenía que ponerme una gruesa cobija para resguardarme del frío.
Herbert definitivamente había encontrado la jaula más hermosa para encerrarme.
Aunque dije eso con sarcasmo, no podía evitar temerle.
En retrospectiva, no debí haberlo hecho enojar tanto, me había dejado incomunicada y aislada de todos mis seres queridos.
Me preocupaba que mi mamá y mi hermana se pusieran ansiosas por mi desaparición, así que traté de llamarlas con el único teléfono habilitado en toda la mansión.
Sin embargo, Herbert se había asegurado de restringir la línea y solo podía llamarlo a él o a Connor.
—Herbert, déjame irme.
¿Aló?
No quiero quedarme en este lugar, ¡manda a alguien para que me recoja!
¡M*ldita sea, Herbert, no tienes derecho a encerrarme aquí!
Habré repetido casi las mismas palabras una infinidad de veces, pero nunca recibí respuesta del otro lado de la línea.
Sentí que le estaba hablando a una pared.
Finalmente, en la veinteava llamada de la noche, cuando ya había perdido las fuerzas de tanto gritar y me había quedado en silencio, Herbert me contestó.
—El aire de la montaña le hará bien a tu salud.
Solo has estado unos días allá y tus pulmones ya se están beneficiando del lugar.
Esta la primera vez que te escucho hablar tanto.
—¡Herbert, te voy a matar!
—le contesté, pero él ya había colgado la llamada.
Ciega de la furia, tiré el teléfono contra la pared.
Dos días después, pensé en un nuevo plan que no le daría más opción a Herbert que hacerme caso: haría una huelga de hambre.
Quizás yo no le importaba, pero no podía decir lo mismo del bebé.
No comí nada ese día.
Cuando la noche cayó, mi estómago estaba rugiendo con fuerza.
No había considerado lo difícil que sería llevar a cabo este plan, pero no podía seguir encerrada en esta jaula.
Mi mamá y hermana deberían estar muy preocupadas.
—Señora, coma, por favor.
El bebé debe tener mucha hambre —me rogó por enésima vez Miranda y yo le volteé la cara fingiendo que no la había escuchado.
Lo había hecho más que nada para no tener que ver el humeante plato de comida que llevaba en sus manos.
Sentí cómo se me aguaba la boca de solo olerlo.
El bebé parecía pensar lo mismo porque comenzó a patear con fuerza en protesta.
—Señora, si el señor se entera que no ha comido en todo el día, me culpará a mí.
¿Cómo se lo voy a explicar?
—me imploró Miranda con lágrimas en los ojos y yo sentí que se me caía el alma al suelo.
¿Herbert todavía no sabía de mi huelga de hambre?
¿Me había estado matando de hambre todo el día por las puras?
El cielo ya estaba oscuro afuera.
¿Sobreviviría toda la noche sin probar bocado?
¿Por qué no había pensado un poco y escondido algo de comida?
Bajé la mirada hacia mi vientre y lo toqué con suavidad.
Perdóname, hijito mío, tu mamá es una tonta.
Debería haber pensando antes de actuar.
Mirando se dio cuenta de que no daría el brazo a torcer, y se retiró de la habitación con una expresión abatida.
A las nueve de la noche, mientras me retorcía del hambre entre las sábanas, las puertas se abrieron de golpe.
Me levanté, asustada, y me encontré cara a cara con el desencajado rostro de Hebert.
—¿Qué tienes en la cabeza?
¿Cómo te atreves a poner en peligro al niño?
—me preguntó mientras se acercaba a la cama.
Yo me le quedé mirando con sorpresa, pensé que aparecería más tarde.
—¡Quiero regresar a la ciudad!
—Eso no va a suceder —me respondió con firmeza.
—Entonces, tendrás que ver cómo tu hijo se muere de hambre —sentencié con tristeza por el bebé.
No quería ponerlo en peligro, pero me había quedado sin opciones.
Discúlpame por usarte en contra de tu padre, hijito mío.
—¡Bella, te estoy hablando en serio, si algo le sucede a mi hijo, tu familia y tú pagaran por ello!
—me amenazó muy enojado.
¿Por qué había pensado que mi amenaza funcionaría?
Su mirada prometía crueldad y comencé a sudar frío.
Usualmente me reiría de cualquier persona que usara una frase tan estúpida para amenazarme, pero no podía subestimar otra vez a Herbert.
Mi familia era muy importante para mí, si solo fuera yo, no me importaría poner en peligro mi vida…
—¡No lo harías!
—dije pero mi voz tembló.
No podía arriesgarme.
—Si no quieres que pase, entonces comer todas tus comidas.
En ese momento, me di cuenta de que en una batalla de testarudez siempre saldría perdiendo.
No era lo suficientemente fuerte y nunca lograría ganarle, así que cambié mi táctica.
—Herbert, si mi familia y amigos no me encuentran y se dan cuenta de que desaparecí de la nada, se preocuparan.
¿Qué pasa si llaman a la policía?
Te meterás en problemas —traté de explicarle en un tono suave.
—No te preocupes por eso —me respondió—.
Ayer hablé con tu madre y le dije que te estarías yendo a descansar al extranjero.
Le dije que necesitas un ambiente tranquilo y sin agitaciones.
Le pedí que no te contactara por el momento y le dejé suficiente dinero para cubrir todos sus gastos.
—De la misma forma, me aseguré de pagar la universidad de tu hermana.
Tu amiga Joey también fue informada de esto.
¿Hay alguna otra persona a la que deba contactar para decirle sobre tu nueva situación?
Si la hay, me lo haces saber para decirle a Allie que lo hago.
Debes quedarte aquí hasta que nazca el bebé.
Me quedé boquiabierta ante su discurso.
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