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Novia del Señor Millonario - Capítulo 69

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  4. Capítulo 69 - 69 Chapter 69 Capítulo 69 Chequeo con la obstetra
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69: Chapter 69 Capítulo 69: Chequeo con la obstetra 69: Chapter 69 Capítulo 69: Chequeo con la obstetra Bella
—De todas maneras, me gustaría hablar con ellos personalmente.

Siento que desconfiarán si solo oyen de mí a través de terceros —le respondí después de considerar sus palabras con cuidado.

—Muy bien, puedes hablar con ellas mañana porque hoy ya es muy tarde, y tienes que tener a Miranda a tu costado.

No intentes nada o te arrepentirás —accedió y revisó su reloj con urgencia.

Asentí con la cabeza porque no me quería imaginar que crueldades podría hacer, sabía mejor que nadie que no podía subestimarlo, y no creía que mi mamá o mi hermana pudieran aguantar sus malos tratos.

Joey no podía perder su trabajo tampoco, así que, de todos modos, no podía intentar nada aunque lo quisiera.

Ellas no eran nadie comparadas con él.

Resignada, me fije de nuevo en los elegantes acabados de la habitación y me dije a mí misma que podría haber tenido una jaula mucho peor.

Además, no mentía cuando dijo que el aire de la montaña era beneficioso para las embarazadas.

No sería tan malo vivir aquí, y ya vería que hacer después del nacimiento del bebé.

Con esto en mente, me enderecé y pedí por comida.

—Miranda, Bella tiene hambre.

¡Tráele algo para comer!

—gritó Herbert en dirección a la puerta.

—¡Ya voy, señor!

—respondió la señora desde el pasillo.

Unos segundos después entró con dos platos en una bandeja y me los dejó en la cama.

Honestamente, todavía seguía enojada por el encierro, pero sabía que no ganaría nada si me resistía.

Tenía que concederle esta partida a Herbert.

Levanté la cucharada y comencé a comer con gusto.

Miranda me había preparado dos de mis platos favoritos, y estaba segura de que todos en la habitación podían escuchar los rugidos de mi estómago.

Después de unos bocados, suspiré con felicidad al sentir cómo el hambre retrocedía y mis fuerzas regresaban.

—Señor, ya es muy tarde y el camino está muy oscuro.

¿Por qué no se queda esta noche?

Le preparo en este momento su ropa para que se cambie —dijo Miranda con preocupación, y yo lo fulminé con la mirada.

—¡Si te vas a quedar, será mejor que busques otro lugar donde dormir!

No había forma de que compartiera cama con mi carcelero.

—Está bien, tengo que regresar porque alguien me espera.

¿Alguien lo espera?

¿Será esa persona Caroline?

Sentí celos, pero no me atreví a decirle nada.

Agaché la cabeza y seguí comiendo.

—Volveré dentro de un mes para asegurarme que has subido de peso.

Si no es así, ¡sacaré a tu hermana de la universidad!

—me amenazó con un gruñido.

Yo me le quedé mirando con resentimiento.

No solo le bastaba con encerrarme en medio de una montaña, sino que, ahora me amenazaba.

Era un ser de lo más deplorable.

¿Cómo podía usar a mi familia en mi contra?

Sin despedirse, se dio la vuelta y salió de la habitación.

Miranda se fue detrás de él.

—Maldito, ¿quién se cree que es?

—mascullé entre bocados mientras golpeaba una almohada con furia.

Así me encontró Miranda cuando regresó después de despedir a Hebert.

—Señora, ¿por qué trata así al señor?

—No me lo menciones nunca más —le advertí.

La mujer simplemente negó con la cabeza y se retiro.

Después de ese encuentro, traté de llevar una vida tranquila en la montaña.

Por las mañanas, paseaba con Miranda y me aseguraba de respirar el fresco aire de nuestro alrededor.

Por las tardes, me acostaba en la terraza a tomar el sol y por las noches, volví al mismo lugar, arropada con una manta, para admirar las estrellas.

Incluso había retomado mis estudios para la certificación de contador público, ya que con el embarazo y Herbert, lo había dejado de lado.

Sin darme cuenta, el tiempo pasó rápidamente y cumplí cinco meses de embarazo.

Tenía la esperanza que en el segundo chequeo con la obstetra podría ver a mi madre y hermana, sin embargo, este sueño se hizo añicos ese mismo día.

Estaba tomando sol en la terraza como de costumbre, cuando las puertas de la entrada se abrieron para dejar pasar a un Bentley negro seguido de una ambulancia.

Fruncí el ceño, el primer auto era Herbert, pero, ¿por qué había traído a una ambulancia?

Los dos carros se estacionaron y del primero bajaron Herbert y Connor, y del segundo salieron dos doctoras y dos enfermeras.

En medio de mi confusión, Miranda apareció a mi lado.

—Señora, el señor ha traído a las doctoras para que la examinen —dijo, mientras veíamos a las cuatro mujeres mover el equipo médico dentro de la casa.

No podía creer las medidas extremas que este hombre estaba tomando para que no saliera de la montaña.

Bajé a recibirlos, y dejé que las doctoras me examinaran.

Herbert no era una persona muy paciente, así que no quería enojarlo.

Esto no significaba que me había rendido.

No había forma de que me convirtiera una mujer sumisa que aceptara todos sus caprichos sin chistar.

Primero muerta.

Sin embargo, tenía que saber elegir mis batallas.

Cuando terminamos, reconocí los pasos de Herbert en el pasillo.

—¿Cómo está todo?

—preguntó al ingresar.

—Todo está bien —respondió una de las doctora.

—¿Su peso?

—Subió dos kilos en comparación con el mes pasado —le informó la otra mientras revisaba sus fichas.

En ese momento, recién me di cuenta que ella había sido la misma doctora que había visto en mi primer chequeo en el hospital.

Dios, realmente podías hacer lo que quisieras si tenías el dinero suficiente, ¿no?

No solo hacer que el personal de salud viniera a tu casa, sino que además, exigir quién y cuándo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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