Novia del Señor Millonario - Capítulo 75
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia del Señor Millonario
- Capítulo 75 - 75 Chapter 75 Capítulo 75 La conspiración de McKenna
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
75: Chapter 75 Capítulo 75: La conspiración de McKenna 75: Chapter 75 Capítulo 75: La conspiración de McKenna Bella
—La señorita Allie dice que estará enviando al helicóptero de la familia.
Deberán estar llegando en veinte minutos —dijo Miranda con alivio y yo también solté un suspiro.
Bendito sea Herbert y su dinero.
Mi pobreza había limitado mi imaginación.
Veinte minutos en punto, un pequeño helicóptero aterrizó en medio del patio y Allie me ayudó a subir.
Miranda subió detrás de nosotras con mis cosas.
El piloto recibió la luz verde y despegó otra vez.
Mientras la villa se hacía cada vez más pequeña y las nubes se acumulaban a mi alrededor, no pude evitar sentir un poco de miedo.
Usualmente no le tenía miedo a las alturas, pero en la condición en la que me encontraba en este momento, tenía los nervios a flor de piel.
—No se preocupe, señora.
Ya nos están esperando en el hospital y la ayudaran ni bien lleguemos —trató de calmarme Allie mientras me tomaba de las manos.
—Gracias —le dije con sentimiento.
No sé que hubiera pasado si no hubiera sido por ella.
—Este es mi trabajo.
El señor me dijo que mandara el helicóptero si sucedía algo como esto.
Se aseguró de que dejarme instrucciones claras para cualquier emergencia.
Me sentí un poco más segura sabiendo que Herbert había tomado tantas precauciones.
—¿Sabes cuándo estará de vuelta?
—le pregunté.
Aunque no me quisiera, de todas maneras debería estar presente en el nacimiento de su hijo.
—Esta reunión es muy importante y el señor Wharton no puede salirse de ella.
Creo que en tres o cuatro día estará de regreso.
Cerré los ojos y me eché sobre el asiento.
Por alguna razón, esa respuesta me había decepcionado mucho.
No podía creer que no vería a su hijo hasta después de cuatro días.
No podía creer que no lo tendría
—Pero, no se preocupe porque ya le envié un mensaje al señor, debe llegarle ni bien se baje del avión y se pondrá en contacto con usted inmediatamente.
—Gracias —le respondí aún con los ojos cerrados.
Sentía que las contracciones se hacían cada más intensas y una película de sudor cubrió mi frente.
El bebé no iba a esperar a nadie.
Media hora después llegamos al hospital y me llevaron corriendo a la sala de partos.
…
Allie y Miranda estaba afuera de la sala de partos.
Habían pasado unas cuentas horas, pero Bella todavía no salía.
En eso, escucharon el sonido de tacones acercándose.
Una mujer de cincuenta y otra un poco más joven de treinta, se acercaban con delicadeza.
—¿Señora Wharton, señorita Ewell?
—les saludó con sorpresa Miranda.
Allie también se agachó, ya había conocido en otro ocasión a la madre de Herbert.
—¿Cómo está Bella?
—preguntó McKenna mientras miraba la puerta de la sala.
—No sabemos los detalles todavía —respondió Allie.
—Tendremos que esperar entonces —le dijo McKenna a Caroline con el ceño fruncido.
Ambas mujeres tomaron asiento.
Unos minutos después, salió una doctora.
—¿Quién es familiar de la paciente Bella?
—Doctora, ¿qué ha pasado?
—La paciente tiene un cuadro peligroso de hipertensión y no sabemos cómo terminara.
Es mejor que se preparen —respondió y volvió a la sala.
Miranda y Allie se miraron con preocupación.
—Allie, vuelve a la empresa y trata de ponerte en contacto con Herbert de inmediato.
¡Dile que tiene que venir lo más pronto posible!
—ordenó McKenna con severidad.
—Sí —respondió la joven y se fue rápidamente.
McKenna y Caroline intercambiaron una mirada después de que se fuera.
La más joven se fue a una esquina y habló con alguien.
Cuando regresó, asintió con la cabeza a McKenna.
—Miranda, ¿recuerdas lo que te pedí antes?
—le preguntó McKenna.
La mujer se quedó callada y las miró con nerviosismo.
—Solo haz lo que te he ordenado, si no lo haces, tendrás problemas, ¿entiendes?
—le presionó de nuevo McKenna.
Después de ello, ambas se pararon y se iba a retirar cuando Miranda las detuvo.
—Señora, puedo hacer todo lo que usted quiera, pero no creo que pueda hacer algo que hiera a otra persona.
—Miranda, ¿se te olvida quién te ha ayudado durante estos veinte años?
Cuando tus padres no tenían dinero para ser atendidos, ¿quién te lo dio?
Cuando tu hijo se endeudó hasta las orejas, ¿quién te ayudó a conseguir que no le dieran una sentencia más larga?
Ahora que necesito que me hagas este favor, ¿te atreves a rebelarte?
No me lo esperaba de ti.
—No, señora, discúlpeme, pero no puedo hacerlo —dijo con pesar.
—No olvides que tu hijo todavía está en prisión y todavía estamos intentando reducir su sentencia.
¡No me hagas enojar!
—le gritó y Miranda bajó la cabeza, avergonzada.
—Haré lo que me pida, señora.
Al escucharla, las dos mujeres sonrieron con malicia y se fueron con tranquilidad.
Miranda se quedó sola en el pasillo esperando por la persona a la que Caroline había llamado.
Diez minutos después, un hombre apareció vestido con un abrigo gris y unos anteojos con montura dorada.
Tenía un rostro gentil y llegó sin aire.
—¿Usted es el señor Hank?
—le preguntó sin tener dudas de que él era a quién había estado esperando.
—¿Fue usted quién me llamó?
—Fue una enfermera, me alegra que pudiera venir tan rápidamente —respondió escuetamente.
—¿Cómo está Bella?
—La doctora dijo que tiene hipertensión, soy la persona que la ha estado cuidado todo este tiempo.
La señorita Bella me ha dicho que no tiene a nadie más aparte de su mamá y su hermana.
No sabía a quién más llamarle, discúlpeme —respondió ella con nerviosismo y tratando de no olvidarse el guion que le había dado McKenna.
—¿Qué pasó con su marido?
—preguntó Hank mientras caminaba de un lado a otro, y se pasaba la mano por el cabello.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com